Sueños de café a pesar de la muerte
En cuatro bestias se transportó el café que convirtió a don Ricaurte Hernández en el primer ganador del concurso Taza de la Excelencia. La gallardía de iniciar con la cultura del café especial en el Huila se la dejó a sus hijos. Después de su muerte, ellos decidieron honrar sus sueños cafeteros. Café Los Nogales es la última entrega de la serie periodística Tiendas de Café Huila. El consumo de café de calidad como homenaje a la vida y al trabajo de los productores.
Olga Lucía Hernández detrás del mostrador. En la entrada, la imagen de un hombre de gran sonrisa. Su nombre, Ricaurte. El letrero, Café Los Nogales. Hace dos años que unos hombres armados le arrebataron la vida a este célebre caficultor. Hace diez, en el 2005, él fue la alegría para el Huila al ocupar el primer lugar de la Taza de la Excelencia.
- ¿Le provoca un cafecito para iniciar?-, dice Olga Lucía, su hija mayor. Unos militares custodian el cruce que da al camino al corregimiento de Bruselas, del municipio de Pitalito, ella les ha servido una bebida caliente. Justo allí, enmarcado en guadua, está la tienda que cumple uno de los sueños de don Ricaurte y todos los días le da vida a su legado cafetero.

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Antes de "todo", ese todo del día de la tragedia del 17 de febrero de 2013, don Ricaurte Hernández no paraba de hacer planes. Su hija recuerda que la atención que le prestaba no era mucha porque creía que él "iba a durar toda la vida". La finca Los Nogales que se convirtió en la herencia de ella, su madre y siete hermanos les dejó un compromiso. Crear la tienda es solo una parte de tantos proyectos.
"Dijimos: no podemos acabar con esto, por lo que él dio la vida", recalca Olga Lucía quien también se sirve un café y lo endulza con panela. Su pequeña hija, Juana Valeria, aprovecha un descuido, toma la taza y bebe un sorbo. "Desde que mi papá ganó el concurso nos dimos cuenta que teníamos un buen café en un tiempo donde nadie había incursionado en eso", agrega.
Óscar Hernández, descendiente número seis de la familia, tomó una decisión, la mejor de su vida a su parecer. Dejó su trabajo como suboficial en la Armada Nacional y se dedicó a administrar la propiedad junto a su madre Suldery Arango. "El cambio fue muy bonito, duro económicamente pero gratificante", expresa. Junto a sus hermanos, cuñados y sobrinos crearon también una marca: Ricaurte Hernández y una asociación que lleva su mismo nombre.
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"Solo un esfuerzo extraordinario produce un café extraordinario", es la frase que acompaña la fotografía de don Ricaurte a la entrada de la Tienda. Olga Lucía dice que su padre quería que su tienda tuviera guadua y de ese material son las mesas, las sillas, las barandas. El piso, de cemento rústico, fue él quien lo hizo. "Mi papá fundió los pisos, esa presencia está aquí", comenta.
- Si su padre estuviera vivo, ¿qué cree que pensaría de la tienda y la asociación?
- Él está feliz donde está. Yo lo he soñado y me dice mija, no se preocupe por mí porque yo estoy contento de que ustedes estén unidos.
Son tres mesas. Una máquina de espressos de baja revolución, una cafetera, un par de licuadoras. Los elementos de preparación de café no son sofisticados pero esperan tenerlos a final de 2015. "Esta era una idea que tenía mi papá desde hace mucho años desde que ganó Taza de la Excelencia, encontrar otras opciones de comercio", narra Óscar.

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El maracafé y lulocafé, bebidas de café con pulpa maracuyá o lulo, son las especialidades de la tienda. Se sirven también espressos, frappés, capuccinos. Quienes las preparan es doña Olga Lucía y su hija Diana Cristina Gómez. Sin certificados en barismo pero con creatividad y todo el entusiasmo atienden a quienes se acerquen a pedir lo mejor que producen en sus fincas.
El puntaje de taza respecto a la escala de uno a cien es de 91 puntos según declara Olga Lucía. Junto a sus hermanos han seguido el legado de don Ricaurte, caminos de café que él trazó también por ejemplo de su padre. Luchan. Logran. Harán el segundo intento para registrar la marca legalmente. Ya tienen recursos para ampliar la tienda y conseguir equipos especializados de preparación.
El precio de cada taza siempre está en discusión en una sociedad que se acostumbra poco a poco a pagar por un grano de alta calidad. Semanalmente tuestan entre cuarenta y cincuenta kilos de café para el gasto entre bebidas y venta por 250 y 500 gramos. Doña Olga Lucía hace unas deliciosas galletas y empaques en calceta de plátano. "Todo lo que hemos hecho es en base a su nombre y la imagen que él tenía. Es un homenaje a mi papá, una manera de inmortalizarlo", sentencia Óscar.
