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Judicial/ Creado el: 2016-04-23 10:54

Los citaron para darles bala en Aipe

Diana Fabiola Cifuentes Ríos, José Antonio Aroca Avellaneda, Willington Jiménez Vera y John William Gómez salieron de su casa, en el asentamiento Brisas de Jamaica el pasado jueves. Sus familias creyeron que iban a ‘farrear’ aquella noche, pero los invitaron a una cita con la muerte.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 23 de 2016

Aún son inciertas las razones por las cuales cuatro personas entre los 23 y los 35 años de edad, fueron asesinados y arrojados sus cuerpos a la maleza de la forma más salvaje. Los familiares aseguraron que ellos no tenían amenazas. Pero lo que sí es cierto, y según aseguraron personas cercanas a los occisos, es que en algunos de ellos reposaban pasados trágicos de muerte y entradas a la cárcel. Autoridades investigan las, por lo menos dos, hipótesis que se tienen sobre los móviles de la primera masacre que se presenta en territorio huilense este año.

El hecho ocurrió a 40 minutos del casco urbano del municipio de Aipe, en una zona boscosa, en jurisdicción de la vereda Praga. Allí, unidades de la Estación de Policía de Aipe fueron notificados de un cuerpo que estaba a orillas de la carretera y con una motocicleta abandonada. Ellos, inicialmente creyeron que era un accidente de tránsito, pero la verdad, la situación era más compleja: una masacre.

 width=Diana Fabiola Cifuentes Ríos, José Antonio Aroca Avellaneda, Willington Jiménez Vera y John William Gómez salieron de su casa, en el asentamiento Brisas de Jamaica el pasado jueves a una cita con la muerte. 

“Se encontraron dos cuerpos a bordo de carretera y los otros dos estaban en una zona boscosa, pasando unas cañadas. El primer cuerpo que se halla es femenino. Posteriormente, se encuentra a un kilómetro del primero, otro cadáver y una moto abandonada. Ya cuando vimos que era compleja la situación, las unidades empezaron a buscar, y pasando la cañada son encontrados los otros dos cuerpos, uno del otro equidistante a unos 800 metros”, relató el coronel Juan Carlos León Montes, comandante de la Policía Metropolitana de Neiva.

La mujer fue encontrada con un disparo en el pecho; otro de los sujetos presenta un tiro de gracia; un tercer cuerpo, uno de los encontrados más allá de la cañada, presentó un disparo en la cabeza. Finalmente, el cuarto occiso fue encontrado con un tiro en la nuca y otro en la zona dorsal. “Al parecer, trató de fugarse por lo que fue impactado de dos tiros”, detalló el alto oficial.

Pacho estuvo en la cárcel

Con aparente calma, doña María Delcy Vera Muñoz, madre de Willington Jiménez, le aseguró a DIARIO DEL HUILA que su hijo salió a eso de las 8 de la noche, pero no le comunicó para dónde. La mañana del día de su asesinato, Pacho, como le decían en el barrio, le comentó a su madre que tenía una corazonada, una mala energía parecía perseguirlo. “Yo le dije que no saliera de la casa, que se quedara aquí en la casa, pero esa noche ni me di cuenta a qué horas salió, pero a las ocho ya estaba afuera”, aseguró la anciana madre.

Aseguró la madre que Jiménez Vera nunca tuvo amenazas de muerte, “o por lo menos, que yo conociera, no”, resaltó. Sin embargo, sí reveló que estuvo purgando cárcel por un asunto relacionado con su paso por el Ejército. “Nosotros nos vinimos desplazados de Barrancabermeja porque a mi hijo me lo iban a obligar los paramilitares a trabajar con ellos. Por eso, nos tocó venirnos de allá. Inclusive, por eso pagó cinco años de cárcel pero él nunca quiso trabajar con ellos. Él estuvo en la cárcel por eso, por complicidad cuando estuvo en el Ejército”, dijo doña María Delcy.

 width=La familia de Willington Jiménez Vera, que residía en esta casa del asentamiento Brisas de Jamaica, no entiende las razones de su asesinato.

Con un dinero que logró hacerse gracias a su paso por el Ejército, Willington se hizo a un pequeño lote, cerca de la casa de su madre. Aseguraron que constantemente pensaba en regresarse él con su familia a Bucaramanga, ciudad donde residen dos hermanas. “Él tenía un ranchito aquí abajito en el mismo asentamiento, y tenía ganas de venderlo para irnos a donde las hermanas, a trabajar allá. Pero no consiguió quién se lo comprara […]”, dijo la madre.

Willington Jiménez era el segundo de una familia de cinco hermanos, padre de un muchacho de 14 años de edad, quien vive con su madre en Barrancabermeja. Mientras esperaba trabajos temporales como obrero de construcción, laboraba como mototaxista. “Todos trabajaban como mototaxistas, pero como mi hijo no tenía moto entonces, él la tomaba en alquiler a John William”, puntualizó.

