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Economía/ Creado el: 2017-04-25 09:41

Desempeño 2015 – 2016 y perspectivas 2017 del sector agropecuario nacional

Según el informe de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras – Anif, el año 2016 no fue bueno para el sector agropecuario, observándose crecimientos de solo un 0.5% en su PIB-real durante 2016 vs. el 2.5% observado en 2015.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 25 de 2017

Diario del Huila, Informe Anif

La Anif informó que ello no solo resultó inferior al crecimiento de la economía como un todo (2%), sino que se “quedó corto” respecto del rango 1% - 2% que proyectaba el consenso de los analistas a inicios de 2016.

En dicha debilidad del agro en 2016 sobresalen los siguientes factores: i) la crisis de rentabilidad del sector (altos costos de producción y bajos precios pagados al productor), particularmente agudos en el sector pecuario (producción de carne bovina y leche); y ii) la incidencia del Fenómeno de El Niño en algunas zonas rurales de Colombia, lo cual tuvo fuertes efectos en la inflación total (llegando a picos del 8.9% a mediados del año y convergiendo al 5.7% al cierre de 2016) y de alimentos (con picos del 15.7% y cierres del 7.2%). Todo ello confluyó con los lastres estructurales del consabido “Costo Colombia”, particularmente evidentes en la precaria dotación de infraestructura rural (sobre todo en vías secundarias-terciarias, distritos de riego-drenaje y centros de acopio).

A nivel sub-sectorial, el desempeño del agro durante 2016 evidenció efectos mixtos en sus principales rubros: leves expansiones en la producción pecuaria (0.9% en 2016 vs. 2.5% en 2015) y de los “otros cultivos agrícolas” (+0.6% vs. -0.2% en 2015), contrarrestadas por contracciones en el café (-0.3% vs. +15.5%) y la silvicultura-pesca (-0.5% vs. -0.2%), ver gráfico 1. Veamos esto con algún detalle.

El crecimiento del sector pecuario se moderó hacia expansiones de solo el 0.9% en 2016 (vs. 2.5% en 2015), a pesar del desempeño notable que exhibió el segmento de ganado porcino (10.4% en 2016 vs. 10.8% en 2015). En este último, fue crucial la persistente implementación de sistemas de producción más tecnificados y la tendencia creciente en el consumo de carne de cerdo. Por su parte, las aves de corral (3.8%) mostraron un débil crecimiento, mientras que la leche cruda (-3.5%) y el ganado bovino (-5.4%) tuvieron contracciones significativas.

El cultivo de los “otros productos agrícolas” logró expansiones del 0.6% en 2016 (vs. -0.2% en 2015), a pesar de las mencionadas debilidades por el Fenómeno de El Niño (experimentando dichos cultivos rebotes favorables en la segunda mitad del año). En particular, los cultivos transitorios (1.4%) presentaron el mayor repunte, gracias a la normalización de las siembras de cereales (principalmente del arroz, que alcanzó cifras de producción récord). Por su parte, los cultivos permanentes (0.5%) mostraron debilidad en la siembra de frutos oleaginosos y en el cultivo de caña de azúcar (sufriendo las consecuencias del desbordamiento del río Cauca).

Por el contrario, el cultivo de café mostró leves contracciones del -0.3% durante 2016 (vs. +15.5% en 2015), luego de ser el rubro de mayor crecimiento al interior del sector agropecuario en los últimos años. Ello es consistente con una producción cafetera prácticamente estancada en 14.2 millones de sacos durante 2015-2016, como consecuencia del agotamiento en las ganancias de productividad que había venido proporcionando la renovación del parque cafetero. Recordemos cómo dichas ganancias en productividad fueron las que permitieron casi doblar la producción cafetera de 7.8 millones de sacos en 2010 a los más de 14 millones en 2016.

Crecimiento del PIB agropecuario (Var. % anual)

Todo lo anterior es consistente con los hallazgos de la más reciente Encuesta de Opinión Empresarial Agropecuaria (EOEA, con corte a diciembre de 2016). Allí se observa cómo los factores productivos que tuvieron mayor incidencia en el deterioro de la dinámica del agro durante 2016 fueron los precios de venta (-2.8 vs. 20.2 en el balance de respuestas de 2015), el orden público (30.8 vs. 41.9), y en menor medida, el crédito (-1.4 vs. +0.7), ver gráfico 2. A ello se sumaron los persistentes lastres en materia de costos de producción (-15.4 en 2016 vs. -15.6 en 2015) y el clima (-11.2 vs. -47.2).

En cuanto a precios, la inflación de alimentos ha mostrado una desaceleración significativa (3.7% anual en marzo de 2017 frente al pico del 15.7% en julio de 2016 y el 7.2% del cierre del año anterior). Ello después de superar factores coyunturales climáticos (“El Niño”), de orden social político (el paro de transportadores de junio-julio de 2016) y cambiarios. En este último frente, los menores ritmos de devaluación (incluso promediando apreciaciones promedio del 10% durante el primer trimestre de 2017) han implicado menor presión sobre los bienes importados, lo cual se ha reflejado en las deflaciones evidenciadas en el IPP del sector agropecuario (-2.3% anual en marzo de 2017 vs. +14.7% un año atrás). De esta forma, el rápido descenso de la inflación de alimentos ha ayudado en la convergencia de la inflación total hacia el 4.7% anual en marzo de 2017 (vs. el 5.7% del cierre de 2016).

Prospectivamente, proyectamos un leve repunte del PIB-real agropecuario hacia expansiones del 2.3% en 2017 (vs. el mencionado 0.5% de 2016), marginalmente por encima del crecimiento del 2.2% pronosticado para la economía como un todo. Dicha recuperación estaría sustentada principalmente por: i) el repunte de la demanda interna (2.9% anual en 2017 vs. 0.3% en 2016); ii) términos de intercambio del agro favorables, principalmente en lo relacionado con el café (US$1.7/libra en promedio durante 2017), probablemente dando sustento a un precio interno cercano a los actuales $830.000/carga; iii) la mejora proyectada en la demanda de algunos de nuestros principales socios comerciales, particularmente de Estados Unidos (creciendo al 2.1% en 2016 vs. 1.6% en 2015), aunque persistirían los lastres en Venezuela (-4.5%) y Ecuador (-2.7%); y iv) la superación de efectos transitorios, principalmente en lo relacionado con las condiciones climáticas (con ciclos regulares de tiempos secos y lluviosos) y los menores ritmos de devaluación cambiaria (promediando solo un 1% durante 2017 vs. el 11.2% de 2016).

A pesar de lo anterior, persisten las preocupaciones por la baja disposición a invertir por parte de los productores del agro. En efecto, la mencionada EOEA mostraba débiles registros en los balances de respuestas en los rubros de inversión en infraestructura (+4.2 en 2016 vs. +3.8 en 2015), maquinaria (+3.8 vs. +5) y tierras (+3.6 vs. +3.5) al cierre de 2016. Allí han jugado en contra los perniciosos efectos de: i) la crisis de rentabilidad del sector (según lo comentado); ii) la incertidumbre jurídica sobre la propiedad de la tierra; y iii) los mayores costos de insumos clave, destacándose los casos de los agroquímicos, concentrados y fármacos veterinarios (todos ellos con efecto compuesto de mayores precios del petróleo e incrementos del IVA del 16% al 19%, según la Ley 1819 de 2016).