jueves, 02 de abril de 2026
Política/ Creado el: 2016-09-11 08:11

El país olvida lo que ha costado la guerra y se asusta con la paz: Cecilia López

“Creo que el posacuerdo es la gran oportunidad para que el país haga, o por lo menos inicie, todas aquellas reformas de fondo que ha postergado por siglos”.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 11 de 2016

Jorge Parga Vanegas
Diario del Huila

Es una  de las economistas  aventajadas del país,  exministra  de agricultura  y dirigente  política  con amplio  conocimiento  de la situación   del campo  colombiano.

La exministra  Cecilia López Montaño considera que el  posconflicto será  la oportunidad  para  que el país haga  lo que en décadas  no  pudo   realizar,  y  vaticinó  que vendrán cambios que permitirán  construir  la verdadera paz.

Frente a la  violencia  de  género, la dirigente  política sostiene que faltan  valores para que Colombia sea una sociedad civilizada y deje de usar la violencia como forma de reacción.

Advierte  que la situación  económica  es  difícil y  que las demandas del posconflicto no llegaron  en el  mejor momento para iniciar esos grandes cambios que Colombia  requiere.

La  dirigente política respondió interrogantes del DIARIO  DEL HUIILA  sobre la actual coyuntura  social,  económica y política del país.

 

En su opinión ¿qué puede  pasar  en  el futuro  de Colombia si se impone  el NO  en el  plebiscito?

“El No como lo han dicho muchos es un regreso al pasado. Es volver la página muchas décadas atrás porque el acuerdo hoy logrado ha sido el resultado de muchos intentos de gobiernos anteriores, más el compromiso total del presidente Santos”.

 

¿Cree usted que con la institucionalidad que  tiene Colombia  se puede  construir  una paz  estable  y  duradera  como  lo proclaman los   acuerdos de La Habana?

“El posconflicto es la oportunidad para hacer en nuestro país lo que postergamos por décadas.  Entre estos está la necesidad de fortalecer nuestra débil institucionalidad cooptada por la mala política nacional y local”.

 

¿Qué efectos políticos y  económicos puede desencadenar   la polarización   del país   por  la disputa Santos-Uribe, a propósito del proceso de paz?

“Cada día está quedando más claro que ésta no es ni la paz de Santos ni la paz de Uribe. Es la ciudadanía la que tiene que tomarse esta bandera del Sí y del No, porque se trata de la decisión más trascendental para nuestras generaciones actuales y para nuestros descendientes”.

 

¿Si no hay convocatoria a una Asamblea Constituyente,  el  desarrollo  y cumplimiento   de los  acuerdos de paz  podrían  truncarse?

“Una vez ratificado el acuerdo de La Habana por los colombianos, se llegará a un momento en el que los cambios necesarios para empezar a construir la paz exijan una Asamblea Constituyente que aborde específicamente las soluciones a problemas puntuales. Pero no era el mecanismo para la refrendación de los acuerdos por parte de la ciudadanía”.  

 

¿Cómo está  concebida la restitución  de tierras en los acuerdos de paz, responde realmente  a una política agraria  con espectro  social y económico que permita a los  desmovilizados   ejecutar proyectos productivos?

“Creo que el punto uno de La Habana es la agenda para los próximos 100 ministros de Agricultura. El tema de tierras es crítico por la contrarreforma agraria que ha vivido el país en este siglo, la cual ha agravado los problemas  que ya teníamos. El Fondo de Tierras previsto en el acuerdo junto con los otros sistemas que se crearían, es el principio de un cambio que requerirá décadas para convertir a la población rural en agentes del desarrollo rural en el país”.

 

Expertos del Gobierno Nacional han  señalado que el posconflicto en los municipios donde se desarrollarán los programas para facilitar la reinserción  de guerrilleros de las FARC, costará en el primer año 23 billones de pesos y hacia el futuro se estima en 150 billones de pesos. ¿Cree  usted  que  en  medio de la crisis fiscal del país se pueda atender este  acuerdo?

