sábado, 04 de abril de 2026
Proceso de Paz/ Creado el: 2016-09-16 11:19

Lo que usted debe saber de los acuerdos de paz

1. ¿Está usted de acuerdo con el debate público que plantea el expresidente Álvaro Uribe entre el Gobierno Nacional y el Centro Democrático sobre el plebiscito?

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 16 de 2016

2. Los promotores del NO afirman que el plebiscito no ha tenido pedagogía sino presión publicitaria y coacción entre los electores. ¿Es válida esa apreciación?

3. Según el acuerdo de La Habana, serán amnistiables los delitos conexos con el delito político que describan conductas relacionadas específicamente con el desarrollo de la rebelión y cometidos con ocasión del conflicto armado. ¿Adquiere entonces, el narcotráfico con el cual las FARC se enriquecieron, el carácter de delito político? ¿Cuál es su opinión?

 

Aníbal Charry González

1. Lo que plantea el expresidente Uribe no es un debate público entre el Gobierno nacional y el Centro Democrático sobre el Acuerdo Final de La Habana, sino un debate entre el presidente Santos con algunos voceros del No donde él no esté incluido, “para evitar la distorsión de presentar este tema delicado para la Patria”, lo cual no es más que otra estrategia sesgada de tergiversación con miras a tratar de confundir a la opinión pública para la obstrucción del plebiscito, al cual no puede acceder el presidente Santos a estas alturas de su convocatoria, pues ya la suerte está echada y como dicen en el argot futbolero, el balón se encuentra en la cancha del pueblo, que como ya se ha visto, en las encuestas se manifestará por instinto de conservación con goleada de apoyo al Sí para terminar con la destructora guerra con las FARC, que es el verdadero fondo del asunto a resolver en las urnas, independientemente del contenido farragoso de las 297 páginas del referido Acuerdo.

Pero además, porque no sería un debate limpio y de buena fe sobre el interés supremo de la paz, el cual poco le interesa a Uribe que ha sido insistente en machacar que se trata de la paz de Santos y Timochenko, y no la oportunidad que tiene el pueblo colombiano de pronunciarse sobre la construcción de la paz en Colombia a partir del plebiscito, y porque solo contribuiría a agudizar más la polarización política que ha estimulado la violencia y de lo cual ya está saturado el pueblo colombiano, que no quiere saber más de ismos políticos mezquinos que solo confrontación y tragedia han dejado a nuestro país.

Y adicionalmente, porque Uribe ha descalificado anticipadamente el plebiscito tachándolo de ilegítimo, como ya es su costumbre cuando avizora que las cosas no convienen a sus cicateros intereses políticos, no obstante que, la Corte Constitucional ya sentenció que era legítimo y por supuesto, ajustado a la Carta Política.
Y finalmente, porque sus argumentos para promocionar el No, se fundamentan en tergiversaciones y mentiras como la impunidad para las FARC, la sustitución automática de la Constitución por parte de Santos y Timochenko, que no puede existir cuando el desarrollo de dichos acuerdos pasarán por el Congreso y tendrán control de constitucionalidad en la Corte Constitucional, que es la que dirá la última palabra conforme a nuestro ordenamiento jurídico, y cuyos fallos no dudo deslegitimará Uribe si no conviene a sus particulares intereses políticos.


2. Por supuesto que no es válida dicha apreciación, que conduce de acuerdo a la logística desviada de Uribe, a deslegitimar anticipadamente los resultados del plebiscito que serán aplastantes a favor del Sí, como que ya hablan de un gran fraude electoral y de falta de garantías, al mejor estilo de Laureano Gómez, que machacaba mentiras hasta convertirlas en verdad incitando a la violencia, como las 1.800.000 cédulas falsas de los liberales para hacer fraude en las urnas. No solo han tenido todas las garantías los promotores del No, sino que han tenido de su lado promocionándolo, al mayor enemigo del proceso de paz, que se supone debía velar por esas garantías a los promotores del Sí, el recientemente destituido inquisidor Ordóñez que, a no dudarlo, se sumará con más mentiras y amenazas con el poder telegrafiado de la Procuraduría en manos de la subalterna y marioneta que queda en su reemplazo.


