Evitaron que taxista se lanzara del último piso del Palacio
Funcionarios judiciales, de la Defensoría del Pueblo, de la Secretaria de Salud Departamental y familiares de José Alberto Narváez, de 37 años de edad, evitaron que este se lanzase al vacío. El embargo de su taxi por cuenta de un juzgado civil de Neiva fue la causa de su fatal intento de quitarse la vida.
El tráfico era lento. Los ciudadanos todos miraban hacia el horizonte. Como si fuese un partido de futbol, todos en las afueras del Palacio de Justicia se comían las uñas, pero no de pasión sino de horror. Y todo por cuenta de un hombre quien, al conocer supuestamente que perdería su taxi en un embargo, decidió subirse al ventanal del décimo piso del Palacio de Justicia de Neiva, e intentar desde allí lanzarse e irse así de este mundo.
El taxista creyó que su carro estaba ya en remate, pero solo había estaba embargado. Por eso, los funcionarios judiciales le pusieron a leer el proceso.
Horas tensionantes
Fueron más de dos horas de tensión, lloro y gritos, los cuales advertían de una posible escena que terminaría en el primer piso del edificio. Al lugar arribó un sacerdote, quien le pidió que se encomendara a su Dios para salir de su mal momento económico, pero Narváez tampoco escucho. Llego también una trabajadora social, un psicólogo y hasta un “culebrero” para intentar persuadirlo, pero tampoco. El hombre, quien vive en el barrio Las Palmas de la Comuna 10 de Neiva y es padre de tres hijos con su actual esposa, ese dia no escochó a nadie.
José Alberto Narváez, el taxista de 37 años de edad, tiene una esposa y tres hijos en el barrio Las Palmas de la Comuna 10 de Neiva.
Desde la 2:40 de la tarde hasta las 4:00 pasadas de ayer, José Alberto Narváez, de 37 años de edad, como fue identificado el desesperado hombre, movió a Bomberos Neiva, Policia, Defensoría del Pueblo, Secretaria de Salud Departamental y guardas de la Secretaria de Transito de Neiva. El candente sol que pegaba fuerte contra su piel morena, hizo que José Alberto pidiera agua al grupo de personas que le insistía que bajara. Le ofrecieron gaseosa a cambio de que se bajara del ventanal, pero no quiso.
Al desesperado hombre, los funcionarios del juzgado que llevaba el caso le mostraron el proceso que llevaba el embargo de su vehiculo, para que supiera que aun habria esperanza de recuperarlo.
Fuera y dentro de las instalaciones del edificio judicial literalmente se comían las uñas al verlo resbalar en algunos instantes. Otros se llevaban sus manos a la cabeza, se secaban el sudor por el sol arrollador que quedaba los lugares de donde se divisaba al temerario hombre. Paradójicamente, un indigente, quien habitualmente pernota en los contornos del Palacio le gritaba “¡Que pendejo, no me mato yo, que estoy más jodido, ¿Por qué lo va a hacer ese tipo?”, subrayó.
Demandado por incumplimiento
Pero al lugar de donde se iría a lanzar José Alberto llegó el gerente del almacén, el cual adelanto acciones jurídicas contra este deudor por el incumplimiento de la deuda que habría adquirido desde 2012. Es así que el almacén, luego de sortear todos los medios para que el señor se pusiese al día con sus cuotas, decidió demandarlo por incumplimiento. El caso lo llevaba el Juzgado Sexto Civil Municipal, pero pasó a un juzgado de descongestión de la rama judicial de Neiva. El vehículo fue embargado y decomisado por la autoridad. Sin embargo, por un mal procedimiento legal, no fue rematado por el administrador de justicia.
Final feliz
El sol, el cual quemó su rostro, luego de que se le callera su gorra negra, lo descompenso. Es así que en un momento, dos trabajadores judiciales lograron tomarlo del pantalón y halarlo hacia el corredor del edificio, convencido antes también por las palabras de la que sería la secretaria del juzgado en donde se llevaba el caso. Al parecer, sí se habría llegado a un acuerdo entre el gerente del concesionario, el juzgado que llevaba el caso y José Alberto, por lo que también se evitó una tragedia.
La dicha fue grande para quienes lograron salvarle la vida a José Alberto.
Con este son cuatro casos registrados en la historia reciente del palacio de justicia en los que personas desesperadas se intentan botar al vacío. La última vez fue un reciente condenado, quien al escuchar el fallo del juez penal, en un descuido de los custodios del Inpec, se botó al vacío sin pensarlo. Afortunadamente solo sufrió fractura de clavícula y brazo izquierdo.