“En un foro reciente, un expresidente latinoamericano afirmaba con mucha sorpresa que no entendía los números sobre el posconflicto.    La razón para él era muy clara: la paz no tiene precio. Es un valor en sí mismo.  A eso se le debería agregar que la elite de éste país estuvo dispuesta y de hecho lo hizo, a pagar un impuesto de guerra. ¿Cuál sería la excusa para no pagar un impuesto para la paz? Al país se le olvida lo que ha costado la guerra y por eso se asusta con la paz. La decisión es si la pagamos nosotros o nuestros descendientes. Nosotros con impuestos y ellos en el futuro, si nos endeudamos hoy con deuda interna o externa”.

 

¿En su análisis del  acuerdo final  de La  Habana,  percibe  usted  una real perspectiva de género, es decir,  el papel    de la  mujer en la  concepción  del nuevo campo  colombiano?. 

“En el punto uno de La Habana todas las propuestas incluyen textualmente "la perspectiva de género". Es obvia entonces la presión de las mujeres en las últimas etapas de la negociación. Sin embargo, ¿cuál es su real significado y cómo se puede hacer realidad este compromiso en una sociedad tan patriarcal como la colombiana, especialmente en el campo y en la política? Es un tema fundamental que necesita desarrollo”.

 

En relación con la  violencia de género en Colombia ¿cree  usted que faltan normas para combatir este fenómeno o  no hay autoridad para hacerlas  cumplir?

“Lo que faltan son los valores para que Colombia sea una sociedad civilizada y deje de usar la violencia como forma de reacción. Y con respecto a las mujeres, lo que se requiere es lograr su mayor autonomía económica para que empiecen a concientizarse de su valor como seres humanos y denuncien, en vez de seguir en su rol de subordinadas, al hombre como proveedor”. 

 

¿Qué opina usted  sobre  la polémica que ha desatado  la propuesta del Fiscal General  para  que  se reactiven  las  fumigaciones  contra los cultivos  ilícitos?

“Me parece una reacción apresurada que exige no solo un análisis más profundo sino una mayor comprensión del momento político actual”.

 

Otro  factor que ha alimentado el conflicto armado en Colombia ha sido el narcotráfico. ¿Hasta qué punto serán suficientes los programas de sustitución de cultivos y proyectos alternativos de producción para  erradicar este flagelo?

“Este es uno de los problemas más complejos que tiene que abordar el país en el período de posconflicto. El problema de las drogas es mundial y Colombia no puede pretender resolverlo sola. Pero lo que sí tiene que lograr es atacarlo internamente. Para algunos autores como Gustavo Duncan, los cocaleros sí son un drama que Colombia tiene la obligación de resolver y él ha planteado que solo traerlos a sitios cercanos a los mercados debería ser una opción, que nunca se ha considerado. Es decir, lo contrario del desplazamiento que ha vivido la sociedad colombiana”.

 

¿Qué opinión le merece   el  hecho de que el Plan Nacional de Desarrollo privilegie un modelo extractivista, mientras lo acordado en La Habana apunta a una economía campesina?.

“Creo que el posacuerdo es la gran oportunidad para que el país haga o por lo menos inicie todas aquellas reformas de fondo que ha postergado por siglos. Vendrán las negociaciones políticas necesarias para ajustar las agendas de desarrollo del país en medio de una sociedad mucho más democrática”.

 

De  acuerdo con los indicadores  del Banco de  la República, ¿va bien o mal la economía del país?

“Estamos en momentos difíciles porque la economía se ha desacelerado significativamente al pasar de tasas de crecimiento del 4.2 por ciento, o más al año, durante la última década, a una tasa del 2.5 por ciento, si nos va bien. Razones externas como la baja de los precios de petróleo explican en parte esta situación, pero también fallas en la política económica que se embelesó con el boom petrolero, sin que fuéramos una potencia en este campo. No se estimuló ni la agricultura ni la industria y hoy estamos pagando las consecuencias. No tenemos reemplazo en términos de otras actividades como la rural o la industria que compensarán la caída de los precios de las commodities.  

Por las demandas del posconflicto, no ha sido el mejor momento para iniciar esos grandes cambios que el país requiere. Pero también debe tomarse como la oportunidad de repensar las fuentes de crecimiento económico y su impacto sobre nuestro peor problema después del conflicto: la inmensa desigualdad de nuestra sociedad. Es un momento de análisis profundo sobre el futuro de esta sociedad sin el flagelo de la guerra”.