El país olvida lo que ha costado la guerra y se asusta con la paz: Cecilia López
“Creo que el posacuerdo es la gran oportunidad para que el país haga, o por lo menos inicie, todas aquellas reformas de fondo que ha postergado por siglos”.
Jorge Parga Vanegas
Diario del Huila
Es una de las economistas aventajadas del país, exministra de agricultura y dirigente política con amplio conocimiento de la situación del campo colombiano.
La exministra Cecilia López Montaño considera que el posconflicto será la oportunidad para que el país haga lo que en décadas no pudo realizar, y vaticinó que vendrán cambios que permitirán construir la verdadera paz.
Frente a la violencia de género, la dirigente política sostiene que faltan valores para que Colombia sea una sociedad civilizada y deje de usar la violencia como forma de reacción.
Advierte que la situación económica es difícil y que las demandas del posconflicto no llegaron en el mejor momento para iniciar esos grandes cambios que Colombia requiere.
La dirigente política respondió interrogantes del DIARIO DEL HUIILA sobre la actual coyuntura social, económica y política del país.
En su opinión ¿qué puede pasar en el futuro de Colombia si se impone el NO en el plebiscito?
“El No como lo han dicho muchos es un regreso al pasado. Es volver la página muchas décadas atrás porque el acuerdo hoy logrado ha sido el resultado de muchos intentos de gobiernos anteriores, más el compromiso total del presidente Santos”.
¿Cree usted que con la institucionalidad que tiene Colombia se puede construir una paz estable y duradera como lo proclaman los acuerdos de La Habana?
“El posconflicto es la oportunidad para hacer en nuestro país lo que postergamos por décadas. Entre estos está la necesidad de fortalecer nuestra débil institucionalidad cooptada por la mala política nacional y local”.
¿Qué efectos políticos y económicos puede desencadenar la polarización del país por la disputa Santos-Uribe, a propósito del proceso de paz?
“Cada día está quedando más claro que ésta no es ni la paz de Santos ni la paz de Uribe. Es la ciudadanía la que tiene que tomarse esta bandera del Sí y del No, porque se trata de la decisión más trascendental para nuestras generaciones actuales y para nuestros descendientes”.
¿Si no hay convocatoria a una Asamblea Constituyente, el desarrollo y cumplimiento de los acuerdos de paz podrían truncarse?
“Una vez ratificado el acuerdo de La Habana por los colombianos, se llegará a un momento en el que los cambios necesarios para empezar a construir la paz exijan una Asamblea Constituyente que aborde específicamente las soluciones a problemas puntuales. Pero no era el mecanismo para la refrendación de los acuerdos por parte de la ciudadanía”.
¿Cómo está concebida la restitución de tierras en los acuerdos de paz, responde realmente a una política agraria con espectro social y económico que permita a los desmovilizados ejecutar proyectos productivos?
“Creo que el punto uno de La Habana es la agenda para los próximos 100 ministros de Agricultura. El tema de tierras es crítico por la contrarreforma agraria que ha vivido el país en este siglo, la cual ha agravado los problemas que ya teníamos. El Fondo de Tierras previsto en el acuerdo junto con los otros sistemas que se crearían, es el principio de un cambio que requerirá décadas para convertir a la población rural en agentes del desarrollo rural en el país”.
Expertos del Gobierno Nacional han señalado que el posconflicto en los municipios donde se desarrollarán los programas para facilitar la reinserción de guerrilleros de las FARC, costará en el primer año 23 billones de pesos y hacia el futuro se estima en 150 billones de pesos. ¿Cree usted que en medio de la crisis fiscal del país se pueda atender este acuerdo?
“En un foro reciente, un expresidente latinoamericano afirmaba con mucha sorpresa que no entendía los números sobre el posconflicto. La razón para él era muy clara: la paz no tiene precio. Es un valor en sí mismo. A eso se le debería agregar que la elite de éste país estuvo dispuesta y de hecho lo hizo, a pagar un impuesto de guerra. ¿Cuál sería la excusa para no pagar un impuesto para la paz? Al país se le olvida lo que ha costado la guerra y por eso se asusta con la paz. La decisión es si la pagamos nosotros o nuestros descendientes. Nosotros con impuestos y ellos en el futuro, si nos endeudamos hoy con deuda interna o externa”.
