En Neiva será sepultado Monseñor Ramón Darío Molina
El prelado, fue Obispo de la Diócesis de Neiva desde el 19 de enero de 2001 hasta el 4 de febrero de 2012, cuando S.S. Benedicto XVI le aceptó la renuncia, por límite de edad. Todos los huilenses lamentan profundamente su partida.
Las exequias de Monseñor Ramón Darío Molina Jaramillo, quien falleció a sus 83 años de edad el pasado domingo en horas de la noche, en la ciudad de Medellín, tendrán lugar en la Catedral de Neiva el jueves a las diez de la mañana.
Los restos del prelado, estarán llegando a la capital del Huila hacia las nueve de la noche de mañana y estará en cámara ardiente en el templo Colonial, donde se espera recibir a miles de feligreses y miembros de la Iglesia Católica de diferentes municipios del Huila, que le darán el último adiós. Su cuerpo será sepultado en la Catedral, como está dispuesto por los jerarcas, ya que Neiva, fue su última morada como obispo.
Monseñor Ramón Darío Molina Jaramillo, fue obispo de la Diócesis de Neiva desde el 19 de enero de 2001 hasta el 4 de febrero de 2012, cuando S.S. Benedicto XVI le aceptara la renuncia, por límite de edad. Debido a su gran trabajo y entrega por la diócesis, su partida representa una gran pérdida para sus seguidores, quienes veían en él, un fiel servidor de Dios en la tierra.
Desde hace algunos años residía en Medellín, su tierra natal.
En la mañana del domingo tuvo una caída mientras se duchaba, recibiendo un golpe muy severo en la cabeza, tras lo cual fue remitido de urgencia a la UCI de la clínica El Sagrado Corazón, en Medellín, donde lo intubaron y estuvo con pronóstico delicado. La caída le produjo varios hematomas en el cuerpo y se le formó en el cerebro un coágulo de sangre de gran tamaño, según reveló el parte médico.
Debido su edad y al tamaño del coágulo, los médicos no vieron conveniente operarlo, pues el riesgo era demasiado grande y las consecuencias imprevisibles, explicaron.
Monseñor Darío Molina se encontraba en la cama No. 8, en la UCI de la Clínica El Sagrado Corazón, de la tierra que lo vio nacer. El deceso según confirmaron desde la casa convento donde residía Mons. Darío, se produjo poco después de las nueve de la noche del mismo día.
Memorias
Monseñor nació el 31 de agosto de 1935 en Envigado, Arquidiócesis de Medellín. Comenzó los estudios eclesiásticos en el Seminario Franciscano de Cali y cursó, luego, los ciclos de filosofía y teología en la Universidad de San Buenaventura en Bogotá. Obtuvo la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Lateranense y en Teología moral en la Academia Alfonsiana de Roma.
Emitió la profesión solemne en la Orden de Frailes Menores el 6 de enero de 1957 y fue ordenado sacerdote el 28 de octubre de 1961.
En el ejercicio de su ministerio presbiteral desempeñó cargos de enseñanza y otros oficios en su Congregación Religiosa: Profesor de Teología moral y sacramental en la Universidad de San Buenaventura, Profesor en el Instituto de Estudios Sociales de la misma Universidad, Definidor Provincial y rector fundador de la Universidad Pontificia Bolivariana de la ciudad de Montería.
El padre José Miguel Barón Rincón, Párroco de la Iglesia Espíritu Santo de Neiva, lo recuerda como un hombre “supremamente humano y sensible a las dolencias y dificultades de las personas”. Lo conoció desde el año 2000, y cuenta que tuvieron la oportunidad de realizar muchos trabajos por los pobres.
“Estuvo toda su vida al lado de los pobres. Fue un hombre de gran sabiduría, de mucha fortaleza física para el trabajo y para sacar las cosas adelante. No ponía ninguna excusa para no hacer el bien y desarrollar su trabajo como obispo e hijo de Dios. Estuvo sirviendo todo el tiempo”.
Como una de las cosas más relevantes, recuerda el atentado de la casa bomba en Villa Magdalena en Neiva.
“Él estaba en Conferencia Episcopal, e inmediatamente se vino y se puso al frente de los trabajos que se realizaron ahí; como atender a las personas, hablar con ellas, reconstruirles sus casas y eso fue muy recordado por las mismas personas, muy poco por los medios de comunicación porque a él, no le gustaba que los medios se dieran cuenta de lo hacía. Pero la gente sencilla y de escasos recursos sí experimentó su cercanía, porque él sentía el dolor de las personas y hacía todo lo posible por ayudarlos”.
