Huellas del conflicto armado en el Huila
La noche sin fin de Oporapa. Más de 200 guerrilleros de las FARC, en el 2002, se tomaron la población a sangre y fuego durante dos días dejando semidestruido el municipio. Las FARC fueron condenadas a pagar una millonaria indemnización y aún no han cumplido.
Guillermo León Sambony
Diario del Huila, Garzón
Los habitantes del ‘Pesebre del Huila’, como le llaman al municipio de Oporapa, ubicado sobre la ladera de la cordillera Central de Los Andes, uno de los principales productores de café, difícilmente olvidarán la cruenta toma guerrillera de las FARC en los fatídicos días 10 y 11 de julio de 2002.
Años después, un desmovilizado de esa guerrilla confirmaría que en la acción insurgente participaron más de 250 guerrilleros de la columna Uriel Varela, la mayoría recién incorporados a las filas y oriundos de Nariño y el Cauca.
“Nos trajeron al Huila, a reforzar los frentes 13 y al 61, y debutamos en las tomas de Maito y Oporapa, donde las FARC recibieron uno de los peores golpes del Ejército en esos años.
“No conocíamos el terreno y al emprender la retirada tras la toma de Oporapa, nos fuimos por un camino a cielo abierto, donde los aviones bombarderos de la FAC acabaron fácilmente con el grupo guerrillero”, señaló el excombatiente.
Aunque versiones extraoficiales señalan que en la arremetida del Ejército por tierra y aire contra el grupo guerrillero, que participó en las tomas del centro poblado de Maito en Tarqui y en el municipio de Oporapa, murieron más de 200 guerrilleros, solamente se han encontrado 30 cadáveres enterrados como NN en el cementerio de La Plata y otros 30 en una fosa común.
La toma guerrilla
La incursión guerrillera de las FARC a Oporapa se inició hacia las cinco de la tarde del fatídico miércoles 10 de julio de 2010. Horas previas a la toma, escuadras de la columna Uriel Varela se apostaron en diferentes vías de acceso al municipio, a detener a las personas y vehículos que llegaban o salían de la población.
“Yo, en ese tiempo hacía controles de inversión con el Banco Agrario de Saladoblanco. Venía para Oporapa, y en la vereda La Maica, como a las cinco de la tarde, la guerrilla estaba colocando un cilindro de 100 libras”.
“A mí me hicieron devolver para que le comprara unos cigarrillos a los guerrilleros con un billete de 20 mil pesos. Solo pude llegar hasta la vereda San Ciro, donde más de 20 personas estaban detenidas. Allí observamos durante toda la noche la toma guerrillera. Recuerdo que nos dolió mucho observar impávidos e impotentes la quema del billar del finado Willington Ortiz, donde solíamos jugar los fines de semana”.
“Fueron muchos los comerciantes de este municipio que quedaron en la ruina porque les quemaron los negocios que estaban cerca a la estación de policía y desde entonces, nuestro municipio quedó estigmatizado para siempre como zona roja y hoy está por fuera de los municipios que van a ser reparados con recursos del postconflicto”, relató el actual alcalde de Oporapa, Pablo John Trujillo.
La táctica de la guerrilla fue tomar como rehenes a los habitantes de las casas de la población que estaban al frente de la estación de policía y desde allí, atacar la estación donde había en ese momentos 16 uniformados que repelieron el ataque internándose en los túneles que se habían construido previendo este tipo de acciones de la guerrilla.
El internarse en los túneles, les permitió a los 16 valientes policías sobrevivir al ataque de las FARC, que con explosivos, ametralladoras M60, granadas y fusiles les hizo la enfurecida guerrilla durante 19 horas continuas.
En el informe del suboficial, entonces comandante de la estación de policía de Oporapa, sobre la toma guerrillera, al comandante del Departamento de Policía Huila, se reflejan las dimensiones terroríficas de la cruenta toma:
“Posteriormente, se escuchó el apoyo aéreo, el cual realizó un sobrevuelo disparando varias ráfagas contra los subversivos, sin que los bandoleros abandonaran su propósito de someter a los policiales, asesinarlos y hurtar su armamento, siguiendo con el ataque con mayor intensidad y lanzando artefactos incendiarios hacia las instalaciones, encendiendo estas en su totalidad, lo que hizo que algunos cilindros de gas que no habían detonado, explotaran dejando las instalaciones totalmente en el suelo, quedando el personal policial debajo de los escombros desde donde se continuó repeliendo el ataque con efectividad, sin permitir que los bandoleros se acercaran a las instalaciones y ocasionaran mayor daño”.
