La encrucijada de los líderes sociales
Por: Luis Alfonso Albarracín Palomino
Para los integrantes de la Tertulia El Botalón, donde se abordan los principales temas relacionados con el desarrollo social, político, económico, ambiental, entre otros, queremos dedicar este escrito a un tema que ha sido álgido durante los últimos meses en el país, por los crecientes asesinatos y amenazas a los líderes sociales y defensores de los derechos humanos que se han suscitado y que ha merecido un rechazo generalizado de toda la sociedad colombiana.
CONQUISTA
Colombia ha estado viviendo desde el periodo de la conquista, una violencia irracional que fue iniciada por los conquistadores que arribaron de España, en búsqueda de metales preciosos y para buscar la hegemonía sobre este continente. Para lograr con este objetivo, algunos historiadores han expresado que arrasaron con más del 90% de la población indígena. La idea inicial de Cristóbal Colón cuando llegó un 12 de octubre de 1492 a una de las islas Bahamas. era llegar al extremo oriental de Asia, abriendo una nueva ruta para el comercio desde Europa, y hasta el día de su muerte estuvo convencido de haber desembarcado en el continente asiático. Esta idea desencadenó un proceso violento contra los nativos de nuestro territorio
COLONIA
Posteriormente durante la colonia continuó con el proceso de expoliación y domino político contra las familias que se fueron consolidando, que se vio sometida a los más violentos ultrajes, vejámenes y asesinatos a los líderes sociales que se oponían al yugo español. Luego de terminar este periodo de violencia, continuó la República que trasciende hasta nuestros días.
LA REPÚBLICA
Desde su inicio, el país se ha visto salpicado de violentos enfrentamientos políticos entre los actores dominantes que han prevalecido con el liderazgo de la Nación conformada. La abolición de la esclavitud a mediados del siglo XIX, la guerra de los 1000 días, la masacre de las bananeras, la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, el inicio del narcotráfico, la creación de los grupos insurgentes de las Farc, ELN, Paramilitares, Acuerdo Renegociado de Paz, se han convertido en hechos históricos que han marcado grandes transformaciones sociales, económicas y políticas que han afectado negativamente el desarrollo del país.
LÍDERES SOCIALES
De acuerdo con lo anterior, los líderes sociales que lucharon incansablemente para alcanzar unos escenarios de justicia social, equidad para sus conglomerados poblacionales, de acuerdo a las características que vivieron durante sus épocas, fueron aniquilados en la mayoría de las veces y en otras, cumplieron con sus loables objetivos.
Pero, desafortunadamente una vez firmado el Acuerdo Renegociado de Paz con las Farc, se ha recrudecido el asesinato inmisericorde y amenazas a los líderes sociales. Es preocupante para las autoridades el índice de muertes durante los últimos tres años. Además, se continúa con la crisis en el país, por la persecución de estas personas que solo buscan reivindicar las luchas populares para que el gobierno nacional atienda sus peticiones para superar el atraso y la pobreza en que se encuentran sumidas sus comunidades.
AMENAZAS Y ASESINATOS
Los defensores de derechos humanos y los líderes sociales se encuentran en la mira de los grupos narcoterroristas y de accionar delincuencial de grupos privados que están afectando la sana convivencia de estas comunidades, que han sido víctimas de esta violencia irracional. Recientemente, Francia Márquez, ganadora del Premio Goldman, que es considerado el “nobel de medioambiente” el año anterior, fueron atacados salvajemente, cuando desarrollaban una reunión del pueblo negro del norte del Cauca, que se encontraban preparando una reunión para los diálogos en el marco de los acuerdos con la minga indígena, a pesar de que tenían dos hombres asignados por la Unidad Nacional de Protección.
REACCIÓN DE LA SOCIEDAD COLOMBIANA
No cabe duda, que los asesinatos de los líderes, que desde 2016 se han convertido en una pesadilla y una vergüenza para el país, siguen siendo una preocupación genuina de las autoridades. No obstante, los esfuerzos de los gobiernos, de las fundaciones especializadas y de la sociedad civil donde se incluyen los medios de comunicación que siguen publicando especiales que señalan la barbarie en busca de frenar esta barbarie sistemática, no se han logrado detener los asesinatos de aquellos que se atreven a reclamar justicia en sus regiones.
Se puede afirmar que quienes más riesgo corren son aquellos, que en áreas se desarrollan actividades económicas de carácter ilegal. En la mayoría de las veces, toman la vocería de la gente para intentar detener el avance de las mafias que pretenden tomar control de estos ingresos y, de paso, de todo el orden social con el fin de maximizar sus ganancias.
De acuerdo con los datos oficiales emanados por la Defensoría del Pueblo, son más de 200 líderes asesinados en los dos últimos años, además de cientos de casos de amenazas. Algunos analistas y estudiosos de esta temática dan cuenta de patrones y tendencias que, por más que ya sean conocidos, no dejan de ser muy alarmantes. Nos referimos a los múltiples episodios de territorios en los que valerosos civiles que gozan del reconocimiento y el aprecio de la comunidad, terminan asumiendo roles que deberían ser del Estado, y por tal motivo acaban en la mira del crimen organizado, que siempre ve en el tejido social un obstáculo.
Realmente estos hechos violentos buscan debilitar el tejido social porque atomizan los lazos de confianza entre la población, que son los que a la larga hacen posible no solo convivir, sino alcanzar mejoras y garantizar que prevalezca el interés general sobre el particular. Su protección es fundamental para contener la embestida del crimen organizado. Se amenaza seriamente, nada menos que la posibilidad de un futuro, en el que se destierre la violencia y sea posible la convivencia pacífica entre colombianos, gracias a la prevalencia del Estado de Derecho.
Es indispensable que el Estado estructure estrategias concretas para este importante sector de la sociedad colombiana, que con su accionar y sus palabras y la emoción, que éstas transmiten, tienen pleno sustento en una realidad que pide a gritos acciones concretas para protegerlos y que permitan avanzar en la senda de una protección real y efectiva de los líderes.
