jueves, 02 de abril de 2026
Educación/ Creado el: 2019-11-26 09:12

Profesores del Caribe transforman la educación con tecnología 

Juliana Flores y Edwin Cano fueron reconocidos por Computadores para Educar por emprender iniciativas que transformaron la educación de sus alumnos en Montería y Barranquilla. 

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 26 de 2019

Refugiado en una silla plástica, a pocos pasos de la Institución Educativa Simón Bolívar, de Malambo, Atlántico, Edwin Cano sintió, por primera vez en su vida, temor de enfrentar su oficio como profesor. Era el 1 de agosto de 2013 y afuera del colegio reinaba el caos: estudiantes se enfrentaban a piedras con alumnos de una institución vecina, el Antonia Santos, separada por escasos quince metros. 

Grades rocas volaban sin cesar de lado a lado, en medio de gritos enfurecidos de los muchachos. Una de ellas impactó al maestro en el rostro, cerca al ojo izquierdo. Y aquella silla, recuerda ahora, fue el único refugio que encontró mientras Policía y Defensa Civil dispersaban la asonada. 

“Esa fue la bienvenida que me dieron”, se le escucha decir ahora, llevado más por la risa que por el susto de ese entonces. Este barranquillero sabía bien que los chicos de ambos colegios probaron desde niños la rudeza de la calle, las drogas, los hogares hostiles. Así que se limpió como pudo la herida y caminó hasta el salón de 11A para comenzar sus clases de química. 

Pronto vino a saber que su ‘error’ había sido cruzar, sin permiso, una suerte de frontera invisible que pandillas de ambos colegios impusieron como declaratoria de guerra. Se lo contaron los alumnos que, ofendidos, le repetían una y otra vez que “no se iban a dejar” de los estudiantes del colegio contiguo, en una disputa que antes había generado otros enfrentamientos. 

Edwin los escuchó a todos con paciencia. Y al final les soltó una historia que terminó por acallar los ánimos: la de José Gabriel, un joven de Malambo, a quien conoció en el populoso sector del 7 de Abril. “Un muchacho con sueños que, por no hacer caso y andar en peleas de pandillas, murió víctima de una puñalada. Solo 15 años tenía”. Todos lo escucharon en medio de un silencio que solo consiguió interrumpir el timbre del recreo. 

“Al salir del salón, Carlos, uno de los pelaos de clase, se me acerca y me pregunta si en la próxima sesión podía contarles más historias. Le expliqué que me habían contratado para enseñarles química. Pero al final convenimos dedicar una parte de las clases a la teoría y otra para conversar sobre las cosas que a ellos les pasaba y que otros profesores no escuchaban”, recuerda Edwin. 

Aquello no fue solo el inicio de una carrera en este centro educativo, sino de una amistad con decenas de alumnos que encontraron en este profe un consejero y un guía. Es que las cosas no andaban nada bien en esa época: por las clases de Edwin pasaban chicos, del estrato 0 al 2, convertidos en pandilleros; jovencitas con embarazos precoces, muchachos confundidos y sin un proyecto de vida dedicados a vender el ‘patraseado’: una droga elaborada con cemento o ladrillo molido que, combinado con acetona u otras sustancias, pone agresivos a quienes la consumen. 

Poco a poco, después de enseñarles sobre átomos de carbono, iones y radicales o electrófilos, Edwin les narraba muchas de las historias que había conocido caminando a diario barrios peligrosos para la Fundación Plan, donde aprendió cómo poner la educación al servicio de la resolución de conflictos. 

“Me gané su confianza. Y lo que sucedió con el tiempo es que pelaos como Carlos, que ejercían liderazgo entre sus compañeros en las peleas, comenzaron a cambiar. Descubrieron que un verdadero líder es aquel que cuida a sus compañeros, no el que los expone a la violencia. Y más adelante, uno lo escuchaba hablándoles a otros sobre la necesidad de cambiar para encontrar oportunidades en la vida”. El chico problema se había transformado en motivador. 

