“Ese día estaba loco, se me corrió el champú”
Mauricio Alejandro Molina, condenado por el asesinato de Richard Javier Rico hace dos años, pidió perdón a las personas que fueron víctimas de este crimen. Aunque le quitó lo que más amaba, la madre del occiso, en un acto de contrición, le obsequió una Biblia.
Con poca convicción de arrepentimiento, Mauricio Alejandro Molina Collazos, condenado a nueve años de prisión por el asesinato a bala de Richard Javier Rico Calderón, le dio la cara a la madre de este. Según él, el día en que pasaron los hechos que hoy lo tienen tras las rejas se debió a un momento de locura, todo por causa de la droga que aquel día estaba consumiendo.
La mamá del occiso, María Margot Calderón Becerra, dijo que nada podrá recobrarle a su hijo, pero lo que menos desea es que haya rencor en su corazón. Una Biblia y algunas oraciones fueron su regalo aquel día.
Reparación simbólica
La diligencia judicial, que se le conoce como audiencia de reparación integral, se desarrolló en la sala uno del Palacio de Justicia. De acuerdo con el abogado Hernando Lozada Puentes, representante de la víctima, las partes llegaron a una conciliación de carácter simbólico, la cual quedó registrada el 16 de febrero pasado ante la Notaria Cuarta de Neiva.
Por este homicidio, es joven tendrá que pagar nueve años de prisión por los delitos de homicidio y porte ilegal de armas de fuego. Mauricio Alejandro se sometió al preacuerdo.
Mauricio Alejandro Molina, en compañía de su abogado, pidió perdón a las personas que fueron víctimas por el homicidio que el causó en la persona de Richard Javier Rico.
“En este acto de incidente de reparación integral, este muchacho va a pedirle perdón a la familia de la víctima, pero la reparación económica va a ser algo simbólico. La reparación según se ha establecido es de 306 millones de pesos, pero sabemos que el condenado no tiene medios económicos, entonces será simbólico”, dijo el abogado Lozada Puentes a DIARIO DEL HUILA.
Con timidez y poca credibilidad
Sin presencia del fiscal y con reducida asistencia, Mauricio Alejandro Molida pidió perdón a la sociedad y a la familia de Richard Javier Rico por los daños causados. Aunque su defensor le preparó con él una declaración de arrepentimiento y perdón, ese no quiso leerlo. Solo dijo unas sencillas palabras que no fue lo que doña María Margot Calderón esperaba.
“Doña Margot, yo le pido perdón por el daño que le causé con la muerte de su hijo. No sé qué pasó esa noche, no sé qué me pasó, estaba muy loco y se me corrió el champú. De todas maneras, lamento todo lo que ocasioné”, dijo Molina Collazos.
Lo que queda en la memoria
El 27 de octubre de 2013, una fecha que quedara para siempre guardado en la mente y el corazón de esta madre. Y no es para menor. Esa madrugada, tres amigos, entre ellos Mauricio Alejandro Molina Collazos y Richard Javier Rico Calderón, regresaban a su casa en el barrio Santa Inés a descansar de la fiesta.
Estaban algo ebrios, pues habían tomado algo durante una rumba crossover en la discoteca Manhattan de Neiva. Según la madre del hoy occiso, uno de los del grupo, Mauricio Alejandro, había consumido droga en exceso, de las que aún hacían su efecto.
Los muchachos llegaron de la fiesta a dormir a la casa. Dos de ellos se acostaron en la sala. Estando ahí, Mauricio le disparó tres impactos de bala a Richard, con un arma de fuego que hasta el momento no se sabe de dónde la sacó. Tres proyectiles impactaron su humanidad, uno de estos le atravesó el cráneo.
Desde hacía varios meses del año 2013, Richard había tramitado el pasaporte para irse a vivir en Buenos Aires (Argentina) e iniciar sus estudios en Medicina.
Esa sería la versión que se conoció, luego de avanzadas las investigaciones. Sin embargo, la que contó inicialmente Molina a las autoridades fue completamente diferente. Según él, los tres amigos estaban jugando la ‘ruleta rusa’, y cuando le correspondió a Rico, él fue el “ganador” del impacto.
Esta versión terminó siendo revaluada y el entonces procesado confesó que él fue quien lo asesinó y que había presionado al único testigo de esos hechos para que guardara silencio. “Cada vez que tengo que venir acá a estas audiencias, para mí es como un dolor; es como volver otra vez atrás. Me da mucha tristeza porque esa maldita droga es la que tiene destruida a muchos jóvenes. Ese muchacho que mató a mi hijo estaba drogado, y por eso lo hizo. Hoy aquí no quiso atestiguar como era, porque está muy mal; y eso me duele porque la mayoría de muchachos están sumidos en ese problema que es la drogadicción”, puntualizó doña María Margot.
La mamá del occiso, María Margot Calderón Becerra, y su abogado, Hernando Lozada Puentes, dejaron a paz y salvo al condenado por el homicidio.
Eran amigos desde el colegio
Tanto el asesino como el asesinado eran amigos. Según la madre, Mauricio Alejandro y Richard Javier se conocieron en el Colegio Empresarial de los Andes cuando cursaban grado noveno. Sin embargo, Richard reprobó un curso y le tocó cambiarse de institución educativa. Es así que mientras Molina Collazos terminó en el mismo colegio, Rico Calderón lo hizo en el Instituto Ideha. Pese los problemas económicos, Richard logró graduarse de Técnico en Auxiliar de Enfermería.
Richard Javier Rico Calderón había estudiado Auxiliar de Enfermería, pero la muerte lo sorprendió antes.
Para diciembre de 2013 tenía programado un viaje a Buenos Aires (Argentina) para iniciar sus estudios de Medicina. Para ello, Richard desde hacía un tiempo trabajaba cuidando a la madre de un magistrado del Palacio de Justicia en su residencia, dinero que estaba ahorrando para lo que sería su estadía durante los primeros meses en Argentina. Sin embargo, la muerte lo sorprendió dos meses antes de que saliera el vuelo.
