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Política/ Creado el: 2016-06-10 07:46

“No hay que ofrecer la paz con agresividad”: Obispo de Neiva

“La paz es fruto de una estructura justa”. “No tenemos que estar hablando de la paz con espejo retrovisor, porque en ese sentido, todos tenemos fallas”. “Dejémonos de gente que se lava las manos diciendo que no tiene fallas, que no ha cometido errores”.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 10 de 2016

José Israel Charry Calderón

Diario del Huila

Cuando la clase política se centra en el debate sobre el mecanismo jurídico que debe aplicarse para la refrendación del virtual acuerdo de paz de La Habana, el máximo jerarca de la iglesia católica en la diócesis de Neiva, monseñor Froilán Casas, hizo una llamado para que no se propugne por la paz utilizando un lenguaje de agresividad.

Sin hacer alusiones personales, el líder religioso cuestionó a quienes llaman a la paz utilizando un lenguaje de violencia contra sus opositores. Del mismo modo, aludió a quienes quieren ocultar sus errores y sólo los ven en los contradictores. También llamó a cerrar la página de la larga historia de violencia por la que ha pasado Colombia y abogó por que en un nuevo episodio, se propugne por la convivencia dentro de la pluralidad, pero particularmente la equidad que le dé a todos la posibilidad de vivir en condiciones de dignidad.

¿Qué es el perdón?

“El perdón es la experiencia del hombre que, reconociendo que ha faltado, sabe que ha herido, que ha afectado la relación con el otro. Es la acción más noble del hombre en cuanto descubre su propia fragilidad y solicita de aquel que ha sido ofendido, que le conceda el perdón para reconciliarse y entrar en relación. El perdón es una de las expresiones más nobles del ser humano. En la Biblia está que Dios perdona siempre. No hay ningún pecado imperdonable. Pero para que Dios dé el perdón, que siempre lo da, el pecador tiene que, en primer lugar, reconocer que ha pecado. Cuando el hombre reconoce que ha pecado, se arrepiente, no basta con reconocer que se ha pecado, que se ha cometido un error. Lo segundo es el arrepentirse para decir: ‘la embarré’, no quiero volver a hacer esto. Es decir, es cuando reconoce su miseria y se avergüenza de ella, pero no para postrarse, sino para levantarse y salir adelante”.

¿A quién o a quiénes hay que perdonar?

“A todo el mundo, porque le hace mal a la persona que se queda en él. Obviamente, sentimos rabia, sentimos deseos de venganza, eso es propio de nosotros: me matan mi hijo y yo quisiera buscar al asesino y hacerle peores cosas, eso es como una reacción casi natural del hombre. Luego, llega el momento de tranquilidad, de reposo, y el hombre se dice: ‘¿Yo qué obtengo con matar al asesino de mi hijo?, serán dos asesinatos, ya no es uno. Esa persona, cuando tiene ese deseo de venganza, y el otro reconoce su error, inmediatamente viene un gesto de nobleza, el de decir: ‘Sí, te perdono’. La nobleza es consecuencia de la actitud también noble del malvado que dice: ‘Fallé’. Y entonces, yo puedo considerar que quien reconoce su error es una persona buena en el fondo.

Pero lo más grave sería el que tras de ladrón sea bufón. Comete el error, comete el crimen y, antes, tiene el descaro de afirmar que es recto, perfecto, inocente. Ese tal, nunca saboreará el perdón, porque nunca ha reconocido su error”.

El proceso de diálogo de La Habana apunta al perdón entre las partes, esto es, Gobierno y FARC. ¿Debe respaldarse ese propósito a nivel nacional?

“Pienso que el Gobierno tiene el legítimo derecho a presentar sus propuestas y a buscar la paz. De alguna manera, es un mandato democrático, eso viene desde tiempos ‘A’.

El momento coyuntural con los grupos alzados en armas como las FARC o el ELN, es un momento legítimo, en que el señor Presidente actual, siguiendo los derroteros de otros presidentes que han buscado la paz, porque eso no eso no es un fenómeno nuevo en Colombia, busque la paz, la paz hay que buscarla. Pero a la par que se busca la paz, no hay que ofrecer la paz con agresividad, es decir, el que no está conmigo está contra mí. Ese criterio no es facilitador de la paz. La paz es la propuesta de reconciliación donde, incluso la propuesta no es impositiva, ni agresiva, sino una propuesta en paz, para saborear la paz. Uno debe tener el corazón desarmado. Cuando veo a otro que me critica y de una vez lo censuro y lo estigmatizo, es declarar que yo tengo la verdad; y al declararme que yo tengo la verdad, el otro tiene el error; eso no genera paz.

