Sin brazos ni piernas pero con la necesidad de vivir
Una limitación que ha marcado su vida, pero con las fuerzas de tomar diferentes rumbos.
Ángel Corrales nació sin manos y sin piernas. Hace 22 años le anunciaron a sus padres que su hijo presentaba una ausencia total de sus extremidades, le faltan ambos brazos a nivel de los hombros y extremidades inferiores.
En el Putumayo la familia Corrales Dedesma se dedicaba a labores de siembra, pero las excesivas fumigaciones de control, prevención y erradicación de siembras ilícitas acabaron con toda su sementera.
Desde ahí Joaquín Antonio Corrales decidió junto con sus otros 9 hijos vivir en Florencia (Caquetá). Allí en una humilde vivienda la señora Dedesma cuida de sus otros pequeños mientras Ángel y su padre recorren diversas ciudades de Colombia para subsistir de la caridad de sus habitantes.
Su vida estuvo llena de dificultades. Una de ellas fue no poder acudir a una escuela normal por su discapacidad y por el impedimento al hablar. Ángel, además de su Tetra Amelia nació con su lengua demasiado grande.
Su madre cuidaba de él en sus primeros años, pero el peso de éste joven ya hacía difícil su atención. Después de los 15 años es su padre quién se esmera en cuidarlo y cumplir los anhelos de pasear por diferentes ciudades.
Su limitación no ha sido excusa para optar ciertas habilidades que hacen de su vida una felicidad. A los 18 años Ángel ganó la competencia de natación con discapacidad en Florencia.
Unos de los hobbies favoritos de Ángel es ver televisión, jugar en el computador y conocer otros lugares.
En su llegada a Neiva Ángel decide ubicarse en el Parque Santander, y desde las 10:00 de la mañana empieza su jornada de recolección de limosnas de las personas que pasan por este lugar. A las 5:00 de la tarde retornan a una residencia donde pasan la noche para el otro día retomar el horario habitual y vivir de la caridad.
Su padre espera no desfallecer y continuar al cuidado de su hijo. "Él necesita mucho de mí. Yo lo cuido, lo baño, lo alzo, y lo llevo a donde él me diga. Espero algún día dejarle a él y a mis otros hijos un lugar donde vivir, aunque ya queda muy poco tiempo, no pierdo las esperanzas".
