jueves, 19 de febrero de 2026
Judicial/ Creado el: 2016-06-16 06:43

Historias de guerra en los albores de la paz

Esta es la historia de dos mujeres golpeadas por las cadenas de la guerra, una que aunque es visible su “final”, sigue latente en su memoria y en sus corazones.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 16 de 2016

La siguiente es la historia de dos damas que han vivido en carne propia la crueldad y vejámenes de la guerra en carne propia, en las que han perdido varios de sus familiares en un conflicto armado que data de hace más de 50 años y que aunque en la actualidad, se vislumbra una salida pacífica entre sus dos actores –Estado y guerrilla- un tercer actor, que es la población civil y quien es el que más ha sufrido, en gran parte se niega a creer que esta salida sea una verdadera solución.

 

El desventurado trasegar de Beatriz y su familia

La primera impresión de Betty*, que es como a ella le gusta que la llamen, es la de una mujer emprendedora, valiente y arriesgada, aunque en sus ojos se puede ver la amargura producida por tristezas pasadas, también se ve la pujanza y la fuerza necesaria para continuar en su camino en pos de ayudar a sus personas queridas y a los demás.

El comienzo de sus desventuras se remonta al año 1998, cuando es asesinado su esposo presuntamente por la guerrilla de las FARC. Beatriz y su cónyuge vivían en San Vicente del Caguán y trabajaban en una fonda de su propiedad. Hasta el momento, y como es bien sabido, en las zonas de influencia de la insurgencia las personas tienen que hacerle los favores que ellos les pidan, cosa que ellos cumplían, como muchos.

Los servicios que cumplía Jaime –que era como se llamaba su esposo- consistían en llevarles remesas a la hora que se las solicitaran, además de hacerles viajes con una camioneta de su propiedad.  Los problemas comenzaron cuando un día cualquiera, a finales de agosto, el compañero de Betty hizo un alto en el camino y les expresó que podía hacer una sola cosa; o bien, pagaba vacunas por medio de las remesas o bien, les pagaba con trabajo al movilizarlos en su vehículo.

Esta decisión fue como si Jaime hubiera firmado su sentencia de muerte, ya que apenas llegó a oídos del comandante, quien era alias el Paisa, lo primero que hizo fue considerarlo como paramilitar y secuestrarlo por espacio de un mes; y aunque después quedó en libertad, a los pocos días en un bar de San Vicente del Caguán fue impactado por arma de fuego en siete ocasiones, dejándolo en estado crítico por espacio de dos días, pero eso finalmente acabó con su vida.

“A mi esposo, antes lo secuestraron casi un mes, después de que le realizaron un seguimiento, después lo soltaron pero a los pocos días lo asesinaron en el pueblo, él estaba en el billar de San Vicente del Caguán jugando cartas y de ahí lo llamaron al bar de Omaira, que quedaba al lado y cuando iba entrando al bar, le empezaron a disparar desde el interior del bar, recibió siete tiros y estuvo vivo dos días en Florencia, pero dada la gravedad de las heridas falleció”, apuntó Betty visiblemente afectada.

Tiempo después, se supo que un miliciano conocido como el Muñeco, fue quien asesinó a Jaime; Betty, al enterarse de eso se acercó mucho a los milicianos, cosa que no fue de gran dificultad ya que en la llamada “zona de despeje”, que en ese tiempo abarcaba buena parte del sur del país, el relacionarse con la guerrilla además era necesario, ya que ellos eran la ley en esta zona. Para conseguir su objetivo, ella entró a trabajar en un local donde vendían bebida y así fue como supo la verdad del homicidio de su esposo.

Con lo que ella no contaba, era que en su intención de llegar al fondo de la historia de por qué habían matado a su cónyuge, se iba a ver inmiscuida con un siniestro personaje conocido con el alias de Pierna Maldita, quien a su vez, era el superior inmediato del asesino de Jaime. La vida le volvió a jugar una mala pasada, ya que con el paso del tiempo, se fue involucrando cada vez más con Pierna Maldita a tal punto que, después de varios meses, Betty recibió la noticia de que esperaba una niña de aquel hombre.

Cuando la niña nació, Pierna Maldita engañó a Betty con el objetivo de que fuera hasta el campamento donde él vivía, cosa que de inmediato Betty rechazó; el miliciano, al ver está reacción, mandó a hombres bajo su autoridad a que la llevaran a la fuerza hasta Cartagena del Chairá, donde ella y su hija recién nacida estuvieron por espacio de pocas semanas, pero afortunadamente en un descuido, ella consiguió escapar de una vez por todas. Poco tiempo después, el comandante guerrillero fue dado de baja por el ejército, lo cual dio por concluido este negro capítulo para ella.

Pero a las desventuras de esta mujer todavía les quedaba un capitulo; en el año 2011, su hijo de 14 años en compañía de una sobrina, eran reclutados por la columna móvil Teófilo Forero a las afueras de San Vicente del Caguán. Inmediatamente, Betty empezó una búsqueda incansable con el objetivo de dar con su paradero; después de muchas vicisitudes, pudo hablar con el comandante de esta división de la guerrilla quien resultó ser un viejo conocido, el Paisa; este, al reconocerla se apiadó de ella y le entrego a los jóvenes, cosa que según la propia Betty fue casi un milagro, pues las probabilidades de éxito eran muy reducidas.

 

Una hermana que no pierde la esperanza

María Adelaida Lozada Montenegro* es una mujer fuerte y decidida, que la mayor parte del tiempo deja ver una sonrisa ante los demás, pero en el fondo lleva sufriendo desde hace mucho tiempo una gran pérdida. Esta fue causada por el secuestro de su hermano, quien fue privado de su libertad el 20 de enero del 2003 en la Macarena, Meta.

José Arbelay Lozada Montenegro en ese tiempo era comerciante y llevaba granos y abarrotes para esa región del país. Al igual que en muchos viajes, todo iba normal, cosa que cambió en el momento en que estando en La Macarena, recibe un llamada de una mujer que se identificó como miembro de las FARC y quien le exigió que llegara a una cita en un cruce de vías conocido como la Ye.

El hermano de María acudió al llamado de la miliciana con el chofer de una turbo de su propiedad; cuando llegaron a la cita, la guerrillera le dijo que tenía que subir a su auto y dirigirse a su campamento con el fin de hablar con su comandante, cosa que el hizo sin objetar; antes de irse, la mujer le dijo al conductor que ella lo llamaba para que fuera por su jefe.

Pero las cosas no sucedieron de ese modo, al poco tiempo de que se llevaran a José Arbelay, la guerrilla se comunicó con la familia Montenegro y le exigió a cambio de la libertad del comerciante que les enviran otros dos tracto camiones y la turbo de su propiedad llenas de abarrotes, cosa a la que sus familiares accedieron de inmediato.

“En el mismo sitio en que citaron a ni hermano, se encontraron los tres conductores, el de la turbo y los de los otros dos camiones, y ahí de una se los llevaron; hasta el sol de hoy no los hemos vuelto a ver”, concluyó María Adelaida.