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Judicial/ Creado el: 2016-04-23 10:57

Geovanny Muñoz: un año de impunidad

La tarde del 23 de abril de 2015 se dio a conocer la noticia del joven neivano hincha de Millonarios que falleció tras seis días de haber estado en la UCI del Hospital Universitario. La madrugada del 18 de abril fue encontrado en la glorieta del Terminal de Transportes fuertemente golpeado. Un año después, su muerte aún sigue siendo un misterio.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 23 de 2016

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Geovanny Muñoz, un barra brava que recorrió miles de kilómetros para ver jugar en cada cancha del país a su equipo de fútbol favorito: Millonarios, y que pertenecía a la filial de Neiva; al final, perdió su vida lejos de las canchas, lejos de la carreteras que recorría por ver a uno de sus amores (su hija y su esposa, sus otros dos amores). Sin esperarlo y sin saber cómo, el 18 de abril del 2015 fue encontrado golpeado en la glorieta que queda a las afueras del Terminal de Transportes. La tarde del 23 de abril los galenos daban la noticia, Geovanny había fallecido.

“¿Sabe? le voy a hablar con toda la sinceridad del mundo, le voy a decir como era Geovanny y como él pasó su vida siendo muy feliz”, expresó Íngrid Johana Ortiz Rubio tomándose un jugo en un sitio reconocido de la ciudad de Neiva, donde llegó para hablar de la vida de Geovanny Muñoz, su esposo, amigo, confidente y amor.

“Viajó a muchos estadios, le encantaba ver a su equipo donde jugara, “amor, tranquila, yo la paso contento viendo a Millonarios, es mi equipo del alma, estare bien”, me decía cuando se iba a viajar para ver al Embajador. Yo solo pedía a Dios que le fuera bien y regresara bien”.

Íngrid Ortiz, su esposa, tiene 28 años de edad, una mujer que muchos admirarían, luchadora, sencilla y muy hermosa, ha sabido sacar adelante a su hija Saidy Yuliana Muñoz, de 7 años. Ella trata de sonreír, pero en su mirada aún está el recuerdo de aquel 23 de abril de 2015.

La lucha de una mujer verraca

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“No podía hacer nada, es que él quería mucho a su Millonarios y yo también me hice hincha de Millonarios, queria que fuera feliz”.

Íngrid siempre tiene presente a Geovanny, a quien sus amigos de barra y de trabajo le llamaban Truncho, otros, Zarigüeya, siempre le decian asi de cariño, ellos tambien lo querian mucho. Su conversación es una composición donde las alegrías se confunden en medio de una voz tierna pero que esconde la tristeza.

“Disfrutó tan poquito con mi hija, cómo me hubiera encantada tenerlo toda la vida junto a nosotras. Pero así es la vida, son cosas de Dios. Dice Íngrid, tratando de ser fuerte, tratando de superar los momentos tristes que ha tenido que vivir en el último año, tratando de sanar su corazón”.

Al fondo del sitio donde nos encontrábamos, sonaba algo de música rock, “hace mucho no venía a un sitio donde hubiera música, he tratado de ser feliz y de recuperarme un poco”, comentó Íngrid quien se encontraba por estos días en Neiva descansando. Ella se fue de la ciudad con su hija, ahora vive en Jumbo, (Valle) con su mamá.

El amor por su hija

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“Lo hice por Saidy, ella no estaba bien y yo me la pasaba trabajando, no la podía descuidar, salía muy temprano de la casa y volvía tarde. La mayoría de los días cuando llegaba del trabajo la encontraba dormida. Ahora, allá en Jumbo tengo más tiempo y ella ha cambiado mucho. No lo niego, nos hace falta Geovanny”.

Mientras en el sitio muchas personas conversan con sonrisas, algunos escuchan sus canciones preferidas, otros como parejas de enamorados charlaban suavemente, Íngrid cuenta su historia. La historia de aquel amor que después de 10 años de relación se le había ido para nunca jamás volver.

Esta mujer muestra fortaleza, miles de recuerdos se le vienen a la cabeza y por más que quisiera llorar, las lágrimas se esfuman como aquel día que vio a su amor por última vez.

“No lo olvido, nunca olvidaré a Geovanny, mi gran y único amor, cómo olvidarlo si me hizo tan feliz en 10 años, en mi corazón siempre estará presente”.

