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Judicial/ Creado el: 2015-12-03 08:43

Mario, el desmovilizado que tiene 15 familiares en las FARC

Con 19 años de militancia en las FARC, Mario*, de 29 años de edad, desertó dejando atrás a sus 15 familiares que tiene en esa guerrilla. Hizo parte de los llamados Pisasuaves, -comandos especiales de la insurgencia- con los cuales mató por sobrevivir, y allí vio de cerca la muerte. Exclusivo DIARIO DEL HUILA.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 03 de 2015

Deschavetado. Aquel día solo llevaba la ropa que tenía puesta. El temor lo evidenciaba en su negación de mirar a las personas a la vista y sus movimientos inseguros con su cuerpo. La falta de sueño, retrasado desde hacía varias noches, se palpaba en cada vaso sanguíneo que rayaba sus ojos. Así llegó Mario*, un joven desmovilizado de la Columna Móvil Juan José Rondón de las FARC que tiene influencia en los departamentos de Meta y Guaviare, hastiado de estar constantemente intimidado por la muerte que rodea estar en la guerra. Desde hace 20 días abandonó a sus camaradas, entre ellos, 15 de sus familiares que militan en esa guerrilla.

La guerra no va más con él

Mario*, nombre que cambiamos por seguridad, llegó a Neiva hace dos días, luego de haber escuchado a su comandante decir que quien desistiera de obedecer sus órdenes sería “dado de baja”. “A mí me mandaron a cortar unos palos de leña con un machete. Yo no corté los palos sino que seguí de largo. Lo único que hice fue correr y correr; salí a la carretera y caminé. Le pedí a los camioneros que me trajeran y también troté. Salí de Puerto Gaitán (Meta) hasta Huila, y aquí me encuentro. Para mí, Dios no existía, pero ahora puedo decir que sí, porque me ayudó”, contó a DIARIO DEL HUILA.

Aturdía del hambre

Cuenta que los últimos kilómetros que le quedaban de carretera para llegar a Neiva lo recogió un sujeto, a quien él le hizo señas que lo llevara. Este hombre, al verlo caminar bajo el inclemente sol, detuvo su marcha y lo acercó lo que restaba de su trayecto.

 width=Mario*, de 29 años de edad, hizo parte de los llamados comandos especiales ‘Pisasuave’ de las FARC. El documento, firmado por el brigadier general Mauricio Ricardo Zúñiga Campo, certifica que efectivamente Mario* hizo parte de la insurgencia. Se desmovilizó hace solo 20 días.

Según Mario*, sintió que en ese motociclista podía confiar por lo que le mostró una carta del Comité Operativo para la Dejación de las Armas, CODA, y firmada por el secretario técnico de este programa, el brigadier general Mauricio Ricardo Zúñiga Campo, en el que certifica su real procedencia. Viendo esto y aún sin saber si estaba haciendo lo correcto, el motociclista lo transportó en hasta un restaurante de la carrera 7. Estando allí, pidió ayuda para él.

Toda su familia es guerrillera

Allí, el administrador del establecimiento comercial le regaló el almuerzo de aquel mediodía. Y mientras consumía su almuerzo, uno de los pocos que había tenido oportunidad de consumir, DIARIO DEL HUILA conoció en exclusiva su historia.

Mario* recordó que fugarse de las FARC le tomó seis meses de planeación y durante ese tiempo, a nadie le contó. “Si yo le hubiera consultado a ellos, estaría muerto. Uno no le puede comentar nada de estas cosas a nadie, ni siquiera a la familia. Mucho menos una cosa como la que yo hice, porque eso lo tratan a uno de traidor, de lo peor. Para salirse uno de la guerrilla no es como usted renunciar a un trabajo o no ir a estudiar. Allá no es así. Si a usted lo descubren con un plan para salirse, lo pueden matar”, resaltó.

Desde los 10 años de edad, Mario* solo conoce de armas, campo y monte, pues dijo no haber tenido una niñez como la de cualquier menor. “Mis padres me metieron a la guerrilla. Yo no tengo a ninguno por fuera, porque toda y realmente es toda, mi familia es guerrillera. Tengo tres hermanas, cuatro hermanos, seis tíos y mi papá y mi mamá en la guerrilla”, resaltó.

