Rostros y rastros de la masacre en Florencia
A nueve meses de ocurrido el crimen más horroroso y vil de la historia penal reciente en nuestro país, ya está claro cuál fue el rol de cada uno de los perpetradores del múltiple asesinato. La Fiscalía está pidiendo la máxima pena para cada uno de los responsables del hecho que marcó a Colombia.
Christopher Chávez, José Aleicy Vega García, Jainer Antonio Urueña Esquivel, Luzmila Artunduaga y Henderson Carrillo Ordóñez. Tal vez al lector no le generen nada estos nombres a primera vista, pero si se asocian sus identidades a los hechos del 4 de febrero en donde Samuel, Deiner, Juliana y Ximena Vanegas Grimaldo, de 4, 10, 14 y 17 años de edad respectivamente, fueron asesinados en la vereda Las Brisas en el corregimiento El Caraño, zona rural de la capital Florencia, departamento de Caquetá, podría generarle escalofrío, resignación, repudio y hasta lo impensable.
Indignación carcelaria
Y es que a ningún cerebro sano, aún ni a alguna mente sicarial de cualquier matón a sueldo le cabría en la cabeza ‘plomaciar’, como dirían estos personajes, a cuatro indefensos niños. Cuenta de ello son las fuertes medidas de seguridad a las que eran sometidos antes de que Chávez Cuéllar se fugara de la cárcel Las Heliconias de Florencia.

El 4 de febrero de 2015 se recordará como el día en que Colombia conoció hasta donde puede ir la perversidad humana.
Las medidas no eran para nada ‘de balde’ con estos reclusos. Fue tanta la indignación que causó este crimen que hasta los mismos internos que alcanzaron a compartir patio con varios de los sindicados por este hecho tenían en su mente ‘darlos de baja’. Algunos creen que fue este el motivo principal por el cual Christopher se voló del centro penitenciario.
El inicio del juicio
El fiscal 11 seccional inició desde el pasado martes la presentación ante la jueza segunda penal del Circuito de Florencia de sus testigos relacionados con los investigadores del CTI y la Sijín que la noche del 4 de febrero de este año realizaron la inspección judicial al lugar de los hechos y a los cuerpos sin vida de los menores asesinados.
El ente acusador busca demostrar que José Aleisy García es cómplice del delito de homicidio en concurso homogéneo, tentativa de homicidio, y tráfico de armas de fuego en concurso heterogéneo. Con relación a Luzmila Artunduaga, la Fiscalía busca relacionar su participación al plano de determinadora de los hechos.
Un juicio para confirmar su autoría
En declaración juramentada en juicio oral realizada ayer, Edinson Vega y Cristofer Chávez Cuéllar confirmaron una vez más que Luzmila Artunduaga no sólo buscó a la forma de desplazar a los esposos Vanegas Grimaldo.
Según Chávez Cuéllar, a él le dieron órdenes exactas de “no fallar en el trabajo que me habían encomendado, porque a la señora que estaba pagando ya le habían quedado mal una vez”. Es decir, intuyó el fiscal en la audiencia, debía llegar a la vivienda y erradicar por completo a las personas que se encontraran en su interior.
Luzmila, la determinadora
Su última sonrisa fue la que tuvo cuando compartió con una veintena de periodistas una tasa de agua de panela caliente con queso y almojábana en medio del congelado clima existente en la cordillera que limitan Caquetá con Huila.
Se trata de Luzmila Artunduaga, a quien se le indilgan el rol de ser la determinadora de los hechos. Además de tomar tinto y nunca negarse a responder las inquietudes que la cuestionaban como protagonista de la ‘horrible noche’, nunca le negó una palabra a la prensa en los días anteriores a su captura.
Y es que esas ricuras que aquella mañana y tarde del lunes 10 de febrero preparó con tanto esmero serían las últimas que haría, luego de que se firmara la orden de captura al siguiente día por ser (y hoy lo reitera la Fiscalía) la responsable de la masacre de los menores. La mujer fue quien buscó la manera de darles un susto a sus vecinos, doña Victoria Grimaldo y don Jaime Vanegas, para despojarlos de unos terrenos que reclamaba.
Los otros responsables
Edinson Vega declaró ante el juez que efectivamente Luzmila le habría dicho que le consiguiera una persona para “sacar a esa gente por completo y terminar así los problemas”; y que para eso había conseguido $500.000 para pagarle “la vuelta, porque era sencilla”, resaltó Vega García.

Luzmila Artunduaga sería la determinadora de la masacre.
Christopher Chávez Cuéllar, el sicario que ultimó a los menores.
Henderson Carrillo Ordóñez fue quien condujo la motocicleta la noche del crimen y acompañó a Chávez Cuéllar a realizar la masacre.
José Aleicy Vega García buscó al sicario Christopher Chávez para que hiciera el “trabajo”.
Edinson Vega García fue quien avisó a los sicarios de la presencia o no de las autoridades en la carretera.
Jainer Antonio Urueña Esquivel fue quien prestó los 500.000 pesos
para pagar a los sicarios que masacrarían a los niños.
