viernes, 20 de febrero de 2026
Judicial/ Creado el: 2016-02-13 09:35

Entre cartas de amor, cuentos y poesías, una vida reducida a cenizas

Yolanda Lebro Rodríguez, la mujer que murió en un absurdo incendio sucedido el pasado lunes, era una ferviente escritora de relatos. Paradójicamente, en el lugar donde el fuego consumió su vida también se perdió parte de su obra. La mujer sufría trastorno bipolar y consumía medicamentos.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 13 de 2016

Tras el trágico destino que le aconteció a Yolanda Lebro Rodríguez, hay un relato que trasciende el dolor de la pérdida. A lo largo de su existencia, logró producir 720 escritos, entre poemas, cuentos y otros textos, muchos de los cuales terminaron calcinados junto a ella. La docente, de 48 años de edad, dedicó su vida a enseñar a niños y jóvenes el arte de la palabra. Sus familiares la recordaron como una persona dedicada a la pedagogía, quien ocupó uno de los primeros puestos en el concurso docente. Pese a ello, la enviaron a enseñar a las regiones más apartadas de la geografía huilense.

Sonia Esmeralda Lebro Rodríguez, hermana de la occisa, aún no sale de su asombro cuando recuerda aquella trágica escena. “La última comunicación que tuvo fue con mi mamá a las 12:30p.m., le preguntó por la niña y le dijo que no había llegado. Nos han dicho que se quedó descansando. Estaba dormida cuando sucedió el incendio. Ella tenía una veladora porque era muy devota a los santos. Ella como que murió asfixiada por el monóxido de carbono, y no se dio cuenta porque estaba dormida. Ahí fue cuando empezó a prenderse y murió ahogada en el humo, y el fuego hizo lo suyo”, relató la familiar.

De aquellos 700 textos que, según doña Sonia, escribió su hermana, solo unos pocos se salvaron de las llamas. Los otros, por fortuna, los tenía guardados en otro lugar su hijo John Fernando Prieto. “Entre las cenizas quedaron una cantidad de cuadernos en los que había una serie de poemas que le hacía a todo el mundo. […] En lo que escribió se refleja la persona enamorada de la vida que nos deja”, resaltó Sonia Esmeralda.

De un hogar ‘bipartidista’

Yolanda fue melliza. Era la menor de 11 hermanos. Era hija de una época en la historia de Colombia que muchos la conocieron como ‘el periodo de la violencia bipartidista’. Sin embargo, la familia aprovechó que la mamá era de un partido político y el papá de otro, para poder sobrevivir la guerra en el campo. “Cuando llegaban los conservadores, era mi mamá la que salía y decían que ellos eran de ese partido; pero cuando eran los liberales, era mi papá el que salía”, recordó Sonia. Y la violencia los hizo llegar a la ciudad, donde terminó estudiando.

Con dificultades pero terminó su carrera

En Neiva estudió hasta noveno grado de bachillerato en el Colegio Inem Julián Motta Salas. Por cosas del amor, quedó embarazada y tuvo que terminar en la jornada nocturna en el entonces colegio Manuel Ascencio Tello. Su rol de madre no le impidió graduarse y llegar a cursar la carrera de Lingüística y Literatura en la Universidad Surcolombiana, Usco. Con éxitos logró graduarse en aquella licenciatura y concursar para una plaza docente. Pero ni su puntaje destacado le valió para que la dejasen en Neiva.

Digna Lebro Rodríguez, otra de las hermanas de la fallecida, dijo que la enviaron a enseñar a apartadas zonas rurales de Pitalito, Palestina y en una inspección llamada Santa Rosa, de Palermo. Esto le generó dificultades y con el tiempo repercutió en su hogar. “Ella empezó a padecer una enfermedad mental llamada trastorno bipolar. Le dio estando de profesora en Pitalito. Pero las autoridades, en vez de ayudarnos, a ella la trasladaban para un lado y para el otro menos para una zona cercana a la familia. Uno tiene que tener una palanca para que le hagan un traslado adecuado. Nunca se dio eso”, resaltó.

La separación, la soledad y la enfermedad

Ni sus problemas de salud mental fueron escuchados por la autoridad. El problema se convirtió en algo mayúsculo a lo largo de los años, por lo que hace cuatro fue pensionada por retiro forzado. “A ella la pensionaron por el problema mental que tuvo. A ella hace cuatro años la habían pensionado, pero la pensionaron mal.

Desde entonces, la mujer vivía con sus hijos, uno de los cuales, John Fernando, era quien la cuidaba. “Ella se divorció y eso como que fue lo que le produjo problemas, porque ella desmejoró mucho. Esos problemas le dependieron de la soledad de estar por allá, porque ella tenía dos hijos y se había separado del papá de ellos. Esa separación también influyó en que ella empezara a presentar ese trastorno”, dijo Sonia Esmeralda.

Luego del accidente, los tres hermanos y la hija menor de la occisa llegaron a las instalaciones de Medicina Legal a reclamar los restos de Yolanda. Estaban indignados por lo que ellos consideraban “el trato inhumano de esos funcionarios. Lo ponen a voltear a uno con tantas vueltas. Ahora último nos estaban poniendo problemas por el tema de la placa dental. Que por eso no nos querían entregar el cuerpo”, reprochó otro de los familiares de la hoy occisa.