“Allá un guerrillero no tiene vida familiar. Allá si uno tiene el papá, como en mi caso, uno hace de cuenta que no lo tiene. Le toca a uno hacer de cuenta como si no tuviera a nadie. A toda hora nos toca decirles camarada, y no papá o mamá. Ellos me metieron a mí desde que yo tenía 10 años y yo no sé qué es decirles a ellos papá o mamá. Esa vida es algo muy duro”, contó.

Su vida como ‘Pisasuave’ de las FARC

Hasta un mes, proveídos de sencillos elementos, estos comandos insurgentes podrían permanecer inmóviles en un solo lugar, a la espera del momento para atacar pequeñas guarniciones militares y pelotones de asalto. Y fue en una de estas estructuraras insurgentes en que Mario* permaneció la mayoría de su paso por la Juan José Rondón.

“Yo no cargaba fusil. Solo pistola 9 mm, porque yo hacía parte de unos comandos especiales de la Columna, que el Ejército llama los Pisasuaves. Fui Pisasuave durante 14 años, por lo que fue mucha la experiencia en eso. Mi trabajo era llegar a los puestos de guardia de los soldados y degollarlos. Una vez maté como a 10 soldados en una misión en una noche. Si no cumplía con esas misiones me mataban era a mí, porque el que no cumple lo van bajando”, aseguró sin estupor el desmovilizado, mientras bebía su jugo del vaso de su almuerzo.

Duro trato en la ‘guerrillerada’

El trato es muy pesado, aseguró. “Le dan a uno la comida como llegue. Si quedó mal cocinada, pues así le toca comérsela; o si no, a aguantar hambre. Yo recuerdo que una vez me tocó durar emboscado por el Ejército 33 días sin comer nada, atrincherado, solo esperando a que pasara. Eso es muy forzoso, y yo por eso tomé la decisión de salirme de la guerrilla”, contaba mientras cuchareaba su plato de comida.

Una de las cosas que más recuerda de la guerra fue un bombardeo el 31 de diciembre del 2012, cuando por poco queda sepultado bajo una tonelada de tierra. “Quedé enterrado hasta el cuello. No me podía salir. Los compañeros me sacaron a punta de pala y me salvaron. Ese día nos mataron como a 15 compañeros. Eso también fue muy duro”, relató en medio de notable melancolía.

Sin documentos y sin ayuda

Tan solo con esa carta del CODA como documento de identidad, Mario* viene transitando, en búsqueda de trabajo, porque asegura que el Ejército solo lo utilizó al momento de salirse de la guerrilla. “Yo les di información a la Brigada Móvil 20 de Chaparral (Tolima) de unas caletas de armamentos que tenía. Además, los llevé personalmente y les indiqué el lugar donde estaban y las sacaron. Pero ellos a mí no me han ayudado. Ni con un pasaje, pero me tocó echar dedo para que me recogieran”, aseguró.

Agregó que no es suficiente el apoyo que dicen brindarle en estos momentos las Fuerzas Militares. “Fui a la Novena Brigada y no me ayudaron en nada. Lo único que me dicen es que me ayudan con seguridad si me toca viajar, que porque aquí en la ciudad no necesito, me dicen. No me han ayudado ni con ropa, porque la única que tengo es la que llevo puesta. Llegué hasta ahora acá y tocará esta noche dormir en la calle”, subrayó.

Por esta razón, Mario* le pide a la ciudadanía que le faciliten las condiciones para trabajar, y tener así para tener un techo dónde dormir, un alimento diario y digno, empezando así una vida como civil y fuera de la guerra. “Ayuda para un trabajo, para quedarse a dormir, nada. Estoy buscando empleo, así sea de mesero, barriendo, trapeando; para hacer cualquier cosa, y se los agradecería. Pero el Ejército en nada me ha ayudado”, denunció.

*El nombre utilizado en este articulo fue cambiado para proteger su seguridad.