Policías antinarcóticos hacían “negocios” con los cultivadores de hoja de coca
Luis Guillermo Castellanos Ostos, ex policía antinarcóticos, fue destituido por un aparente caso de indisciplina. Sin embargo, aseguró que la real causa de su expulsión fue por haber denunciado que algunos de sus superiores hacían pactos con cultivadores de coca para mantener el negocio ilegal.
Con 10 años como patrullero en la Policía Nacional, Luis Guillermo Castellanos Ostos, de 32 años de edad, natural de Neiva, tenía todas sus esperanzas en levantar sus sueños y los de su familia alrededor de la institución en la que siempre creyó.
Sin embargo, por haber denunciado presuntos vínculos entre el narcotráfico y algunos superiores en la Dirección Nacional Antinarcóticos de la Policía Nacional, su vida cambió para siempre. Luego de esas denuncias, fue expulsado de la Policía, supuestamente tener por problemas de salud. Fue diagnosticado con trastornos mentales, al parecer, por consumir cocaína.

Acordaban con plata la raspada de la hoja
Los hechos de presunta corrupción que Castellanos Ostos evidenció y denunció se presentaron entre junio y noviembre de 2013, cuando lo asignaron a un grupo de erradicación manual de cultivos de uso ilícito en la Dirección Nacional de Antinarcóticos en Santander. Según el ex policía, el comandante del pelotón encargado de la erradicación salía tres o cuatro días antes al lugar donde estaban los cultivos de coca para entrevistarse con el dueño del cultivo. Estando con él, acordaba que le dejaba raspar la hoja a cambio de algún dinero que, por lo general, eran entre cinco y 10 millones de pesos.
Uno de los ilícitos se presentó en la vereda Río Negro del municipio de Cimitarra, Santander. “Nos encontramos erradicando en una zona y me di cuenta que algunos policías de mi pelotón recibían dinero para atrasar las operaciones. De esa manera, permitían a los dueños de los lotes con coca que rasparan las hojas de esos cultivos antes que llegáramos. Este ilícito lo convenían algunos superiores de la Policía con los dueños de los lotes, días antes a la llegada del pelotón de erradicación”, explicó Luis Guillermo, quien hoy no tiene nada y vive de arriendo en una sector de invasión de Neiva.

Solo tumbaban los palos sin hojas
El expatrullero asegura que el comandante, por lo general un cabo o un teniente, se desplazaban ayudados con mapas de la zona al lugar del cultivo y buscaban a los dueños del cultivo y llegaban al acuerdo económico.
“Yo, como parte del grupo de seguridad, noté que siempre que llegábamos a un cultivo y estaba ya sin hojas. Eso era siempre. Empecé a ver que había algo muy inusual cada vez que llegábamos a una plantación. […] Cuando llegábamos el grupo grande de policías, lo único que hacíamos era tumbar los palos y tomábamos las fotos para hacer los informes asegurando que sí habíamos hecho el trabajo. Así es como la Policía lleva estadísticas de erradicación”, denunció.
Otras formas de delinquir
Este modus operandi del narcotráfico en complicidad con uniformados de la Policía Nacional no es la primera vez. Asegura además que en el año 2009, cuando estuvo erradicando por la zona de La Macarena, zona rural del municipio de Vista Hermosa (Meta) fue testigo de una serie de anomalías que por miedo no denunció.
“En esa época se llegaba a los lotes de acuerdo con los mapas dados por inteligencia de la Policía y sencillamente, no se erradicaba. Solo se reportaba como erradicado pero realmente no se erradicaba. El dueño del lote le pagaba al comandante que dirigía el pelotón antinarcótico para que le dejara los palos como estaban”, señaló.
En esas operaciones se tomaban fotos a los cultivos aparentemente destruidos y se hacía extinción de dominio, “Pero yo nunca vi que se hiciera el procedimiento de extinción de dominio”. “En el 2009, ni se erradicaba la hoja ni se tumbaba la mata. Simplemente median los lotes y se asumía que se había erradicado. Ahora, lo que hacen es pactar policías y narcotraficantes para darles tiempo de salvar el producto ilícito, para que ni ellos ni los otros pierdan”, aseveró Castellanos Ostos.
La persecución y la destitución
En las denuncias, acusa a un intendente de apellido Marín de haber recibido dinero de un finquero con un cultivo de coca. Según él, el intendente lo agrede, a lo que se le suma otro uniformado, lo que se convierte finalmente en una riña. Esta situación es notificada a un teniente, quien decide poner el caso en la oficina disciplinaria de la Dirección de la Policía. “Por este hecho, me abren una investigación por atacar a mi superior y me destituyen por esa pelea. No se tienen en cuenta los verdaderos hechos”, dijo.
Posteriormente a esa pelea, Luis Guillermo dijo haber notificado esa novedad a otro teniente, “pero antes pongo a grabar esa conversación que tengo con ese superior. Yo sé cómo se maneja la burocracia en las oficinas de disciplina al interior de la Policía, cómo se llevan esas investigaciones de manera fraudulenta para favorecer siempre a quien más les conviene. Por eso yo grabé”, resaltó.

La grabación de la denuncia
En la grabación, conocida en exclusiva por DIARIO DEL HUILA, se escucha a Castellanos Ostos discutiendo con el teniente sobre lo sucedido en aquella pelea. Allí se escucha lo que parece una explicación, en la que el patrullero le notifica a su superior que “ellos se lo pasan hablando con esa gente para ganar plata por la rallada”.
Según el expolicía, es él denunciando a su superior la situación. Sin embargo, dice que sobre ello no hicieron nada; en cambio sí fue destituido el 29 de septiembre de 2014, aludiendo un diagnóstico de problemas mentales “debido al uso de cocaína”, reseña la orden médica de la Dirección de Sanidad de la Policía.
Amenazas de muerte y seguimientos
Dice que ya ha venido denunciando ante varias entidades. Ha pasado cartas a la Defensoría del Pueblo, misivas en las que narra esta y otras situaciones. Sin embargo, dice que no ha sido escuchado.
“Inicialmente cuando denuncié estos hechos de corrupción se utilizaron argumentos falsos para manchar mi imagen y callarme. […] No sé por qué, pero siempre que hay denuncias de este tipo envían los casos a Psiquiatría de la Dirección de Sanidad para buscar declarar a esos uniformados como interdictos para justificar expulsarlos de la institución”, resaltó.
Por estos hechos, dijo que está amenazado de muerte. En varias oportunidades, Luis Guillermo ha sorprendido a varios uniformados de inteligencia de la Policía que lo persiguen.