¿En su análisis del acuerdo final de La Habana, percibe usted una real perspectiva de género, es decir, el papel de la mujer en la concepción del nuevo campo colombiano?.
“En el punto uno de La Habana todas las propuestas incluyen textualmente "la perspectiva de género". Es obvia entonces la presión de las mujeres en las últimas etapas de la negociación. Sin embargo, ¿cuál es su real significado y cómo se puede hacer realidad este compromiso en una sociedad tan patriarcal como la colombiana, especialmente en el campo y en la política? Es un tema fundamental que necesita desarrollo”.
En relación con la violencia de género en Colombia ¿cree usted que faltan normas para combatir este fenómeno o no hay autoridad para hacerlas cumplir?
“Lo que faltan son los valores para que Colombia sea una sociedad civilizada y deje de usar la violencia como forma de reacción. Y con respecto a las mujeres, lo que se requiere es lograr su mayor autonomía económica para que empiecen a concientizarse de su valor como seres humanos y denuncien, en vez de seguir en su rol de subordinadas, al hombre como proveedor”.
¿Qué opina usted sobre la polémica que ha desatado la propuesta del Fiscal General para que se reactiven las fumigaciones contra los cultivos ilícitos?
“Me parece una reacción apresurada que exige no solo un análisis más profundo sino una mayor comprensión del momento político actual”.
Otro factor que ha alimentado el conflicto armado en Colombia ha sido el narcotráfico. ¿Hasta qué punto serán suficientes los programas de sustitución de cultivos y proyectos alternativos de producción para erradicar este flagelo?
“Este es uno de los problemas más complejos que tiene que abordar el país en el período de posconflicto. El problema de las drogas es mundial y Colombia no puede pretender resolverlo sola. Pero lo que sí tiene que lograr es atacarlo internamente. Para algunos autores como Gustavo Duncan, los cocaleros sí son un drama que Colombia tiene la obligación de resolver y él ha planteado que solo traerlos a sitios cercanos a los mercados debería ser una opción, que nunca se ha considerado. Es decir, lo contrario del desplazamiento que ha vivido la sociedad colombiana”.
¿Qué opinión le merece el hecho de que el Plan Nacional de Desarrollo privilegie un modelo extractivista, mientras lo acordado en La Habana apunta a una economía campesina?.
“Creo que el posacuerdo es la gran oportunidad para que el país haga o por lo menos inicie todas aquellas reformas de fondo que ha postergado por siglos. Vendrán las negociaciones políticas necesarias para ajustar las agendas de desarrollo del país en medio de una sociedad mucho más democrática”.
De acuerdo con los indicadores del Banco de la República, ¿va bien o mal la economía del país?
“Estamos en momentos difíciles porque la economía se ha desacelerado significativamente al pasar de tasas de crecimiento del 4.2 por ciento, o más al año, durante la última década, a una tasa del 2.5 por ciento, si nos va bien. Razones externas como la baja de los precios de petróleo explican en parte esta situación, pero también fallas en la política económica que se embelesó con el boom petrolero, sin que fuéramos una potencia en este campo. No se estimuló ni la agricultura ni la industria y hoy estamos pagando las consecuencias. No tenemos reemplazo en términos de otras actividades como la rural o la industria que compensarán la caída de los precios de las commodities.
Por las demandas del posconflicto, no ha sido el mejor momento para iniciar esos grandes cambios que el país requiere. Pero también debe tomarse como la oportunidad de repensar las fuentes de crecimiento económico y su impacto sobre nuestro peor problema después del conflicto: la inmensa desigualdad de nuestra sociedad. Es un momento de análisis profundo sobre el futuro de esta sociedad sin el flagelo de la guerra”.
