Por la vida, los guaduales lloran y sí tienen alma
La guadua, una gramínea semejante al bambú de tallo arbóreo, con espinas y cargada de agua puede medir hasta veinte metros de alto y deja ver un ancho de veinte centímetros. Es muy útil en muchos campos, pero resulta vital en la construcción de vivienda rural y otras edificaciones.
Por: Germán Enrique Nuñez
Guadua, una alternativa ideal para salvar selvas y bosques amenazados. La siembra de guadua tendría el aval de una ley para hacer más eficiente su uso y llevarles a los colombianos mayores oportunidades ecológicas y de manufactura.
Al recorrer la geografía colombiana y puntualmente las zonas de trópico bajo o medio, es común llenar la retina con una planta que le pone su decoro al paisaje de montaña o a los bosques ricos en recurso hídrico. Es más que placentero sentir las caídas de agua que nacen tímidas entre montes y frondosidades, las cuales hacen juego con el entorno ecosistémico que lleva vida con susurros acuáticos saludados por pájaros de todos los colores dueños de unos cánticos que alegran la vista, brindando un espectáculo natural, muy sano y llamado a proteger.
La guadua, una gramínea semejante al bambú de tallo arbóreo, con espinas y cargada de agua puede medir hasta veinte metros de alto y deja ver un ancho de veinte centímetros. Es muy útil en muchos campos, pero resulta vital en la construcción de vivienda rural y otras edificaciones. La Bambusa guadua fue un recurso supremamente importante en el desarrollo de la humanidad y de las tribus prehispánicas colombianas que vieron en este insumo una ayuda superlativa desde el soporte de las vivienda hasta la conexión de acueductos.
Los primeros habitantes de las desafiantes estribaciones del territorio a descubrir le dieron múltiple uso al conocido “hierro vegetal” y aún en la región central y occidental de Colombia, la guadua sigue siendo el hierro verde en donde recae la fuerza que demandaba el crecimiento y la sostenibilidad en el entorno humano, más en estos tiempos de dificultad y de retos por el cambio climático y la necesidad misma de usar materiales amigables con el medio ambiente.
Al ser también del grupo de las poáceas suele tener una serie de propiedades que van desde la alimentación, la medicina tradicional y otros usos industriales que incluyen muebles, textiles y cosmética. En Colombia y en buena parte de América Latina esta planta es milenaria y muy usada por las comunidades prehispánicas.
En la historia más próxima, este tipo de vegetación deslumbró al connotado científico Alexander von Humboldt e igual al naturista, médico y botánico, Amadeo Bonnpland, personas muy inquietas por las riquezas naturales del Nuevo Mundo. En 1806, cuando adelantaban sus romerías y exploraciones para la ciencia quedaron prendados con los gigantes guaduales a los que llamaron como especie, Bambusa guadua. En 1822 el también botánico Carl Sigismund Kunth, clasificó la bondadosa planta como Guadua angustifolia.
La guadua es reconocida por los más expertos y doctos en el tema ambiental y botánico como una de las plantas autóctonas o nativas que generan todo un sello y una identidad en las montañas colombianas y generalmente de todo el eje andino.
En el contexto regional la guadua prospera en todos los países de América Latina, salvo Chile y las islas del Caribe. De todas maneras hay que decir que el bambú planta familiar de la guadua se encuentra en cantidades asombrosas en buena parte de Asia, siendo China un país con enormes hectáreas en donde se intenta salvar el panda gigante, el panda rojo y otras especies de fauna..jpg)
La guadua fue de gran ayuda, las culturas precolombinas la llevaron en su ADN pues hay rastros de viviendas hechas con guadua que datan de 9.500 años como fue posible determinarlo en Ecuador.
La guadua y el bambú han representado más que desarrollo, resultaron grandes aliadas en la ingeniería en épocas milenarias ya que fueron usadas en puentes colgantes, en embarcaciones, pero también en utensilios menores por su tamaño como flautas, quenas y marimbas. En la conquista y en la colonia fue también muy versátil e inclusive sirvió como escondite para los aborígenes que huían de los temibles conquistadores.
