jueves, 19 de febrero de 2026
Judicial/ Creado el: 2016-07-29 09:58

El que pudo ser el último viaje de sus vidas

Dos amigos que se disponían a viajar hacia su tierra natal con el objetivo de celebrar las fiestas de San Pedro, sufrieron un grave accidente motociclistico que por poco acaba con todos sus sueños.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 29 de 2016

Los rayos del sol daban con fuerza sobre el vidrio del casco. El resplandor no dejaba ver bien el camino de asfalto. El calor superaba, fácilmente, los treinta grados de temperatura. La velocidad de la moto refrescaba los brazos y la poca piel expuesta. Jefferson y Carlos aguantaban el voraz clima con la esperanza de llegar, lo más rápido posible, desde su natal Pitalito a Garzón en el Huila.

Aunque faltaban días para el San Pedro, los dos amigos emprendían ese viaje de 60 kilómetros, en la moto de Carlos, con el fin de buscar un lugar para celebrar la tradicional fiesta del bambuco. Poco antes de llegar, pasaría lo inesperado, el vetusto aparato de 100 centímetros cúbicos chocaba de frente contra una vaca que no pudieron esquivar.

“El golpe fue tan fuerte que los dos salimos volando de la moto, yo que era ‘el pato’ me fracturé el pómulo y la quijada”, narra Jefferson. Durante las primeras horas del suceso, Jefferson fue llevado de urgencia al centro de atención médica más cercano al lugar donde ocurrió el accidente.

Los médicos en Garzón, le realizaron todos los exámenes que requerían el primer diagnóstico; una tomografía axial computarizada de cabeza en donde vieron una fractura de mandíbula, daño en tejidos y vasos sanguíneos.  Se administró un tinte o medio de contraste antes del estudio con lo que los especialistas pudieron ver las imágenes con mayor claridad. Todo este procedimiento más la futura cirugía fueron cubiertos por el Servicio Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT). El seguro que sagradamente paga Carlos, y que protege a las víctimas de accidentes de tránsito para que obtengan una ágil y oportuna atención médica hospitalaria por las lesiones personales originadas en dichos eventos.

“Este seguro además indemniza a la víctima o a sus beneficiarios por incapacidad permanente o muerte a consecuencia del mismo acontecimiento, incluidos gastos funerarios y de transporte. Vale la pena resaltar que este seguro no contempla ningún tipo de exclusión y opera, exista o no responsabilidad del conductor”, declara Jorge Humberto Botero presidente de Fasecolda.

La accidentalidad de motos actual se puede comparar con el tamaño de la población de Bucaramanga, 528.269 habitantes. Según cifras del gremio asegurador, “en Colombia, anualmente 800 personas quedan incapacitadas de manera permanente por accidentes en motos. Los accidentes de tránsito dejan un saldo de 650.000 víctimas anualmente”.

Un estudio realizado entre enero y febrero de 2016 por la Universidad Javeriana, mostró también que los motociclistas pasaron de representar el 24 por ciento de las muertes en siniestros viales en 2001, a más del 45 por ciento en 2014.  Sandra Tapias, directora del Sistema Integrado de Infracciones de Tránsito –SIMIT- durante el VI Congreso Nacional de Autoridades Territoriales de Tránsito manifestó que,  “un alto grado  los motociclistas  están involucrados en los accidentes de tránsito, especialmente en las ciudades capitales”, al tiempo que hizo un llamado de atención para que se adopten políticas públicas que mitiguen el problema de las motos que tanto aqueja a las ciudades.

Por lo pronto, Jefferson sigue su recuperación. “No puedo creer que el SOAT me haya cubierto los gastos por el choque con el animal”.

El seguro obligatorio le cubrió todo el procedimiento médico. El especialista le colocó los huesos fracturados de la mandíbula en su posición normal. Usó todos los materiales de osteosíntesis como alambres y platinas para mantener la mandíbula en su lugar.

“El accidente me ha hecho valorar mucho más la vida, porque uno no sabe en qué momento pueda morir por irresponsabilidad, ni siquiera tuve que hacer trámites, todo lo hizo el centro de salud que me recibió el día del accidente. Gracias al SOAT sigo vivo”, concluye Jefferson.