viernes, 20 de febrero de 2026
Judicial/ Creado el: 2015-11-14 10:13

Las historias detrás de los hornos crematorios de los ‘paras’

Imitando lo hecho por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, el Frente Fronteras de las AUC logró desaparecer a cerca de 560 personas. Un aguerrido periodista logró llegar a estos lugares de muerte y relatar, desde la mirada de tres familias, la infamia de la guerra. Exclusivo DIARIO DEL HUILA.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 14 de 2015

Esto no ocurrió en 1943 en la Alemania nazi. Sus métodos fueron similares, pero la época y el lugar de los hechos esta fuera del contexto de la Gran Guerra. Lejos de ser detenidos por las autoridades de la ciudad de Cúcuta, pero sí a tan solo 30 minutos de esta, se registraron estos degradantes relatos que la humanidad creía ya superados luego del horror que fue la aparición del Tercer Reich. Para vergüenza internacional, paramilitares en Colombia acondicionaron como crematorios unas ladrilleras para desaparecer seres humanos.

Los hechos son relatados en profundidad por Javier Osuna Sarmiento, periodista e investigador social, quien se llenó de valentía y en 2012 decidió irse tras el rastro de las cenizas de Luis*, Víctor* y Moisés*, quienes desaparecieron y posteriormente fueron asesinados.

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Javier Osuna Sarmiento es periodista e investigador. Desde 2008 investiga los impactos de fenómeno paramilitar en Norte de Santander. (Foto: cortesía Javier Osuna Sarmiento)

Sus cuerpos fueron echados al fuego en los hornos crematorios de los paramilitares del Frente Fronteras del Bloque Catatumbo de las AUC en las veredas Juan Frío, zona rural de Villa del Rosario, municipio de Norte de Santander. Estos desmanes de muerte y desolación, de paz y esperanza, son recogidos en su reportaje que tituló ‘Me hablarás de Fuego’, un relato que por poco a él también le cobra su vida. Y así comienza su relato.

La muerte ronda en la frontera

Los ‘paras’ tenían todo controlado. El comercio informal, las empresas, los órganos de control, lo fiscales, las autoridades civiles locales y la regional y, por supuesto, la Fuerza Pública. Así, los sicarios podían transitar las calles con total libertad sin ser perseguidos ni responsabilizados de tales asesinatos.

 width=Bajo las órdenes deJorge Iván Laverde Zapata, alias El Iguano, el Frente Fronteras del Bloque Catatumbo realizaron esta masacre en estos hornos.

“Había días en que en Cúcuta perfectamente podían amanecer 40 y 45 muertos en las calles. Las autoridades registraban diariamente el doble de asesinados que la taza nacional de homicidios”, explicó el periodista a DIARIO DEL HUILA. Un contexto en el que la muerte se movía a su antojo.

¿Y por qué cremar cuerpos?

Entre 2001 – 2003, los paramilitares del Frente Fronteras del Bloque Catatumbo de las AUC comandadas por Jorge Iván Laverde Zapata, alias El Iguano, ideó esta forma para deshacerse de los cuerpos de las personas que ellos consideraban cómplices de la guerrilla de las FARC. Sin embargo, empiezan a darse los primeros avances en un proceso de negociación entre ese grupo armado ilegal y el Gobierno Nacional de Álvaro Uribe Vélez.  “Río Frío queda a solo 30 minutos de Cúcuta, que es otra de las grandes infamias de este crimen. Todo sucedió al lado de las autoridades, en frente de quienes debieron hacer algo para evitar esto”, resaltó.

 width=Luis y Víctor fueron dos de los tres asesinados y calcinados en los hornos crematorios de los ‘paras’ en Norte de Santander. (Fotos: cortesía Javier Osuna Sarmiento)

Es así que en este proceso, vienen los primeros procedimientos de exhumación. “Comenzaron a esconder esos cuerpos en fosas comunes siguiendo órdenes de Carlos Castaño. Ellos querían que esos cuerpos no se encontraran porque generarían problemas a las autoridades que mantenían una relación de complicidad con ellos. Además, porque si se hubiesen descubierto esos cadáveres durante la negociación, eso hubiese sido un escándalo”, analizó Osuna Sarmiento.

