miércoles, 01 de abril de 2026
Política/ Creado el: 2015-10-14 08:33

‘En la política la vocación de servicio se ha desvanecido’

Luis Miguel Flórez Saab fue nombrado alcalde de Neiva durante el año 1990 como sucesor de Jairo Morera Lizcano, época en la cual el país vivía una violencia recrudecida.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 14 de 2015

En el año de 1988  Jairo Morera Lizcano fue el primer alcalde por elección popular en Neiva. Desafortunadamente Morera Lizcano enfermó gravemente. Cuando ya lo abandonaban sus fuerzas,  propuso el nombre de Luis Miguel Flórez Saab al gobernador Félix Trujillo para remplazarlo en el cargo, este último lo designó como mandatario municipal en propiedad para finalizar el periodo de gobierno.

 ¿Cómo era la política en aquella época?

Es inevitable evocar los sucesos violentos que marcaron el acontecer político de nuestro país en las décadas de los 80 y 90. Fuimos una generación que nació con el conflicto armado, y que luego fue sacudida por la brutalidad del narcoterrorismo. Vimos a un Estado arrinconado por distintas expresiones criminales; y vimos caer asesinados a líderes como Rodrigo Lara,  Bernardo Jaramillo y Luis Carlos Galán, pero no perdimos ni el valor, ni la capacidad del cambio para buscar un mejor futuro. Nunca perdimos la esperanza. Las juventudes eran muy participativas y quizás mejor organizadas, como lo demostró el movimiento de la séptima papeleta para impulsar la nueva Constitución de Colombia. Tuve la gran oportunidad de vivir y respaldar el avance de esa iniciativa en nuestra ciudad.

También, en las regiones se estrenaba la descentralización y eso se tradujo en nuevas dinámicas democráticas y espacios políticos, que coparon nuevos protagonistas, aunque no  todos con las mejores intenciones. Desde entonces, comenzaban a perfilarse ciertos cacicazgos oportunistas y excluyentes, con un sospechoso apetito de poder, que habían sido ajenos a la historia política del Huila.  

 ¿Cuáles son las diferencias con la política actual?

Salvo algunas excepciones, el idealismo y la genuina vocación de servicio público, se han ido desvaneciendo. Hoy le han cedido el paso, casi en exclusiva, a una mecánica electoral, respaldada por exorbitantes sumas de dinero y ambiciones desmedidas, con todo el efecto corruptor que eso conlleva. El caso de los avales adjudicados al mejor postor, es una de esas manifestaciones ilegítimas, en donde la política se desfigura y pasa a ser una lucrativa empresa personal o familiar.

Actualmente, las encuestas, no pocas de ellas amañadas, parecen dominar la escena, y el afán de lo mediático cuenta más que el debate de las  ideas, programas o la trayectoria de los candidatos. Bajo esas circunstancias, buena parte de los electores se inclinan pragmáticamente por un voto utilitario, a favor del que “va ganando”, eludiendo la responsabilidad ciudadana de elegir a los mejores. 

 A finales de los 80 y comienzo de los 90,  ¿cómo era Neiva?

Neiva era una ciudad más tranquila, pero ya se encontraba en un camino de transición: comenzaba a experimentar un mayor crecimiento y movilidad social, gracias a los efectos económicos de la producción petrolera y las regalías recibidas, la incipiente agroindustria, y las grandes obras de infraestructura como la represa de Betania. Teníamos problemas similares a los que hoy enfrenta la ciudad, pero de otra magnitud.

 ¿Cuáles fueron las principales obras durante su mandato?

El programa de gobierno fue de Jairo Morera Lizcano, un hombre comprometido y con un gran sentido del servicio público que llevó a la ciudad varios peldaños arriba. Yo me sumé a un gran equipo buscando contribuir en el remate exitoso de su gobierno. El proyecto de ciudad que visionaba Morera Lizcano, concretó  avances importantes encaminando  a Neiva hacia la modernidad en el marco de una descentralización eficiente y bien planificada. De hecho, el Plan Integral de Desarrollo que el promovió, se convirtió en un instrumento clave para los procesos de modernización urbana de su administración y las siguientes.

Igualmente, durante la administración Morera Lizcano, se amplió la visión de ciudad pensando en  las exigencias de movilidad que se  veían venir, y se ampliaron y finalizaron vías principales para la ciudad como la carrera séptima y accesos a varias  zonas críticas como la terminal de transportes.

 ¿Qué curiosidades o anécdotas se presentaron durante el desarrollo de su Alcaldía?

Éramos un equipo entusiasta y con una notable mística, lo cual me daba mucha confianza para actuar. Creo que promoví varias “alcaldadas” por el afán de cumplir nuestros compromisos con la ciudad, especialmente los relacionados con el desarrollo urbano. Recuerdo bien la apertura de la calle de la antigua estación del ferrocarril, que conectaría directamente a Calixto Leyva con el Altico, bloqueada durante muchos años por el egoísmo de unos pocos a quienes nadie se había atrevido a tocar. En una noche abrimos la vía con un buldócer, tuvimos que trasladar una imagen religiosa, con todo y procesión para “enmendar” el agravio, y al final del día hicimos valer el interés general sobre el particular.

 ¿Cómo observa la actual coyuntura electoral en la ciudad?

Estamos ante unas elecciones intensamente disputadas, y el deplorable clima de hostilidad y descalificaciones, desatado por algunos candidatos y sus campañas, no está permitiendo que el debate de las ideas y los programas, sea lo prioritario.  

Neiva tiene una gran oportunidad cómo ciudad intermedia para facilitar la producción o transformación localizada de bienes y servicios, el transporte, el comercio, y servir de puente para el traslado de esa producción entre sistemas de ciudades regionales o principales.

 ¿Cómo visibiliza la política a futuro, tanto en Neiva, el Huila y Colombia?

Partamos del principio: la política en su esencia básica es el arte de alcanzar el bien común. En primer lugar, es imprescindible que partidos, movimientos y dirigentes, logren concientizarse sobre la enorme pérdida de credibilidad y confianza que han conseguido por alejarse de estos fundamentos y convertirlos en retórica inútil. De otro lado, sólo una sociedad más y mejor informada, más participativa y vigilante, podrá presionar cambios reales en la forma de hacer política y en la manera como nos gobiernan.   

Estamos a las puertas de lograr una solución negociada a nuestro conflicto armado e iniciaremos un arduo proceso de pacificación con enormes retos, que implicarán no sólo ajustes estructurales y socio-económicos, sino una profunda transformación cultural de la sociedad colombiana que nos permita salir del pantano de la polarización estéril en el que nos encontramos.

Estos escenarios precisan de nuevos liderazgos, progresistas, capaces y bien preparados, para el postconflicto y el enfrentamiento ideológico y político que se avecina. El Huila y Neiva, deberán pasar de un estado parroquial lleno de sueños nostálgicos, a una realidad de progreso a través de ejecutorias impecables que alcancen el bienestar de sus habitantes.

 width=