Geovanny recorrió las carreteras de Colombia para ver a Millonarios, pero quienes lo conocieron, siempre decían que fue una persona que soñaba con ver a su equipo campeón y el 16 de diciembre de 2012 lo logró y festejó como nunca lo había hecho. Siempre el temor de su familia era que perdiera la vida en uno de esos viajes, pero al salir de la casa, volvía dos o tres días después, contento por haber visto al equipo de sus amores.

Del proceso judicial, Íngrid solo sabe que la Fiscalía dio el caso cerrado en agosto del año pasado, que si encontraban algún indicio de su muerte volvían a abrir el caso, pero por el momento, todo ha quedado callado, como si la verdad de lo que pasó el día que él salió de su casa a una discoteca de la ciudad, se hubiera ido con él.

Aquel 18 de abril

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La noche del viernes 17 de abril Geovanny salió de su casa, fue la última vez que vio a su esposa e hija, iba a una discoteca que queda a las afueras de la ciudad y con unos amigos se divertiría. Pero según algunas fuentes extraoficiales, esa noche hubo una pelea en el sitio donde se encontraban, algunos testigos aseguraron que Geovanny resultó implicado en ella y que vieron cómo lo tiraban del segundo piso del sitio.

“Pese a ello, a Geovanny no le pasó mayor cosa al caer, él se levantó y por sus propios medios se fue”. Contó la semana siguiente uno de sus amigos.

Pero los hechos ocurridos entre la noche del 17 y la madrugada del 18 de abril de 2015, resultaron ser misteriosos y ahí comenzaba el calvario para la familia de Geovanny Muñoz. Muchas versiones se empezaban a dar, todo era confuso.

“Que hubo una pelea en la discoteca donde estaban, luego decían que no hubo nada de peleas, que Geovanny salió tomado y unos amigos lo montaron a un taxi y le dijeron que lo llevara a donde vivía, que salió caminado del sitio y cogió a correr por toda la carretera, muchas versiones se dieron”, expresó Efraín Muñoz, padre del joven hincha de Millonarios.

Pero la historia se torna más confusa porque según las cámaras de la glorieta cercana al Terminal de Transporte, muestran que minutos después de que supuestamente Geovanny salió de la discoteca donde estaba, apareció en ese sitio.

“Tomó otro tipo de actitudes, se caía, volvía y se paraba, se daba golpes contra las estructuras del monumento. El vigilante de Coovipore lo ve y llama al patrullero de la policía que está en el Terminal. El hace lo correspondiente, llama al cuadrante, ven a Geovanny ahí tomando esas actitudes y lo único que dicen que él está es borracho, dos horas dejan a mi hijo y se van. Él sigue tomando esas actitudes, daba vueltas como loco por la glorieta, esas versiones las tenemos porque nosotros también indagamos y era lo mismo, las cámaras que la policía nos mostró”, dijo el padre de Geovanny.

Aún exigimos justicia

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Las patrullas de la policía seguían pasando, ninguna hacía nada por Geovanny, parece que la indiferencia en ese momento era el mejor aliado para los uniformados que, al parecer, la negligencia era lo que se estaba viendo.

“A las 4:15 de la mañana, ya mi hijo se desploma totalmente y comienza a convulsionar. Llaman nuevamente a la patrulla y a una ambulancia, pero esta nunca fue. La patrulla sí fue y montan a mi hijo y lo llevan al IPC donde ingresa como NN y por dizque accidente de tránsito. En la historia clínica dice que él no presentaba sangrado, le hicieron un examen de orina y detectaron que tenía hemorragia interna, lo entuban y es remitido al Hospital Universitario de Neiva, allí lo llevan a cirugía. El médico especialista nos dice después que si a Geovanny lo hubieran traído a tiempo, él no hubiera entrado a un estado tan crítico, hubiera quedado de pronto con algunas lesiones pero no tan graves para ocasionarle la muerte. Él tenía un edema grave que comprometió la mitad de su cerebro y sus pulmones”, aseveró Efraín Muñoz que vive en Acacías (Meta).

Seis días duró Geovanny Muñoz en la unidad de cuidados intensivos del Hospital General de Neiva y la tarde del 23 de abril, la triste noticia se dio. Un año después de su muerte y con el proceso cerrado por parte de la Fiscalía, quienes no hallaron negligencia en la Policía tras los hechos, su familia aún sigue pidiendo justicia.

Ayer se cumplió un año sin los viajes de Geovanny, que a los 22 años de edad dejó de vivir, “pero desde la lateral más alta del cielo sigue alentando a Millonarios”, expresaron sus amigos hinchas del equipo capitalino.

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