31 años de impunidad del asesinato de dirigentes políticos de la Unión Patriótica
Héctor Perdomo Soto y José Diomedes Cedeño fueron dos líderes, docentes y militantes de la Unión Patriótica asesinados en el Huila en 1986.
José Diomedes Cedeño y Héctor Perdomo Soto, eran docentes y militantes de la Unión Patriótica, además fueron amigos de toda la vida. Su militancia en la Unión Patriótica los llevó a la muerte el 15 de mayo de 1986. 31 años después, el delito continúa en la absoluta impunidad.
El asesinato ocurrió cuando José Diomedes Cedeño y Héctor Perdomo Soto se movilizaban en una motocicleta sobre la vía que de la vereda Sierra del Gramal conduce al casco urbano del municipio de Tello. En medio de la trayectoria fueron sorprendidos por hombres armados quienes les propinaron varios impactos de bala ocasionándoles la muerte al instante. Los cuerpos fueron hallados horas después por unos campesinos de la zona
Las experiencias que compartieron juntos los unieron en espacios como la militancia política en la Unión Patriótica. El proceso en el movimiento político, les permitió soñar con construir una Colombia distinta, con equidad y oportunidades para todos.
Ex dirigentes de la Unión Patriótica en el Huila recuerdan los albores, el desarrollo y la arremetida contra esa organización. Sostienen que podría convertirse en una opción de unidad de la izquierda, tras recuperar su personería jurídica. Pero especialmente en el departamento del Huila, donde muchos han vuelto a escudriñar en su memoria toda una época en la que para dirigentes y miembros de organizaciones de izquierda como la UP, la vida no fue nada fácil y terminó en tragedia.
Estaban velando a su abuelo
Aquel jueves, Cedeño regresaba en su motocicleta en compañía de Héctor Perdomo, quien aprovechó el viaje de su amigo para pedirle el favor que lo llevara, pues por esos días se le había muerto su abuelo en Aipe. “En ese momento, él me dijo “mi abuelito murió. Hazme un favor y llama a Diomedes para que me haga el favor y me arrastre hasta Tello que él va a viajar ahorita”. Entonces yo me fui al callejón donde quedaba Telecom y llamé al Cedral para decirle a Diomedes que llevara a Héctor hasta Tello. Dijo que sí”, recordó Lucila Vargas, esposa de Héctor.
Los sicarios esa tarde se ocultaron en unos matorrales a la espera que el concejal pasara en su moto. Al pasar, los asesinos accionaron sus armas de fuego e impactaron en siete oportunidades la espalda de Perdomo Soto, quien venía de parrillero en la moto.
Fatídica noticia
Al anochecer la noticia del fallecimiento de José Diomedes no había llegado a los oídos de sus familiares, pero según Amparo García, esposa de José Diomedes en diálogos con esta Casa Editorial; esa noticia fue dada por su suegra.
“Entrada las nueve de la noche, y su suegra, la mamá de José Diomedes, llega a la casa golpeando la puerta como si la fuera a tumbar, me dice: “Amparo, mataron a Diomedes” Yo recuerdo que ya me había puesto la pijama y así como estaba salí corriendo al puesto de salud que quedaba a un cuadra de la casa donde vivía, ya habían traído a los dos hombres al puesto de salud, pero ya sin vida. Lo último que recuerdo fue que había una camioneta y comenzaron a alumbrar. Cuando alumbraron los pies de los dos cuerpos que estaban allí yo conocí que uno de esos era él”, recordó.
Tal fue el impacto que tuvo en la mujer el episodio que se desmayó de inmediato. Cayó al piso, por lo que fue necesario ingresarla al centro de salud. Horas después, doña Amparo despierta recordando lo que nunca fue una pesadilla.
Las dos mujeres quienes vivieron una pesadilla ese 15 de mayo de 1986, siguen preguntándose quiénes fueron los culpables de acabar con la vida de sus seres queridos.
