La paz es inversión, la guerra gasto
Según investigaciones rigurosas las cifras de la guerra realizadas por Indepaz y Acpaz, y a trabajos de Diego Otero, en seis décadas el país ha gastado 411 billones de pesos.
Ricardo Mosquera Mesa
Rector Universidad Autónoma
Exrector Universidad Nacional
El momento histórico para Colombia se selló con la firma del Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno-Farc el 26 de septiembre en Cartagena ante la comunidad internacional (13 Presidentes, 27 Cancilleres, el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon), 2.500 invitados nacionales e internacionales y representantes de las víctimas. Elocuentes palabras del Presidente Santos cuando señaló que “ceso la horrible noche de la violencia y en surco de dolores la paz germina ya”, dando la bienvenida a Rodrigo Londoño (Timochenko), destaco el tránsito a la lucha política sin armas siguiendo las reglas de justicia, verdad y reparación a víctimas, que respondió el jefe guerrillero: “Pido sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra”.
La guerra es un gasto que tiene poco impacto productivo por los costos económicos, por los asociados a los daños a la infraestructura, al medio ambiente y al derecho a la vida valor incalculable. Según investigaciones rigurosas las cifras de la guerra realizadas por Indepaz y Acpaz, y a trabajos de Diego Otero, en seis décadas el país ha gastado 411 billones de pesos. Desde el gobierno Turbay que gastó 5.830 millones de dólares los sucesivos gobiernos incrementaron este monto hasta alcanzar en el período Uribe-II, 30.211 millones y Santos-I (40.879 millones), es decir, se multiplicó ocho veces con un promedio anual de $ 7,6 billones por año, 22 mil millones de pesos diarios.
Ayuda internacional
La anterior cifra alimentaría a tres millones de familias si se tiene en cuenta que el 70% de los hogares pobres del país tienen ingresos menores al salario mínimo. Otras cifras señalan que el total del gasto en el pago de excombatientes más los costos de seguridad y apoyo al nuevo partido político es igual al costo de la guerra en quince días. En relación con la ayuda internacional el país ha recibido de Estados Unidos desde 1964, 8.729 millones de dólares. Si consideramos los daños a la infraestructura, al medio ambiente, la pérdida de vidas humanas y los costos del desplazamiento, no cabe duda que la guerra es un gasto sin ningún retorno para la sociedad. Cuánto podríamos ahorrar para invertir en educación, salud, vivienda, infraestructura, y sacar a Colombia del puesto 61 entre 138 países, según el FEM para que sea competitivo en el mercado internacional y no los parias del mundo. La paz es el mejor negocio como lo sostiene Cepal: “será la gran fuerza y la oportunidad para un cambio estructural progresivo, con igualdad, que hará suyos los contenidos del desarrollo sostenible”, se abrirán las puertas para la inversión nacional y extranjera, el agro florecerá como la gran esperanza y la despensa del mundo y el turismo se verá crecer en más del 20%.
Narcotráfico
La imagen de “narco-democracia”, coca y guerrilla de nuestro país cambiara por la de una región de paz y los titulares en los medios ya hablan de Colombia como el país capaz de reconciliarse y buscar una paz estable y duradera dando lugar a la realización de los sueños de ese conspirador insomne por la paz de Colombia Garcia Márquez “casi desde que nací” y cuyo protagonista de Cien Años de Soledad el Coronel Aureliano Buendía que participó en 32 levantamientos armados y los perdió todos, decía que era más fácil empezar una guerra de mierda que terminarla. Pues se terminó la guerra querido fabulador de Macondo y las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia volarán por los cielos de Colombia.
Soy optimista que este 2 de octubre los Colombianos dirán SÍ por amplia mayoría derrotando el NO de incrédulos y belicistas acostumbrados a una cultura de muerte y revanchismo por la de vida y perdón nueva cultura en una democracia pluralista y participativa.
Perdón y reconciliación
Ante la mirada optimista del mundo, son muchos los que se han centrado en lo que consideran los costos de la paz. Pues bien, en el 2005, Richard Layard planteo una mirada distinta sobre lo que debería ser el verdadero objetivo de política económica: La felicidad. En su libro titulado “La felicidad: lecciones de una nueva ciencia’’ plantea que el gobierno debe crear condiciones para que la gente sea feliz. En esta perspectiva resulta clave sustituir nuestro lado egoísta por el altruismo. ¿Es la felicidad medible? La respuesta es sí. Pero más allá de su medida, lo que debe llamar la atención es el cambio que este acuerdo demanda sobre el presupuesto nacional y sobre todos los factores que generan felicidad como el perdón, la reconciliación y la verdad. Ya no podemos hablar de los gastos de la paz, es importante mirar los recursos destinados a satisfacer lo pactado como la mejor inversión en pro de hacer más felices a los colombianos.
