sábado, 21 de febrero de 2026
Judicial/ Creado el: 2015-10-09 09:56

Un ‘pipazo’ que por poco lo sepulta

Róbinson Morales Gómez, de 43 años de edad, es un habitante de la calle que su extremo consumo de droga por poco lo lleva a la muerte. El pasado jueves entró a la unidad de urgencias del Hospital Canaima retorciendo su cuerpo en una camilla. En esta ocasión los galenos lo alcanzaron a salvar.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 09 de 2015

Relatos de hombres de la calle hay muchas. Abogados que luego de su afamada carrera terminan inyectándose en las venas jeringadas de cocaína o morfina, o aquel que luego de ser quien iba tras los jíbaros para llevarlos a la cárcel termina consumiendo incluso con ellos el producto que alguna vez persiguió.

Y algo parecido le pasó a este soldado profesional que hace más de 15 años era un fornido miembro del Batallón 17 de Infantería de Montaña General José Domingo Caicedo en el municipio de Chaparral (Tolima), unidad adscripta a la Sexta Brigada del Ejército.   

Del batallón a la calle

De este ‘soldado de la patria’ ya no queda nada. Róbinson Morales Gómez, quien hoy tiene 43 años de edad, descubrió el bazuco siendo un cabo primero del Ejército. Su carrera promisoria con la que ya contaba, a pesar de las dificultades para mantenerse en esa Institución, ya venía mejorando a sus dos años de antigüedad como militar.

Sin embargo, un ‘plom’ hizo que fuera menguando su vida, y solo hasta ayer tocar fondo. Según se estableció, Morales Gómez se extralimitó con su último pase y sufrió un ataque al corazón, lo que lo hizo convulsionar.   

En la milicia encontró el bazuco  

“Yo preste servicio y seguí la carrera militar. Quería ser grande en el Ejército, porque quería ayudar a mi familia y a mis hijos. Fui cabo primero del Batallón 17 de Infantería de Montaña General José Domingo Caicedo de Chaparral (Tolima), y allá encontré el vicio”, recordó el indigente, natural del municipio de Palermo, mientras devoraba con ansias un pan y una gaseosa que le habíamos regalado. “Mi familia vive en Palermo, pero ni siquiera sabrá que estuve hoy aquí en el hospital”, dijo con nostalgia.

Desde la noche anterior fue tratado por médicos, quienes lo canalizaron y lograron estabilizarlo, pero en la tarde ya fue dado de alta. “Al medio día me dieron el almuerzo, y llegó el celador para decirme que si por favor podía salir. Entonces me dieron la ropa que estaba toda mojadita, mojadita; yo salí con la sola bata, porque no tenía otra cosa que ponerme”, dijo el hambreado hombre, quien aseguro que ha aguantado hasta tres días sin comer nada. “El bazuco me lo da todo”, resaltó. 

Desde hace 15 años, Robinson salió de su casa en Palermo a hacerse militar. Hoy, las calles son su habitación; las bancas de un parque, su casa; y un cartón, su cobija. Todo “gracias” a la ‘vicha’ de bazuco que en algún lugar de aquel cuartel le compartieron, pero que luego de los años lo llevaron a ver las puertas del infierno. “Yo esta vida no se la deseo a nadie; muy duro, muy duro”, puntualizó.