Muertas o vivas, al horno

Ante la imposibilidad de arrojar esos cuerpos al río, como lo hecho en Caquetá y Casanare, toman la determinación de adecuar unas ladrilleras en Juan Frío donde incineraron los cuerpos de 560 seres humanos. “Al comienzo, los paramilitares metían allí los cuerpos de personas ya asesinadas. El asunto es que los hornos siguieron funcionando, y los paramilitares comenzaron también a llevar a gente viva a meterla allí a arder”, subrayó.

Sin embargo, esta idea fue la palabra de las víctimas y la prensa, contra la del asesino, quien aseguró ante los fiscales de Justicia y Paz que ellos los metían ya muertos. “Lo que si estoy seguro es que llevaban gente a estos escenarios y los torturaban con la idea que los iban a calcinar. Mientras los golpeaban, los torturaban, los lastimaban, les hacían entender que los iban a cremar”, dijo el periodista.

Un homenaje a la vida

Luego de la desmovilización, se empiezan a conocer las confesiones de los excomandantes de los ‘paras’. Sin embargo, la prensa redacta las noticias desde lo que decía el perpetrador. “Nadie como que se preocupaba por identificar a las víctimas o tratar de establecer su identidad.

Entonces, yo quedé como con una sensación de deuda entre 2008 y 2009 cuando escuché este tema por primera vez. Tomé entonces la decisión de volver a escribir sobre este tema con mayor profundidad, haciéndole un homenaje a esa vida que trascendió más allá de las cenizas, que se resiste a ser removida del paisaje”.

La anécdota de una madre

Las familias que viven en Cúcuta y en zonas limítrofes con el Catatumbo han aprendido a cargar con ese dolor y desconfían por completo de todo el mundo y, por puesto, de los periodistas. Pero en medio de este panorama, Javier logra que una de las madres empiece a relatarle su historia a partir de una anécdota aparentemente sin sentido: la historia de un cucarrón.

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Pese al tiempo, aún se mantienen los vestigios de la masacre. Trozos de ropa, suelas calcinadas de zapatos es lo que aún existe en aquel lugar. (Fotos: cortesía Javier Osuna Sarmiento)

“La primera persona que pude contactar para este trabajo fue la mamá de Luis, un muchacho de 17 años que los paramilitares desaparecieron en los hornos de Juan Frío. Yo asistía a un encuentro de víctimas que organizaba Asfades, y allí encontré a esa madre”, contó el comunicador en su entrevista con una de las madres de uno de los muchachos asesinados y relatados en su libro.

“Empezó a contarme que durante los días posteriores a la desaparición de su hijo, un cucarrón volaba sobre su cabeza. Ella desesperada del insecto que se le atravesaba en medio de tanta angustia, le gritó ‘¡No más Luis, váyase para la pieza!’, le dijo el nombre de su hijo quien llevaba dos días desaparecido. El cucarrón le hizo caso, y se fue al patio de la casa a meterse entre un madero que había allí”, recordó.

Y allí empezaría su reto

Son tres historias que están reconstruidas en el libro. Están contadas en primera persona, pero construidas a partir del testimonio de los familiares y amigos de las víctimas. Para llevar a cabo esta investigación, el periodista viajó a Juan Frío, escenario en el que confirmó que definitivamente, el paramilitarismo en la frontera sigue vivo. “Esta zona sigue estando bajo el control de los paramilitares. Hay presencia de lo que las autoridades llaman Bacrim, que en realidad son reductos de estos grupos ilegales que aún hacen presencia en la misma zona desde aquellos años”, resumió.

El tiempo se habría detenido allí

Antes de emprender el viaje, las familias de Luis*, Víctor* y Moisés* le pidieron a Osuna que tratara de ubicar algún indicio de sus seres queridos asesinados allí. “Eso es imposible”, les habría dicho. Sin embargo, al llegar allí pareciera que el tiempo se hubiese detenido. Pese al drástico paso del tiempo, entre las piedras, en medio de la maleza que parece querer tragarse el lugar, aún están los rastros de los incinerados. Zapatos, pedazos de ropa y, al interior de la ladrillera en donde hipotéticamente colocaban a las víctimas, manchones en lo que pudiesen ser rastros de cenizas humanas. “En esa visita, que hicimos durante el proceso de documentación tuvimos casi que salir corriendo de la toma de las fotos en ese espacio”, dijo Osuna Sarmiento.

