El año económico 2018: así lo vemos en el Botalón
La calificación de “optimismo moderado” nace del bajo crecimiento del PIB, el indicador que se utiliza para medir el comportamiento de la producción.
Germán Palomo García
Todo comienzo de año invita a “sacar la bola de cristal” para pronosticar lo que vendrá en el año que ya empezó a rodar. En los tiempos actuales, los antecedentes creados en el año anterior y un poco más atrás son un buen referente para los que se atreven a realizar un acercamiento al futuro cercano en un escenario ampliado por la vigencia de la globalización que inevitablemente afecta los acontecimientos por venir en cada comarca. El Botalón no escapa a esta tentación por lo que nos atrevemos a pronosticar el comportamiento económico en este 2018 que ha sido recibido con un optimismo moderado al decir de la mayoría de analistas y representantes de empresas e instituciones con impacto en la economía mundial.
La calificación de “optimismo moderado” nace del bajo crecimiento del PIB, el indicador que se utiliza para medir el comportamiento de la producción. El crecimiento del Producto Interno Bruto, PIB, se proyecta en 2.7% que a pesar de que será superior al del 2017, estimado en 1.8%, el más bajo en 8 años, no resulta suficiente para impulsar la economía en un país que en este 2018 llegará a los 50 millones de habitantes y que exige crecimientos similares a los que logró el país entre 2010 y 2014 (4% en promedio). Hace tres años no se logran y parece, según proyecciones, que tampoco será en este año.
Los soportes para las proyecciones
En el año que terminó, el aumento del IVA del 16% al 19% definido en la reforma tributaria altamente inoportuna produjo la desaceleración de la economía; pero hoy se piensa que ese incremento ya se asimiló y que las empresas, que resultaron beneficiadas con la eliminación de algunos tributos a costa de aumentar la carga fiscal a las personas naturales vía el incremento del IVA, están en mejores condiciones para aumentar sus ventas y regresar a niveles del 2010-14 con la correspondiente mejora en la rentabilidad. Es posible que este aumento se haya asimilado en algunos sectores pero no en todos por lo que aún queda un rezago de una de las peores decisiones del actual gobierno.
Otro de los factores positivos para el optimismo económico es la reducción de la tasa de interés de referencia por el banco de la República que en el 2017 la redujo en cinco ocasiones y hoy está en 4.75%. El problema, y ya el banco de la República y el gobierno se han quejado ante el sistema financiero, es que este se demora en trasladar estas nuevas tasas a sus clientes y empieza por reducir las tasas de interés de los créditos por tarjeta que son los más altos y suponen que con esto cumplen las decisiones del banco central. Se espera una actitud diferente de la banca al respecto.
La reciente escalada de los precios del petróleo que hoy se mueven alrededor de los 65 dólares después de que en todo el 2017 estuvieron oscilando cerca de los 40 dólares, ofrece un mejor panorama fiscal lo cual promoverá mayor inversión pública. El propio Ministro de Hacienda, recordó que el presupuesto para este año se fijó con un precio de 52 dólares el barril, cifra que, de mantenerse las actuales cotizaciones, generará un excedente que estimulará las obras públicas. No obstante, el verdadero impulso para la economía proveniente del sector público debe venir de las vías 4G en donde, por el escándalo de Odebrecht, los cierres financieros están atrasados y obras estratégicas como el túnel de la línea y los tramos del escándalo que han tenido que salir de nuevo a licitación, están rezagadas.
Finalmente, se espera un repunte de las exportaciones apoyado en que la economía mundial crecería al 3.5%. Sin embargo, el país sigue dependiendo de las exportaciones de los bienes básicos, los llamados “Commodities” que no generan valor agregado y difícilmente permiten llegar a nuevos mercados. Se impone, entonces, un gran trabajo en la diversificación de las exportaciones no tradicionales, hoy conocidas como de valor agregado.
Los Sectores de Punta
En cuanto a los sectores, se confía en la agricultura, la construcción y la industria. Esta última viene con cifras en rojo desde hace dos años y se espera un repunte importante en este año que, por lo menos, la lleve a cifras en negro. Los dos primeros sectores le dieron la mano a la economía el año pasado pues generó 22% del empleo según FEDESARROLLO. El Huila debe ver con optimismo esta proyección pues tiene una apuesta productiva agroindustrial que involucra a dos de los sectores “estrella” pero tendrá que definir sus propias estrategias en el marco del postconflicto.
Todo lo anterior debe pasar por la implementación clara de procesos de innovación en los sistemas productivos y operacionales. El país tiene que acelerarla en la industria, el comercio y los servicios. La cuarta revolución industrial representada por la irrupción de los robots no puede verse de soslayo.
Las Amenazas
En el horizonte económico los nubarrones que se perciben están en la próxima contienda electoral por la polarización existente; en la recuperación de la confianza de los consumidores que, aunque ha reaccionado, aún debe recuperarse con mayor solidez, y en la tasa de desempleo formal pues hay que reducir la informalidad que se observa en todas las ciudades colombianas y Neiva no es la excepción. Desde el exterior, las jugadas de Trump como la reducción de impuestos del 35% al 21% puede afectar la inversión extranjera no solo en Colombia sino en todos los países emergentes.
¡Bienvenido el 2018!
