Los problemas con su suegra lo habrían llevado a horca
Juan Camilo Arcos Guevara, de 19 años de edad, tomo la equivocada decisión de acabar con su vida. La razón, sus problemas familiares con su compañera sentimental en los que aparentemente se involucraba su suegra.
En la intimidad de la una de la madrugada de ayer, el joven, padre de una bebé de tres meses de nacida, se ahorcó en el cuarto de su residencia, en el barrio Siglo XXI de la Comuna 8, suroriente de Neiva. El silencio de la noche y el desespero que carcomía su espíritu fraguó a favor de la muerte, y esta aprovechó para llevárselo.
Problemas con su esposa
Según Jazmín Calderón Arcos, hermana mayor de la familia, su hermano ya venía con problemas con la familia de su novia y madre de su pequeña, en especial con su suegra. Al parecer, la señora, desde el comienzo de la relación, estuvo en desacuerdo con la relación entre su hijo y el joven, hoy occiso.
“Él tenía problemas con su esposa hacía ya cuatro días, pero los problemas venían desde hacía mucho. La muchacha se fue para Bogotá al médico con la niña y resulta que ella no volvió. Ella le mandó mensaje por el Facebook diciéndole que no se preocupara por ella ni por la niña que ellas estaban bien”, relató.
Razones para no regresar
El viernes pasado Arcos Guevara le pidió prestado 50 mil pesos a su madre, dinero que utilizaría para enviarle a su joven esposa y, de esta manera, que regresase ella con su hija. “El sábado lo llamé y le dije que yo no tenía plata, pero que empeñara un celular que yo tenía y que sacara de ahí la plata para enviarle. Pero ella lo llamó y le dijo que ya no se regresaba porque la mamá de ella le había dado un problema de salud, que la niña se la había quitado el Bienestar y que hasta el lunes se la entregaban”, explicó la familiar.
La depresión fue tal por esta desplante de su esposa presuntamente por cuenta de su suegra que, al parecer, este sería “la gota que rebosaría la copa”, en palabra de los allegados del joven, quien se dedicaba a oficios varios. Su alegría por ser padre de aquella chiquilla lo habría impulsado a conseguir un trabajo mejor, el de vigilante en una obra. Mientras él trabajaba, su madre y su abuela le ayudaban en el cuido de la pequeña. “Pero eso poco o nada le importó a esa señora, la mama de la muchacha”, reprochó la familia.
Juan Camilo Arcos, ferviente hincha del Atlético Nacional, era el tercero de ocho hermanos. Hoy solo quedan seis hermanos, pues hace unos meses uno de los menores fue asesinado en Bogotá en un atentado sicarial.