Hoy Carlos, cuenta orgulloso su mentor, trabaja como enfermero profesional. Y es uno de los muchos casos de éxito que este maestro logró gracias a ‘Proyecto Águila’, iniciativa educativa que busca identificar en los estudiantes comportamientos que detonan problemas de convivencia y riesgo social y sistematizarlos para luego ofrecer tratamiento, comprometer a las familias en la búsqueda de soluciones y brindar oportunidades de emprendimiento. 

Una iniciativa que fue reconocida por Computadores para Educar, programa social del Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, que busca que los maestros del país aprendan cómo poner la tecnología al servicio de la educación.  

A través de una serie de pruebas y compromisos, los estudiantes aprenden valores como el respeto. Con el tiempo, se convierten en padrinos de otros jóvenes que llegan con problemas de convivencia. Y además encuentran espacios para emprender actividades productivas o científicas que los acercan a un proyecto de vida en el que antes ni pensaban. 

Algunos de esos chicos, explica Edwin, han desarrollado desde líneas de productos de aseo hasta tableros interactivos para mejorar el aprendizaje de niños de preescolar y primaria. Hoy, varios ofrecen el servicio de monitoreo preventivo en otros colegios y hasta en empresas para mejorar el clima corporativo, gracias al apoyo recibido en materia de investigación por parte de Colciencias.   

“Son ideas de emprendimiento que salen de los propios estudiantes. ‘Águila’ les ha permitido acercarse a la tecnología y sentir que tienen derecho a ella, como el resto de la sociedad. Y un joven con sueños es capaz de transformar su vida”, concluye el profe. 

Adopción de nuevos modelos de enseñanza 

Ahora la profe Juliana Flores, una caleña de familia monteriana, que desde muy joven se sintió llamada a la educación, siente a sus estudiantes de cuarto grado más motivados para estudiar y aprender. Niños que transformaron la apatía en curiosidad. 

La culpa de esta suerte de milagro es de ‘Break out Educativo’. Una estrategia para el aprendizaje que fue reconocida recientemente por Computadores para Educar y que fue diseñada por esta maestra del Colegio San José de Jaraquier, ubicado en zona rural de la capital de Córdoba. 

Normalista superior, contadora, especializada en informática educativa y estudiante de maestría en ciencias de la educación, la profe Juliana se ha dedicado a la enseñanza del inglés y la tecnología, en una institución educativa que no cuenta con computadores ni tabletas y tampoco con conexión a internet. 

En medio de esas carencias, la maestra se las ha ingeniado para convertir un simple televisor en la herramienta más valiosa para llevar a sus alumnos al desarrollo de distintas pruebas que les ayudan a identificar sus habilidades en distintas áreas. Dichas pruebas fueron diseñadas por ella misma para cuarto grado, aprovechando los cursos que tomaba en los ViveLab que se realizan en Montería y de conocer las experiencias de otros docentes que trabajan en las mismas condiciones.

Explica que esa metodología diseñada por ella se puede adaptar para estudiantes de otros niveles. Cada profesor, cuenta ella, puede adaptar ‘Break out Educativo’ a sus propias necesidades y metas pedagógicas. 

Convencida del poder transformados de la educación asegura que “lo fácil es que quedarse en la queja de que no se tienen herramientas para enseñar. Pero, creo que el reto que tenemos los educadores que trabajamos en zonas rurales es convertir las carencias en oportunidades”, asegura. 

Hoy, los 26 alumnos que tiene a cargo en cuarto grado son chicos “que ya no sienten apatía por el colegio. Que aprendieron valores como el trabajo en equipo, pues muchas de las pruebas de ‘Break out Educativo’ se resuelven en grupo. Han aprendido el valor de respetar la opinión del otro. Y eso, en un país donde la gente se agrede con tanta facilidad, es de gran importancia para construir una mejor sociedad”.