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Actualidad/ Creado el: 2019-04-05 02:49

No puede haber diciembre sin Pastor López y su despecho bailable

El ‘Indio Pastor’, como es conocido este intérprete de música tropical, habría sufrido problemas a nivel cerebral y estaría bajo un coma inducido.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 05 de 2019

Por: Ricardo Rondón Chamorro

Otro año que pasa y yo tan lejos / otra navidad sin ver mi gente / madre yo te pido  humildemente / que en el año nuevo me recuerdes / que en la mesa pongas un lugar / para el hijo que no ha de llegar / sírveme champaña para brindar / mi copa siempre a rebosar. (Manuel Mantilla Paredes).

Seguramente fue en 1980 cuando el prolífico compositor peruano Manuel Mantilla Paredes escribió esta sentida letra, El ausente, que al año siguiente crepitó como los voladores en el cielo estrellado de diciembre, en la voz de Pastor López, que por ese entonces, cruzaba apenas los 38 años, ya con una carrera musical sólida y definida.

El ausente, en el cancionero de los pueblos latinoamericanos, en estas épocas álgidas y sensibles del calendario, es como Reminiscencias, Fatalidad, Te esperare, Cinco centavitos o Que nadie sea mi sufrir, en la voz del inmortal Julio Jaramillo, sólo que la descorazonada letra del maestro Mantilla Paredes fue concebida en su partitura para bailarla.

¡Bailar el despecho!, vaya contradicción más explosiva y lacrimógena en la arraigada tradición latina de las celebraciones de fin y de comienzo de año, cuando los ánimos no pueden estar más caldeados, cuando el balance económico de la gran masa está generalmente por el suelo, y la ausencia del ser querido, del hijo ausente que partió a otras tierras en busca de oportunidades (verbigracia el dramático éxodo venezolano), o se encuentra cautivo en una cárcel, o fue llamado a filas del ejército, en fin, compromete las fibras más hondas de sus seres queridos.

Ver no más la primera estrofa de la composición que encabeza esta crónica, y el coro, que en el encuentro de amigos y familiares, toma ribetes de un salmo responsorial:

Vamos a brindar por el ausente / que el año que viene esté presente / vamos a desearle buena suerte / y que Dios lo guarde de la muerte.

El éxito rotundo de esta y otras melodías del cartapacio decembrino no tiene otro asidero que el de apuntar como dardo, tal cual los culebrones latinoamericanos, directo al trajinado músculo cardíaco: mostrar en pepa el material del que estamos hechos, las alegrías y sufrimientos, los sacrificios y logros a cuenta gotas, los derrotes y frustraciones, las deudas por saldar, los desenamoramientos, ingredientes que se remojan en copas pletóricas de ajenjo, pócima demoledora que abre el grifo atascado de lágrimas reprimidas a lo largo de 365 días con sus perturbadoras noches de incertidumbre.

Eso lo tenía muy claro, con su olfato y perspicacia, el venezolano Pastor López desde mucho antes de El ausente, cuando el letrista peruano Manuel Mantilla, que apenas frisaba los diecisiete años, lo contactó para compartirle otra de sus creaciones insignes: Traicionera, uno de los primeros cañonazos discográficos del Indio Pastor, que repercutió en Perú, Colombia, México y, por supuesto, Venezuela.

Pastor López y Roldolfo Aicardi fueron los principales receptores de los aires autóctonos de la música peruana como el huayno, la cumbia chichera de los años sesenta y setenta, fusionada con la cumbia de la costa norte de Colombia y los acordes de guitarra eléctrica del surf californiano, que también es arte y parte del género norteño.

¿Pero de dónde bailar el despecho, por lo menos en Colombia, con el que durante tantas generaciones -porque no se ha vuelto a hacer algo similar- se vive, se disfruta y se llora, con ese gusto incorregible que es berrear prendido y despechado, hombro a hombro, no solo las traiciones y los vacíos del corazón, sino de la vida en su crudeza, como ha sido costumbre en los festejos decembrinos?

La respuesta la tiene el académico colombiano Jorge Éric Palacino Zamora, especialista en comunicación y lenguaje:

 “El despecho es como un patrón sanguíneo, un ADN en el sentir y la idiosincrasia del colombiano de a pie. Esta música, que  en los albores de los años 70 se fue consolidando como un sonido propio de la ciudad de Medellín, en atención a la ubicación en esta ciudad de las principales disqueras como Daro, Victoria, Fuentes y Codiscos, tenía como rasgo común un sencillo golpe rítmico que la hacía bailable por excelencia, a diferencia de los movimientos musicales  procedentes de las Antillas y el movimiento  latino de los Estados Unidos (Salsa), que exigía gran versatilidad y calidad a quienes pretendieran bailar un género de mayor celeridad y complejidad en sus compases.

Las melodías, como apuntamos, están calcadas de la cotidianidad del ciudadano del común, con referentes muy puntuales del acervo sociocultural y del arraigado cancionero de Pastor López: una cerveza la trajo a mí…Sólo un cigarro mata mis penas cuando tú tardas en llegar… No estoy llorando, es el humo del cigarrillo el que me hace llorar… Golpe con golpe yo pago… Oye traicionera, cuando yo me muera, donde yo me encuentre rogaré por tu alma… Vamos a brindar por el ausente, que el año que viene esté presente… Lloró mi corazón de pena y de dolor…Unas son de cal, otras son de arena, pero como tú no hay, mujercita buena…Entre una cantidad de citas claves que hacen parte de ese lenguaje sensiblero, pero directo, desprovisto de arabescos retóricos, que igual imprime el estilo del bolero y la balada, y en el capítulo del despecho bailable, al que tú te refieres, ha sido, es y seguirá siendo la banda sonora de la Colombia parrandera, no solo en diciembre sino en cualquier época del año.