Y sí que le tocó salir corriendo. Después de su última visita a Norte de Santander, por poco muere calcinado en un atentado en su apartamento por los mismos perpetradores de la masacre en Juan Frío. El 22 de agosto de 2014, desconocidos llegaron a su apartamento en el barrio Galerías en Bogotá y le prendieron fuego, con la firme idea de desaparecer su investigación y de paso, ‘cremarlo’ como lo hicieron 10 años antes con los protagonistas de su relato.

“Cuando yo termino de documentar el tercer caso que está documentado en el libro, desconocidos me siguen desde Cúcuta hasta mi casa en Bogotá. Llegando allá, esa gente logra incinerar mi apartamento. Quemaron mis computadores en donde guardaba la investigación”, contó Javier a esta Casa Editorial.

El milagro de su padre

Pero la idea de querer no dejar rastro del trabajo periodístico de Osuna no fue lograda por los guerreristas. “Yo de verdad estaba muy deprimido por esos días después del incendio porque sentía que todo se había perdido. Pero pasó algo como realmente milagroso. Había hecho un viaje a Caquetá y había empacado muy mal, y creí que se me había perdido una USB que tenía un backup con parte de la transcripción de las entrevistas del trabajo”, contó.

Y fue una medallita de la Virgen de los Milagros, obsequiada por su padre ya fallecido a causa de un cáncer, la que, según los avatares de la vida, salvó de las llamas su trabajo. “A mí me dicen desde Reporteros Sin Fronteras que empaque muy ligero y me vaya, porque el apartamento está bajo vigilancia. En la maleta metí como cosas elementales. Yo cojo la maleta con la que hice ese viaje a Caquetá y cuando yo llegué al apartamento metí la mano para sacar lo poco que eché, encontré al lado de esa USB con el trabajo la medallita de la Virgen de los Milagros. Y supe que mi padre estaba allí”.

La memoria y su aporte a la paz

En medio de hornos crematorios, relatos de muerte y palabras de vida, el periodista hizo un llamado a que las autoridades de este Departamento preserven este lugar, como lo hecho por el Gobierno de Polonia y la UNESCO en 1979 con el campo de exterminio en Auschwitz.

“Esta ladrillera se está viniendo abajo, pero lo más doloroso es que no se está haciendo nada para mantener la memoria de este espacio, como volverlo un museo para nunca se vuelva a repetir. Pero el tiempo pasa y la historia se está desmoronando”, denunció el comunicador.

Finalmente, Javier dejó esta reflexión frente al papel: “Yo soy un convencido que en la medida en que nombremos la pérdida vamos a poder sentir solidaridad con las familias. La misión importante de este libro entonces es que a los seres humanos no se les puede desaparecer como un objeto, porque mantenemos una relación mucho más profunda con la vida, con los seres que amamos, con sus luchas, con sus logros. En Colombia tenemos que romper la indiferencia de la desaparición, y la mejor manera es celebrar la vida y no quedarnos señalando la muerte”, puntualizó.

* Los nombres de las víctimas fueron cambiados para proteger a sus familias, quienes aún siguen recibiendo amenazas.

Perfil de Javier Osuna

Magíster en Investigación Social Interdisciplinar de la Universidad Distrital; comunicador social y periodista de la Universidad de La Sabana. Autor del libro ‘Me hablarás de Fuego’ que narra el uso de hornos crematorios de los paramilitares en Norte de Santander.

En 2009, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar con el reportaje “La prensa silenciada”, el mismo año obtuvo el Premio Nacional de Periodismo CPB (Círculo de Periodistas de Bogotá) en la categoría de Nuevos Medios con el portal Verdad Abierta.com, donde se desempeñó como corresponsal en Bogotá cubriendo el proceso de Justicia y Paz con las autodefensas.

En 2011, ganó la Residencia Artística del Ministerio de Cultura y El Consejo de Artes y Letras de Quebec con su libro Wendigo. Desde el 2005, trabaja como director de la revista literaria Fahrenheit 451 y como representante legal de la Fundación Fahrenheit 451, que utiliza la literatura como herramienta de cambio social con diferentes segmentos de la sociedad.

En este momento, se desempeña como director del Festival de Literatura de Bogotá y profesor catedrático de la Universidad de la Sabana y la Universidad Minuto de Dios, donde dicta materias relacionadas con el conflicto armado, derechos humanos, medios digitales y talleres de redacción de reportaje de prensa.