Pienso que desde el Gobierno o la oposición que se haga al Gobierno, debe haber una actitud de desarme, porque donde los corazones estén prevenidos, haya prejuicios y mantengamos ese rencor y ese odio y recordemos los errores del pasado, no va a haber paz.

Si yo peleo con mi mujer porque cometió un error hace diez años y todos los días le recrimino, yo termino convencido de que nunca voy a estar con mi mujer y ella se aburrirá de la cantaleta. Mi mujer cometió un error grave y yo tengo que decir: ‘Ya, lo cometió, fue grave, usted se arrepintió. Cambio y fuera. El estar recordando el error, es fomentar el odio y fomentar la violencia”.

Monseñor Froilán Casas, una reflexión final sobre la necesidad de abrir camino a la reconciliación, o sea, a la convivencia dentro de la divergencia.

“Es importante que se den pasos en esa dirección. Uno de los problemas graves del país, no de ahora sino ya por décadas, casi que me puedo remontar a la colonia, a todas las épocas, es el gran flagelo de la corrupción.

Nosotros los colombianos pagamos cantidad de impuestos, hacemos cantidad de aportes al Estado, y es nuestro deber; hay hasta 19 impuestos, y el que paga menos paga dos o tres impuestos, no hay un colombiano que no pague un impuesto, ese dinero tiene que traducirse en buenas vías, colegios, hospitales; porque yo no puedo buscar que haya paz con carreteras en pésimo estado, cuando hay desempleo, ¿cómo voy a buscar que la persona esté contenta si no tiene lo mínimo para vivir y responder a sus necesidades básicas? Mientras unos tengan sueldos desorbitantes, frente a otros que no tienen nada, eso no genera paz. La paz es fruto de una estructura justa y el Estado y el Gobierno de cada época que deben propender para que haya equidad, no igualdad, porque la igualdad es injusticia de por sí, una equidad en donde cada quien, respondiendo y trabajando, pueda vivir en condiciones dignas en términos de vivienda, de educación, de salud, de recreación. Todo esto, dentro del marco de un desarrollo sostenible, para que haya una minería extractiva que genere respeto a la naturaleza, que se respeten las cuencas hidrográficas, los bosques, los cerros, las montañas, es decir, todo una estructura y un engranaje que requiere educación. En ese sentido, me uno con el profesor Antanas Mockus, hay que educar, educar desde la casa, desde la familia, para que no seamos depredadores y destructores del hábitat, porque eso es violencia y donde no tengamos agua nos morimos de hambre, si no tenemos aire puro nos vamos intoxicando.

Creo que el proyecto del Gobierno debe ser global, pero no es un proyecto de un cuatrienio, debe ser permanente. Para que Colombia sea un país competitivo a nivel mundial tiene que generar unas estructuras amigables con la naturaleza.

En Colombia tiene que haber educación para la paz, para el pluralismo. Creo que no tenemos que estar hablando de la paz con espejo retrovisor, porque en ese sentido, todos tenemos fallas. Y yo acudo al Libro Santo que dice en un salmo: ‘Señor, si tú tuvieras cuentas de los delitos, ¿quién podrá resistir?’. De manera que, dejémonos de gente perfecta que se lava las manos diciendo que no tenemos fallas, todos, en las religiones, en las culturas, en las etnias, tenemos errores.

Ahora, no hay que recordar y traer a colación los errores del pasado porque no vamos a reconciliarnos. Ya lo pasado, pasado. Más bien, que digamos: ‘Ya sepultemos este capítulo’. Y el mismo capítulo es de construcción, de trabajo, de proactividad. En un país tan rico como Colombia, tenemos la mayor pobreza, y es la mentalidad agresiva, destructiva e injusta de muchos colombianos que quieren acaparar y abarcar todo, con menoscabo de los derechos de los demás”.