Pero sería José Aleicy Vega García, hermanastro de Edinson, quien finalmente logró hacer los primeros acercamientos con Christopher Chávez y ayudaría a ubicar la casa de los niños. Posteriormente, José Aleicy habría participado de las reuniones previas con los sicarios, y donde les entregaría información clave para llevarse a cabo el múltiple asesinato.
Entre otras cosas, Edinson sería además quien campaneó, es decir, quien la madrugada del crimen avisó a los asesinos de la presencia o no de las autoridades en la carretera. Jainer Antonio Urueña Esquivel, de profesión camionero y oriundo de Palermo, Huila, fue quien prestó, a conciencia de su objetivo, el dinero para que le pagaran a los sicarios. Además, se le indilga haber ayudado a Edinson a contactar a Chávez Cuéllar.
Por su parte, Christopher Chávez llamaría a Henderson Carrillo Ordóñez (su yerno por tener una relación sentimental con su hijastra menor de edad) para que lo acompañara a realizar “el trabajo”. Carrillo seria quien la noche de los macabros hechos condujera la motocicleta, la cual había sido hurtada en octubre de 2014 en el municipio de Acevedo, sur del Huila.
La versión de ‘El Desalmado’
Christopher Chávez relató ante la juez que hacía parte de una red de sicarios perteneciente a Dayro de Jesús Palacios, y que éste constantemente le encomendaba “trabajitos”, no solo en Florencia sino también en Neiva y otras zonas del sur del país.
De forma simple contó que Edinson lo esperó sobre la vía, le dio la ubicación de la vivienda de los Vanegas, y junto con Henderson Carrillo, alias El Enano, fueron con uno de los menores a bordo de motocicleta hasta donde estaban los demás hermanos. Ahí preguntaron por los dueños de la casa y como no estaban, hizo acostar a los niños en el suelo para luego dispararles con su revólver calibre 32.
Todo por unos predios
Demandas de un lado y del otro, amenazas de todo tipo, peleas a machete y agresiones físicas constantes. Don Jaime Vanegas Lozada, padre de los niños asesinados, tenía serios problemas con la mayoría de los que con él habitan aquella zona. En medio de este panorama se gestó un odio infranqueable que venía desde hacía más de 10 años entre los vecinos de esta zona rural de Florencia. Y esto lo certifica Eudaldo Vanegas, hermano de los menores asesinados, quien dijo que Luzmila “era la que los amenazaba por el terreno; les decía que iba a pagar a otros para que los mataran” dijo.
La familia Vanegas Grimaldo venían ya desplazados del municipio de Puerto Milán (Caquetá). Luego de la masacre, fue otro su destino.
Sin embargo los vecinos del sector aseguraron lo contrario. La familia Vanegas se adjudicaba la propiedad de esos terrenos los cuales, según la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia, Corpoamazonia, corresponden una reserva ambiental de la que ninguna persona se puede adjudicar propiedad. Sin embargo, ellos alegaban ser propietarios, por lo que constantemente estaban exigiéndoles dinero a todos los moradores de la carretera para dejarles levantar sus ranchos y vivir allí.
Así lo aseguraron Johana Bolaños Ortiz y Ángel María Yucumá Pareja, una pareja que desde hace un año viven con sus tres hijos en esos fríos parajes. Aseguran que a ellos, el señor Jaime les estaba exigiendo 5 millones para dejarles ese lote. Según la familia Yucumá Bolaños, el papá de los niños asesinados les exigía también cinco millones de pesos para dejarlo vivir en ese lugar.
“También conozco que al señor de allí le estaba pidiendo como que eran $30 millones y a otro vecino, 17. (…) Él dice que todo esto a la orilla de la carretera es de él, y él reclama esto como desde por allá el tercer túnel hasta el límite. Dice que él tiene derecho a 100 metros de orilla a orilla de la carretera”, dijo don Ángel María sobre su vecino.
Los derrumbes tenían dueño: Los Vanegas
Luis Alejandro Ruje Vargas es otro de los habitantes que denunció haber tenido problemas con la familia Vanegas Grimaldo. Dijo que fue vicepresidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Las Brisas y presidente del restaurante escolar de la Escuela El Cóndor. Dijo que, aunque también tuvo algunas diferencias con los Vanegas, “a mí me duele mucho porque esos niños se han criado con mis hijos. Ellos comieron aquí, durmieron en mi casa y los míos también dormían allá”.
Ellos en particular son personas que se las rebuscan trabajando, no solo lavando camiones o vendiendo agua de panela con queso en la carretera. Cuando se han presento derrumbes en la vía Florencia – Suaza, estos son los personajes que salen con picos y palas a abrir paso. Allí, por unas cuantas monedas, muchos de ellos se las ingeniaban para ganar algo.
Una vez, dijo Ruje Vargas, el señor Jaime Vanegas amenazó con pegarle a una de sus hijas porque iba también a pedir monedas a derrumbe del Kilómetro 53 + 700, “que porque supuestamente el derrumbe era de ellos”, subrayó Alejandro. “Había como unos 15 de esa familia pidiendo monedas, y una de las hijas del señor Vanegas, una muchacha que llama Ema, me trató que viejo no sé qué. En ese momento, me dicen que debíamos ir del derrumbe. Yo le dije que si eso les da para ellos, nos dará para todos”, dijo.
