Trámites en medio del dolor
La familia de Rigoberto Rodríguez, el hombre que fue asesinado y luego enterrado por uno de sus compañeros en un taller en el centro de Neiva, vivió un viacrucis para que Medicina Legal les entregara el cuerpo. Solo hasta anoche pudieron irse con el cadáver a Calarcá (Quindío), en donde le darán el último adiós.
El dolor hacía más larga la espera. Cuando les dijeron del asesinato de Rigoberto Rodríguez Gómez en Neiva, sus familiares emprendieron un maratónico viaje, unos desde Bogotá y otros desde el departamento del Quindío, para comprobar si era cierto. No podían creer que alguien hubiera podido hacerle daño a Rigo, como de cariño le decían, pues se caracterizaba por ser una persona buena, decente, respetuoso y trabajador.
Desde hacía unos cuatro años había llegado a Neiva solo, y encontró techo, una oportunidad de trabajo y nuevas amistades en el taller de alineamiento automotriz Tecnicamber, ubicado en la carrera 5 N. 1G-26, en zona céntrica de Neiva. Era padre de tres hijos mayores de edad y tenía más una de una decena de hermanos.
Pero otra persona, un menor de edad que también estaba como empleado del taller, le arrebató la vida el pasado miércoles 4 de febrero en la noche, en un hecho que despertó asombro entre la comunidad neivana. Al parecer el agresor, que fue ya fue identificado por las autoridades, pretendía realizar un hurto en el establecimiento y Rigo se habría dado cuenta. Al verse delatado, el joven lo golpeó fuertemente en la cabeza con un objeto contundente y luego lo asfixió al parecer con una bolsa de plástico. Luego lo encerró en un pequeño baño provisional de la habitación en donde pernoctaba Rigoberto en el mismo taller. Por último, con tierra lo enterró a medias, dejándole los pies al descubierto.
El asesino delató el cuerpo
Dos días transcurrieron después sin que se supiera nada del paradero de Rigoberto Rodríguez. Sus compañeros le hicieron múltiples llamadas a su celular y en un inicio timbraba sin que nadie atendiera; luego se iba directamente al buzón de voz.
El joven asesino continuaba normal laborando en el taller sin levantar sospechas. Sin embargo, fue él mismo quien el viernes 6 de febrero en la tarde, alarmó a los demás empleados y a Fredy Andrés Forero Ramírez, propietario del taller, del olor nauseabundo que ya se percibía en todo el lugar.
El menor de edad llamó luego a Fredy Andrés y le dijo que abriera la puerta de la habitación, cuando así lo hizo, en medio de la oscuridad del cuarto, alcanzó a ver con ayuda de la luz de su celular, los pies de su empleado y amigo que sobresalían del baño. De inmediato, el menor de edad reaccionó atacándolo con un cuchillo en el estómago para luego huir. Por fortuna los gritos de auxilio de Fredy le sirvieron para que otros empleados y vecinos del sector lo encontraran y lo trasladaran a tiempo al centro asistencial, y dieran también aviso a las autoridades. Así lo narró el herido a sus familiares, cuando ya hoy se recupera de la lesión en una clínica de la ciudad.
“Yo hablé con mi padre ese mismo miércoles en la mañana, lo sentí algo triste, ambos teníamos como un presentimiento, si lo noté desanimado, no solo era porque había estado enfermo del chicunguya, era algo más, se despidió, me dio la bendición y me dijo que cuidara a mis hijos, y a mis hermanos”, manifestó Rigoberto Rodríguez Rayo, hijo de la víctima mortal.
Total identificación
Desde ese viernes cuando fue hallado en el taller por las autoridades, el CTI de la Fiscalía hizo la inspección y el levantamiento al cadáver, que fue trasladado a Medicina Legal. El CTI inició igualmente la investigación para esclarecer los hechos y según se pudo establecer, actualmente adelanta las acciones judiciales para solicitar una orden de aprehensión del menor.
Entre tanto algunos familiares de Rigoberto, un hermano, su esposa y uno de sus hijos, llegaron hasta Neiva, en donde nunca antes habían estado, sin saber a quién acudir para saber dónde tenían a su ser querido. Tuvieron que esperar tres días para que finalmente ayer Medicina Legal les entregara el cuerpo, ya en avanzado estado de descomposición.
“Yo vi a mi hermano, está todo morado, casi negro, con los testículos ya casi a punto de estallar, solo le pido a Dios que me de mucha fortaleza para afrontar todo esto tan terrible”. Así lo expresó entre lágrimas Jorge Orlando Gómez, hermano del occiso, luego de que por fin pudo ver a su hermano.
De acuerdo con una fuente oficial de la Institución, la demora en la entrega del cadáver a la familia, se debió a que el cuerpo llegó como NN y se tuvo que realizar las diligencias para su plena identidad. Esto solo fue posible con el examen dactilar de la víctima, que fue enviado para análisis a Bogotá. Una vez remitido el resultado a Neiva, se pudo hacer la entrega del cuerpo a la familia. Anoche viajaron hacia el Quindío, llevando consigo a su ser querido que le fue arrebatado en capital huilense.