Para nadie es un secreto que al igual que el bosque nativo, la guadua en Colombia ha soportado procesos deforestadores y de las grandes extensiones, el país pasó a tener apenas unas pocas siembras o plantas conservadas en zonas ribereñas así como en bosques húmedos, principalmente en zonas de ladera. Hoy crece en Quindío, Risaralda, Caldas, Tolima, Valle del Cauca, Cundinamarca y Santander, zonas que la siguen manteniendo porque saben que su presencia resulta esencial para la tierra y las comunidades que han dotado sus hogares con mobiliario y decoración extraída del bosque.
Esta planta madura en promedio a los cuatro o seis años e inicia su proceso de descomposición a los diez años aproximadamente. Fue herramienta e insumo imprescindible en la conquista y con los años mostró su generosidad en la colonia y en procesos sociales determinantes como la colonización antioqueña. Esos paisas que llegaban a las tierras inhóspitas del sur hicieron sus casas con la especial planta, pero el tema no se quedó en construcción ya que entregó material para cacería, mejoras en el cuidado del ganado, en la agricultura y en el suministro de agua potable.
En Cundinamarca las autoridades ambientales y los amigos de la ecología vienen haciendo una tarea juiciosa en aras de recuperar guadua y escenarios propicios para las especies adicionales de flora y fauna. Por citar un ejemplo la Corporación Autónoma Regional Cundinamarca, CAR, trabaja con empeño en la recuperación de ecosistemas en donde la gramínea, toda la vida en las riveras, sigue pidiendo ayuda para proyectar un mejor entorno y una calidad del aire a toda prueba.
Algunos expertos han dicho que se hace urgente impulsar la guadua y sus cultivos porque solo así será viable preservar las selvas y bosques que siguen siendo víctimas de la deforestación y el crimen ecológico. Los que saben del tema, aseguran que solamente dándole valor industrial y ambiental al pasto gigante, podrá frenarse la devastación en la Amazonía y en otras regiones en donde sale madera nativa de manera ilegal.
La solución es totalmente básica porque mientras una guadua crece en siete años, un árbol logra su desarrollo en 70 y 80 años para su explotación maderera. La guadua por la vía de las siembras, va a ser el salvavidas de fauna y flora toda vez que resulta ideal en construcción y en otras soluciones que vienen de dicha fibra.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Director Regional Rionegro de la CAR, Alejandro Fiquitiva Casallas, sostuvo que la guadua es importante porque será el hierro natural de las provincias puesto que esta planta maravillosa presta muchos beneficios que van desde lo económico hasta lo social y ambiental.
El bosque nativo y la guadua piden protección
Colombia es un país atípico, de los suelos selváticos han sido arrancados bosques enteros y la depredación campea. Son muchos los llamados de organizaciones nacionales e internacionales que invitan a proteger selvas, cañadas, ríos, reservas y especies de fauna, hoy demasiadas en vía de extinción.
El país puede tener sembradas unas 56.000 hectáreas con guadua, un 30 por ciento posiblemente ubicadas en tierras cafeteras, básicamente en los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío. Esta explotación resulta crucial en la producción de biomasa con múltiple usanza en la industria.
Hablar de guadua implica detenerse en un recurso natural de alta sostenibilidad ya que entre el 95 y el 96 por ciento de los bosques nacieron y crecieron de manera natural. Esas varas enormes no pidieron cuidados y prosperaron por unos suelos y unas temperaturas adecuadas en diversas regiones.
Últimamente, con el crecimiento de nuevas industrias y por la variabilidad que la matiza, haciéndola más atractiva para procesos industriales o de manufactura, la guadua tiene unos pocos cultivos establecidos o en donde hubo intervención del hombre.
De manera increíble, explicó Fiquitiva Casallas, algunos ven en zonas rurales a la guadua como una especie invasora, desconociendo las bondades de esta planta. Para el caso de Colombia, enfatizó, no hay un derrotero en comercialización y por el momento, reconoce, se están concretando unos temas definitivos para que la guadua tenga importancia, protagonismo y un valor enorme, como si fuera un árbol de cedro que es una madera fina.
“Hoy hay muchas personas y países trabajando para que esta fibra logre posicionarse en un renglón económico nacional, municipal y mundial que les dé una ayuda a las comunidades para que puedan subsanar las necesidades básicas insatisfechas, en especial la construcción de la vivienda o en artesanías”, declaró el Director Regional Rionegro de la CAR.
