Recuerdos de Rodrigo Lara Bonilla
“Ahí yace en ese féretro la oratoria de José María Rojas Garrido, la jurisprudencia de Francisco Eustaquio Álvarez, la risotada versicular de Régulo Suárez, la aguerrida especie y ternura de La Gaitana, la intrepidez de Los Potros de Rivera, el heroísmo de Sósimo Suárez y Cándido Leguízamo, la verticalidad y consistencia del roble y las aguas del Magdalena que escaparon de las venas con su muerte”.
Por: Jorge Eliécer Peña Artunduaga
La condecoración José María Rojas Garrido
El 14 de enero d 1984 se conmemoraron en El Agrado los 100 años del fallecimiento del ex presidente de Colombia, el agraduno José María Rojas Garrido.
En mi calidad de primera autoridad estuve al frente de los actos que congregaron a los ministros de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, de gobierno Alfonso Gómez Gómez, de Educación Rodrigo Escobar Navia, la viceministra de Obras Margarita Durán, el gobernador del Huila el siempre recordado y lamentado Antonio José Villegas y su gabinete, el alcalde Neiva Jaime Francisco Afanador y su gabinete, veinticinco alcaldes más del departamento, los comandantes de la IV división del Ejército y la IX Brigada, generales Luis Enrique Rodríguez y Hernando Zuluaga, magistrados del Tribunal Superior, senadores, representantes y diputados electos en 1982, los obispos de Neiva y Garzón Rafael Sarmiento Peralta y Ramón Mantilla, la gobernadora del Caquetá Amparo Ossa, otros destacados invitados y la comunidad quienes se ubicaron en la plaza principal.
Mediante decreto creamos la Condecoración José María Rojas Garrido la cual impuse a Rodrigo Lara Bonilla, única condecoración que recibió en vida el sacrificado huilense. Cuando lo asesinaron derogamos el decreto para que únicamente Rodrigo por los siglos la recibiera y fuera su honroso poseedor.
Veinte años más tarde, mi hijo, actual fiscal fue nombrado secretario de Gobierno del Agrado por el alcalde Ricaurte Méndez Ardila (q. e. p. d.) y al finalizar el cuatrienio Richi le entregó la Condecoración José María Rojas Garrido. Días después, Jota me mostró orgulloso ese reconocimiento. Le dije que esa condecoración la derogué cuatro lustros atrás. El decreto derogado no apareció y el burgomaestre tomó esa determinación. Nada se mueve sin la voluntad del Señor, mi hijo y mi siempre jefe y amigo Rodrigo Lara son las dos únicas personas quienes han recibido tal distinción.
Jorge Peña, primero Galán y luego yo
Los huilenses en Bogotá organizamos un acto para respaldar a Luis Carlos Galán para la presidencia en julio de 1981 en la sede de la avenida Caracas con 34 y ahí estábamos el combo giganteño con Miguel María Perdomo Celis, Nazir Yabor y la exmagistrada Fanny Motta. Entre otros, recordamos al Chiqui Alvarado, Míller Muñoz, el mosco Óscar Vega, el pote Julio Bahamón, Arismendi Mora, Toño Medina, Daniel Quintero y Rodrigo Dussán.
Hice mis contactos para hacer de presentador y entre vivas y aplausos a Galán y a Lara, varias veces animé postulando a Rodrigo como presidente de Colombia. En uno de los descansos de los discursos el senador se me acercó y me dijo “Jorge Peña, primero Galán y luego yo”.
Proclamación presidencial de Luis Carlos Galán por Rodrigo Lara en Rionegro
Rodrigo Rivera, José Blackbur, Patricio Samper, Alberto Villamizar, Iván Marulanda, Andrés Páez Moreno, Alfonso Valdivieso, Gabriel Rosas, César Pardo entre miles y más de 50 huilenses hicimos presencia el 17 y 18 de octubre de 1981 en Rionegro en la sede de la famosa Convención para asistir a la protocolización de la candidatura presidencial de Galán frente a la de Alfonso López.
En el recinto inmortalizado por Rojas Garrido, Rodrigo Lara con su oratoria fogosa y característica proclamó a Galán y muchos de los miles en las afueras, pidieron a gritos que Lara y Galán hablaran nuevamente en el parque principal y Rodrigo una vez más en medio de gritos, vivas, cohetes y aplausos cautivó a los asistentes. Vivimos como si fuera ayer esos momentos.
Rodrigo Lara se perdió
El almuerzo del 14 de enero se ofreció en la Hacienda Buenavista de mi compadre José Ricardo Cabrera y en hojas de plátano disfrutamos del sancocho de gallina y del poco licor que habían dejado los alcaldes.
Todo estaba listo o y los invitados prestos a abordar el bus para regresar al Agrado cuando se dieron cuenta que faltaba el ministro Justicia. Lo encontraron repelando en la cocina al lado de Jairo Morera, la primera dama Esther Juliana Mejía, el anfitrión, Antonio José Villegas, Carlos Cortés, Rodrigo Dussán y el jefe ultraconservador Ramiro Alvarado. Con sus tazas de caldo regresaron para nunca más volver.
Lo del poco licor es otra anécdota y en ella caen algunos sobrevivientes. Ese domingo mandamos por los alcaldes quienes se habían alojado en Buenavista y estaban demorados. La noche anterior contrataron un pichinche y con licor donado por la Licorera del Huila armaron fiesta.
Los más prendidos eran Juan Marino Castillo del Pital, el liberal Luis Carlos Sánchez de Acevedo, Secundino García de Paicol, Aparicio Galindo de Yaguará, Daniel Quintero de Villavieja. Hernando Torrres de Colombia pertenecía a AA. Se vinieron a media noche Mariano Ospina de Garzón su religión le prohibía el trago, el abstemio Édgar Avila de Gigante, el simpático escudero de Rodrigo Villalba Chucho Vargas de La Plata y José Fernando Mejía, de Aipe.