Tiene razón el profesor Palacino Zamora: en lo que respecta a Pastor López. Sus éxitos, en apariencia de fichaje decembrino, se oyen y se gozan a lo largo del calendario, si uno se pone a esculcar en su comprometida agenda en Colombia -país con más fiestas y celebraciones de diversa índole-, y en el extranjero, de tiempo atrás, de profusa demanda, admiración y cariño por el intérprete y músico venezolano.

El indio en acetato

Para reforzar en datos y documentos de antaño, de los albores y gran parte de los cincuenta y seis años de trayectoria artística de Pastor López, el ejercicio más efectivo y provechoso es consultar en la colección de los más de 100.000 acetatos de músicas del mundo que acuñan las bodegas de Almacenes de Calzado Cosmos, en el centro de Bogotá, inventario admirable y no menos envidiable de su propietario, don Élkin Giraldo Giraldo.

Allí puede uno pasar tardes enteras consultando álbumes, clasificados por orden alfabético, de distintas épocas del legendario músico venezolano. Como uno de sus comienzos, prensado por el sello Fuentes, con licencia de la casa Dark, de Venezuela, con una foto en primer plano del Indio en la flor de su juventud, primeros flirteos con el público colombiano a mediados de los 70, cuando su voz hizo eco en las parrandas de fin de año con su mosaico #1: Amores por correo, Tú solo tú, La múcura y Mi Cafetal.

O, esa joya que representa el triple álbum, El Indio Pastor, apetecido por coleccionistas del concierto tropical, que es una síntesis de sus grandes éxitos, a la vez con un apartado bibliográfico de los notables compositores que por décadas le han conferido fama y prestigio a su imparable maratón artística.

Las Caleñas, del peruano Walter León, que es una derivación de su original, Las Limeñas, del mismo compositor, interpretada por la orquesta Los Ilusionistas. Pastor, presto a conquistar con su combo la Feria de Cali, y las espectaculares mujeres que en ese entonces desfilaban por las concurridas discotecas de la avenida Sexta o por los rumbeaderos sin portón de Juanchito, sencillamente cambió las limeñas por las caleñas, y el bombazo con sus réplicas se hizo sentir durante los siguientes años, hasta cuando el recordado Jairo Varela sorprendió con su exitazo Cali Pachanguero, que a la fecha es el himno oficial de la feria.

Cabe apuntar que la escuela musical de Pastor López despega como corista y vocalista del supercombo de Nelson Henriquez, su paisano, que a mediados de los 60, en Venezuela, marcaba la pauta a la par de Nelson González, de Nelson y sus Estrellas, bastión de la salsa y el papelón, ritmo emblemático del hermano país, que rápido contagió a Colombia.

Placeado y consolidado como cantante de orquesta, Pastor hizo nicho aparte con su propia agrupación, asociado con Tonald Gutiérrez, su pana de muchos años de quehaceres artísticos, hasta su fallecimiento,  con el respaldo económico de don Roberto Gómez Rueda, gran visionario de la industria y la distribución discográfica, a la cabeza del prestigioso sello Dark, de Venezuela.

Fue en 1975 cuando Pastor López, ya afincado en Colombia, reforzó su estructura orquestal de la mano de Willy Quintero, con un sonido específico del concierto bailable criollo: trompetas, teclados, timbales y bajo, una voz pegajosa y cautivadora como la del Indio, y la fórmula vendedora, como ya registramos, representada en la fusión de las cumbias peruana y colombiana, el paseo y el paseíto.

En Colombia y en su natal Venezuela, oír repicar los acordes y la voz inconfundible del Indio Pastor, es una incitación a extender el cableado de luces navideñas en árboles sintéticos y pesebres perfumados de musgo, a la vez que convocar al vecino de confianza a degustar de una frías en la tienda más cercana y, por qué no, marcar el teléfono de ese amor extraviado o patidifuso en aras de un arreglo, o de una posible reconciliación.

El corazón apasionado de Pastor López, como el título de uno de sus primeros éxitos (letra de Julio Bovea, de Bovea y sus vallenatos) que pegó en 1974, sigue igual de activo y querendón, no obstante sus 74 años a cuestas y la cirugía de miocardio abierto a la que fue sometido el 31 de diciembre de 2011, en Bogotá.

Salvo ese trance, que él adjudica a una postergada cuenta de cobro a su vida parrandera de músico, de los excesos etílicos y del “veneno del cigarrillo”, López se jacta al mentar que ya completa cincuenta y seis años de carrera artística, 110 discos, once hijos (tres de ellos heredaron su vena musical y viven en Miami), veintisiete nietos y un bisnieto. Y el hombre ahí, en pie de lucha, cumpliendo a su cometido, el de llenar de alegría los corazones en estas festividades de fin de año, como siempre lo ha hecho.

En estado critico

El cantante venezolano Pastor López, de 74 años, ingresó ayer a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la clínica Norte de Cúcuta, en un delicado estado de salud.

El ‘Indio Pastor’, como es conocido este intérprete de música tropical, habría sufrido problemas a nivel cerebral y estaría bajo un coma inducido.

Sheril González, gerente del artista, detalló en diálogo con el diario El Tiempo que López presentó dolor de cabeza y mareo, por lo que lo llevaron al centro de salud, donde “le tomaron la tensión y la tenía alta, luego le realizaron un TAC en el que descubrieron que presentaba un sangrado en la cabeza”.

La mujer añadió que en un principio según médicos, la situación del ‘Indio Pastor’ “no era grave” por lo que lo subieron a una habitación, sin embargo, hacia la una de la mañana fue trasladado a UCI “por presentar una aneurisma cerebral”.


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