Desplazados de Curillo (Caquetá)

Por su parte, John William Gómez, de 23 años de edad, era otra de las personas que aquella tarde fueron ultimadas a bala. Según su hermana, quien no quiso dar su nombre, dijo que se enteró de la trágica noticia a las 3:30 de la tarde cuando llamó al celular de uno de los vecinos, quien también viajó esa noche. Le extrañó que no hubiera llegado con Marcela Lozano, su cuñada y compañera sentimental, su hermano a su casa. “Todas las tardes o en las noches arrimaba a la casa”, recordó.

“Yo me enteré fue porque yo le timbré al número del vecino, de Antony, y me contestó un señor de la Sijín. Yo le dije que si hablaba con el vecino y dijo: ‘No’. Le dije, ¿y por qué tiene usted ese número? Y me respondió que los habían encontrado muertos, y me preguntó sobre qué parentesco tenía con los fallecidos, y me lo nombró a William. Yo le dije que era la hermana”, dijo la mujer mientras mostraba a DIARIO DEL HUILA las fotos de su hermano, cuando este estaba prestando su servicio militar.

 width=John William Gómez, de 23 años de edad, era desplazado del municipio de Curillo (Caquetá). Q.E.P.D.

Luego de salir del Ejército, se dedicó a vender huevos como opción laboral, razón por lo que se ganó el apodo de ‘El Huevero’. Hace tan solo una semana, su familia extrajo de un osario los restos de su hermano y la esposa de este, quienes hace varios años aproximadamente fueron asesinados, al parecer, por la guerrilla de las FARC en el sur de Caquetá. Llegaron desplazados en el 2003 del municipio de Curillo a pagar arriendo al barrio El Limonar, Comuna 6 de la capital huilense.

Desde hace tres años y medio, John William, su compañera y sus familiares decidieron hacerse a un pedazo de tierra en el asentamiento Brisas de Jamaica, y allí rehacer su vida. “Mi hermano trabajaba en construcción, pero como por estos días no había trabajo le tocó meterse de mototaxista, ya hace como un mes”, aseguró la familiar.

 width=Desde hace tres años y medio, John William Gómez logró hacerse a un lote en el asentamiento Brisas de Jamaica.

Los huérfanos de la masacre

Y la historia más triste es la que dejó en la mente de todos en Brisas de Jamaica el matrimonio conformado por Diana Fabiola Cifuentes Ríos y José Antonio Aroca Avellaneda. Esa noche, la pareja también salió con Willington y John William. Según las autoridades, el cuerpo de Diana sería el primero en encontrarse al lado de la carretera. Al cuidado de la abuela, madre de la occisa, quedaron los tres pequeños de 11, 8 y 4 añitos de edad.

 width=Y la historia más triste es la que dejó en la mente de todos en Brisas de Jamaica el matrimonio conformado por Diana Fabiola Cifuentes Ríos y José Antonio Aroca Avellaneda.

Rubiela Lozada, vecina de los occisos Antony y La Mona, como eran conocidos en el sector, eran personas muy amables y “con nadie se metían”. La pareja residía desde hacía cuatro años en Brisas de Jamaica y ya todos en la cuadra conocían su rutina como mototaxista. “A las 5:00 a.m. salía todos los días a trabajar. La señora se quedaba con los niños y algunas veces, cuando a ella le tocaba salir, los dejaba con la abuela”, explicó Rubiela.

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Antony era un excelente mecánico de motos. Según los que lo conocieron, era un ilustrado en desarmar y armar cada una de las partes de cualquier motocicleta. Era a quien todos en el barrio acudían para cualquier duda en materia automotriz. “Ellos eran buenos vecinos, no se metían con nadie. Él era mototaxista y era un duro con la moto. Los domingos, cuando le quería hacer mantenimiento a la moto, la desarmaba toda. Ya en la tarde, la tenía nuevamente armada. Su esposa era bien bonita, y le decíamos La Mona. Es una lástima que los hayan matado así, dejando a esos niños solitos”, explicó.

 width=Al salir Diana Fabiola y José Antonio de su casa, los tres hijos de la pareja quedaron bajo llave y al cuidado de la abuela.

Las autoridades desconocen la causa por la cual ellos se encontraban en esa zona, pero lo que sí se conoce es que una de las motos en la que se desplazaban las cuatro personas fue hurtada: la moto en la que se movilizaron Diana Fabiola Cifuentes Ríos y José Antonio Aroca, la pareja de esposos. “No se sabe quién los citó y si iban a hacer alguna actividad a Aipe. Estamos ya con un grupo fuerte de policía judicial de la Sijín investigando para esclarecer el hecho”, puntualizó el coronel León Montes.