“En reiteradas ocasiones, los subversivos gritaban que nos entregáramos, que no perdiéramos la vida por un fusil, que ellos nos respetaban la vida, a lo que el personal haciendo caso omiso, continuó repeliendo el ataque neutralizando la acción de los terroristas”.
“El ataque se prolongó toda la noche y hasta aproximadamente las 12:00 horas del día 11 de julio de 2002, ya que al llegar el apoyo aéreo, los bandoleros se replegaron hacia la parte más alta, en un cerro ubicado aproximadamente a 500 metros de la localidad, desde donde continuaron lanzando al parecer, granadas de mortero hacia las instalaciones y disparos hacia el apoyo aéreo”.
“Hacia las 12:30 horas, observamos cómo algunos habitantes empezaron a salir hacia el parque de la localidad, gritando hacia los escombros de las instalaciones policiales para ver si estábamos vivos, a lo cual respondimos que estábamos bien pero que nos colaboraran verificando si los bandoleros se habían marchado, respondiendo que los helicópteros los habían hecho irse hacia la loma y que saliéramos, lo que efectivamente hicimos, llegando hasta el parque y regándonos en el mismo, constatando las novedades de personal, encontrando satisfactoriamente que todos habíamos respondido de manera efectiva y valerosa y que no había pérdidas humanas, ni heridos graves, solo nos encontrábamos aturdidos por las ondas explosivas y algunas escoriaciones por esquirlas de los artefactos explosivos”.
“Las instalaciones policiales quedaron totalmente en ruinas al igual que las viviendas vecinas, quedando en la localidad desolación y tristeza ante la pérdida de trabajo de toda la vida de los habitantes”, informó el policial”.
Indemnización que las FARC, no cumple
El 31 de diciembre de 2003, el Juzgado Primero Especializado del Circuito de Neiva condenó a seis guerrilleros de la Farc, que comandaron la toma guerrillera a Oporapa, a la pena principal de 38 años de prisión, además de una multa de 4.500 salarios mínimos legales mensuales vigentes a favor del municipio de Oporapa y a cancelar la suma de 650 salarios mínimos legales mensuales vigentes a los herederos de las víctimas (entre ellos Roberto Chaux Motta); al hallarlos responsables del delito de rebelión y coautores responsables de los delitos de homicidio en persona protegida en concurso, homicidio agravado en concurso, utilización y medios y métodos de guerra ilícitos, actos de terrorismo y daño en bien ajeno en concurso.
Dicha providencia fue confirmada en todas sus partes el 15 de abril de 2004 por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva.
“Sería bueno que en La Habana, el presidente Santos, le recordará al ex seminarista Iván Márquez, la cancelación de estos recursos tanto al municipio como a las víctimas, para que desde ya, vayan aprendiendo a cumplirle a la ley colombiana” señaló Graciela Ñañez Imbachi, habitante de esta población.
Igualmente la Sala Cuarta de Decisión del Tribunal Contencioso Administrativo del Huila, con ponencia del magistrado Ramiro Aponte Pino, condenó a la Nación a cancelar a título de perjuicios morales a la esposa y a cada uno de los 13 hijos del señor Roberto Chaux Motta, uno de los muertos de la población civil en la toma guerrillera, el equivalente a 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes ($ 46.150.000).
Testigos
Ovidio Vélez Chávarro, Presidente Concejo de Oporapa:
“A mi junto a doce personas, nos tuvieron secuestrados ese día durante varias horas. Estábamos sacando una madera por la vía a la Argentina y la guerrilla nos inmovilizó mientras transportaban los cilindros que llevaban para la toma. Esa experiencia fue muy dolorosa y ojala nunca se vuelva a vivir en este municipio que colocó muertos, desplazados y quedó prácticamente arruinado no solo por esa toma sino por un sinnúmero de acciones de las Farc, y hoy no es tenido en cuenta para las inversiones del postconflicto”
Gerardo Trujillo Buendía, padre del actual alcalde:
A la media noche del primer día de la toma, cesó el fuego y pensamos que la guerrilla se había ido. A los pocos minutos aparecieron varios guerrilleros en la puerta de nuestra casa y a la fuerza y con amenazas no sacaron de nuestras residencias y nos llevaron al salón parroquial donde ya estaban varias familias que habitábamos en el contorno del parque. Allá nos tuvieron como rehenes porque desde allí les disparaban a la policía y claro ellos, a lo mejor no les respondían porque sabían que nos tenían allí como escudos humanos. Eso fue algo horrible que nosotros no podemos olvidar. Ojala se consolide la paz con este grupo para que estos hechos no se vuelvan a repetir nunca más en el país”.