Sobre las hectáreas pobladas con guadua, el funcionario indicó que las cifras no son exactas sino aproximadas y por ello, comentó, se lleva adelante un Plan de Reordenamiento Forestal que invita a mirar coberturas y la cantidad de guadua existente. Para el caso de la región de Rionegro fácilmente pueden contarse entre dos y tres millones de hectáreas, pero recalcó que ese es un cálculo muy a vuelo de pájaro, motivo por el cual hay que constatar esas cifras o estimativos.
La guadua fue un importante pilar del desarrollo
Aunque sus cuitas están marcadas por sus tiempos de suboficial en la Fuerza Aérea Colombiana, FAC, René Rojas, es un hombre metido de lleno en el tema ambiental y sabe mucho de guadua porque su infancia estuvo rodeada de estos palos enormes que salían del bosque y terminaban dándole forma a una casa, a una herramienta o a cualquier cosa rentable en los menesteres del campo y del hogar._1.jpg)
Es muy probable que una gigante guadua haya salvado a René del castigo por las pilatunas porque su señor padre, con otra guadua en la mano, no logró ver al pequeño que encontraba fiel y seguro escondite en unos anchos y gruesos tallos.
Ese responsable señor, don Carlos Rojas, les enseñó a sus hijos, en la cálida y siempre pujante Pacho, el valor que culturalmente tuvo y tenía la guadua, les dijo que había que defenderla, cuidarla, quererla y preservarla pues estaba muy ligada a los nacimientos de agua y a la vida natural. A juzgar por el comportamiento subsidiario de cada uno de los adultos hijos, la lección quedó aprendida y hoy miran el bosque con encargo, apego y un melancólico y lejano recuerdo.
René Rojas disfrutó desde las alturas, del verde colombiano y en cada prueba o vuelo recordaba los cultivos de naranja, los cafetos, el ganado y los caballos de Pacho. Siempre tuvo un especial apego por el terruño, entre otras cosas, por el compendio natural que le permitió ver montañas y especies furtivas. La vida y los libros lo formaron como un respetable ecologista, estructurado en la mejor escuela, la del campo y sus ambientes.
Para este experto, a la guadua, lastimosamente, no se le reconoce aun el valor cultural e histórico que ha tenido en el desarrollo económico y social de las diferentes regiones de Colombia. Indicó que esta gramínea utilizada desde tiempos remotos, dándole inclusive la bienvenida a la construcción, en vista que las grandes obras de la antigüedad, fuera y dentro del país, estaban hechas con altos componentes de guadua.
Al no ser madera, pero al comportarse como tal, ha tenido muy buen recibo en la construcción en sus diversos frentes. Hubo casas de bareque, otras con techos de palmiche y en fin, una serie de edificaciones que por su diseño y por los tamaños iban acompañadas de la eterna planta.
“La casa de mis abuelos tiene más de cien años, allí los techos son en guadua y el bareque de las paredes también lleva este resistente material. La casa está entera, uno entra y la ve intacta”, dijo.
El ecologista explicó que debido al marco legal que hay en Colombia, la guadua antes que beneficio para el campesino es vista como una molestia porque hay mucha reglamentación en el país y eso ha llevado a que le den a la guadua trato de maderable cuando no lo es puesto que es una gramínea, familiar del pasto que crece y se expande de manera acelerada.
Por esa razón, detalló el entendido, los campesinos atajan y detienen el avance de los rodales de guadua para que no entren a otros cultivos. La opción sería permitir su explotación con lo cual habría doble beneficio porque llevaría bienestar económico a los campesinos y mejoraría todos los corredores biológicos que suelen restaurarse con un espacio de guadua.
Agregó que los estudios demostraron que los suelos en donde hubo guadua genera un nicho ecológico especial en favor de unos factores importantes de fauna y unos tipos de flora que tienen alelopatía con la citada especie.
En opinión de Rojas, la guadua sirve de refugio para muchas especies animales y tiene como valor agregado que ayuda a resguardarse o sencillamente, crear un sitio para vivir. También es propicia como alimento gracias a sus propiedades y por esa razón la guadua resulta como gran aliada en las comunidades campesinas.
Según el ecologista, desde mucho antes de la pandemia se han venido explorando posibilidades para que el gobierno y las agrupaciones rurales vean a la guadua como un factor de desarrollo económico. En la región del Rionegro, señaló, hubo regocijo por el proyecto de ley que se abocó a instancias del Congreso de la República, en donde se le piensa quitar el estatus o condición de madera a la guadua para poderla cultivar y meterla así en la lista de productos de pan-coger.