3. Esa es otra falacia del expresidente Uribe y de sus cajas de resonancia. El narcotráfico no puede ni podrá ser considerado autónomamente como delito político, y menos que eso sea producto de los acuerdos de La Habana. Se considera un delito conexo por jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia con la rebelión, la sedición, la asonada, el porte ilegal de armas, las muertes en combate compatibles con el Derecho Internacional Humanitario, y el concierto para delinquir con fines de rebelión por ser una realidad, al punto de que si no hubiese existido el narcotráfico que alimentó y fortaleció la guerra, no estaríamos votando por su terminación. Pero no podrán ser objeto de amnistía e indulto, ni de beneficios equivalentes, los delitos de lesa humanidad, el genocidio, la tortura, las mal llamadas ejecuciones extrajudiciales, que no son más que asesinatos a sangre fría, la tortura y los graves crímenes de guerra.

 


Respuestas de Hugo Tovar

1. Totalmente de acuerdo. Sería la gran oportunidad para conocer, antes de las elecciones, los asuntos de fondo que contiene el Acuerdo Final celebrado entre el presidente Santos y Timochenko. Hasta ahora lo que se ha visto, proveniente del gobierno, es una campaña mediática no de pedagogía, sino de verdadera propaganda al mejor estilo de Goebbels, el famoso Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de la Alemania Nazi. Recuerdo que una de las frases más repetidas del ministro Nazi era: “Miente, miente, miente que algo quedará; cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”. Mentiras monumentales es lo que hemos escuchado a través de los medios de comunicación, los cuales se han dedicado a exaltar bondades aparentes del Acuerdo, en detrimento de la verdad. Por eso es tan importante el debate al que se refiere la pregunta. Le aseguro que al desnudar los acuerdos, la gente se agolparía para votar por el NO. Es el peor engaño que se le está haciendo al país.


2. Ni más ni menos. Es lo que acabo de expresar. Los grandes medios de comunicación no han sido contratados para debatir, sino para divulgar propaganda asfixiante y engañosa. Decir, por ejemplo, que a partir de los acuerdos comienza a desmontarse el negocio del narcotráfico es una gran farsa, puesto que en el Acuerdo Final no sólo se dice que el narcotráfico es conexo con el delito de rebelión, cosa que de por sí resulta repugnante, sino que la erradicación de los cultivos ilícitos será únicamente manual y previo consenso con las comunidades afectadas por ese fenómeno. Otra de las grandes mentiras está relacionada con la justicia transicional, que será fuente de impunidad para la guerrilla e instrumento de venganza contra sus adversarios. El campo colombiano será otra tragedia, muy distinto de lo que dicen los acuerdos, pues proyectan la extinción de las grandes empresas agroindustriales y agrícolas, para someternos a la propiedad comunitaria y a la economía de pancoger, como sucede en Venezuela.

3. ¿Usted consideraría delincuentes políticos al “Chapo” Guzmán, o al “Loco” Barrera, o a los sobrinos de Nicolás Maduro presos en Estados Unidos por introducir cocaína en ese país? Por supuesto que no. El delito de rebelión no puede concurrir, por su naturaleza y según la jurisprudencia nacional, con el de narcotráfico. Sin embargo, el Acuerdo Final incluye el narcotráfico y otros crímenes que tienen el carácter de atroces, como el secuestro, la violación y el reclutamiento de menores, entre otros, como conexos al de rebelión, razón por la que los terroristas reclaman amnistías e indultos. Esto no solo va contra la jurisprudencia, como he dicho, en el caso de los delitos atroces, sino contra el Estatuto de Roma. Por otra parte, miles de personas pagan o han pagado condenas por delitos de narcotráfico menores, en tanto que quienes son considerados como los mayores narcotraficantes de la época en Colombia, solo recibirán beneficios. Por estas razones, el Acuerdo Final entraña tantas injusticias como torpezas políticas.