viernes, 03 de abril de 2026
Deportes/ Creado el: 2016-02-06 09:28

Parapente, una aventura con la naturaleza

Ver los paisajes desde las alturas y sentir la libertad de las aves que vuelan, es una experiencia única que muchas personas quisieran vivir pero que, en ocasiones, el miedo les impide lanzarse de una montaña para iniciar el vuelo y disfrutar por 25 minutos la práctica del parapente. El Huila tiene mucho por recorrer y conocer con los deportes extremos.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 06 de 2016

La villa de las maravillas naturales, así se conoce al municipio de Paicol que en carro queda a una hora y media de Neiva, está ubicado al sur occidente del departamento del Huila y limita al norte con Tesalia, Nátaga y el departamento del Cauca, por el sur con El Agrado y El Pital, por el este con Gigante y por el oeste con La Plata.

En este municipio que está habitado por cinco mil personas, se pueden realizar varias prácticas de deportes extremos, así como conocer sitios muy interesantes como la Caja de Agua, y es allí donde se empieza a vivir una experiencia mágica por medio de Naventura, una empresa de turismo creada por jóvenes para mostrar los bellos paisajes que hay en esta parte del Huila.

Juan David Puertas, Fabián Mauricio Puertas, Steven Vargas, Juan Daniel Bautista y Juan Zúñiga, se reunieron un día en su municipio (Paicol) y el ver que mostrar los sitios turísticos de esta región podría ser una forma de trabajo, querían hacer todo al derecho y legalizarse como una empresa de turismo.

Lo primero que hicieron fue crear el nombre y después de una lluvia de ideas, decidieron ponerle Naventura, que nace de la unión de dos palabras: naturaleza y aventura, y es que para ellos iniciaba ahora la tarea de vivir una verdadera aventura con la naturaleza y desafiar lo que a muchos les parecía algo loco y a lo largo de tres años, se han ganado la confianza y el respeto de los turistas no solo colombianos sino extranjeros, que día a día llegan hasta ellos para que les ofrezcan sus servicios.

Un municipio lleno de deportes extremos

“Queríamos mostrar lo hermoso de nuestro municipio, nuestros sitios turísticos, pero no queríamos mostrarlos así, de manera simple, sino que el turista, el visitante, también se divirtiera y viviera una experiencia mágica”, expresó Juan David Puertas, uno de los creadores y socios de Naventura.

Es así como algunos deportes extremos se empezaron impulsar, canotaje o rafting en el río Páez, senderismo a las cascadas de La Motilona, espeleología en la cueva Caja de Agua, torrentismo y ahora último, parapente.

“Parapente es el último deporte extremo que hemos incluido en nuestra programación, siempre, en esta clase de deportes tenemos guías especializados, ellos brindan toda la seguridad necesaria y en parapente no es la excepción, tenemos los mejores parapentistas que guiarán los amantes de las alturas para vivir unos minutos de máxima adrenalina”, comentó Puertas.

Una aventura sin precedentes

Al principio, muchos decían que volar en parapente era arriesgado, que era cosa de locos, que muchos se han desmayado en las alturas, que no era seguro, pero había que comprobar si las personas que decían eso tenían la razón o era totalmente distinto.

Juan David Puertas les encargó la difícil tarea de llevar el parapente a Paicol a unos hombres expertos, que llevaban más de 10 años volando por los paisajes huilenses y buscando las máximas alturas para hacer sus vuelos y maniobras en las alturas para que los habitantes de municipios como Gigante, Isnos, San Agustín, Neiva y ahora Paicol, se puedan divertir viendo en los cielos un grupo de jóvenes aventureros y que le perdieron el miedo a la muerte.

Era domingo 31 de enero de 2016, día de la inauguración de parapente en Paicol, y Naventura hizo la invitación a DIARIO DEL HUILA para hacer el cubrimiento de un momento histórico en su empresa de turismo. Allí estuvimos y muy temprano, Juan David presentó al guía de vuelo, Rodrigo Bolaños, un parapentista que lleva 14 años volando y ha recorrido miles de paisajes en todo el país.

Salir de Paicol y tomar la vía que comunica a Nátaga era el destino, a 50 minutos en carro de la villa de las maravillas naturales estaba ubicada una montaña o voladero como le llaman los parapentistas, allí estaba ubicado el punto de partido, todo estaba preparado, no había tiempo para decir no y había que vivir la aventura de volar y de perder los miedos a la altura.

Recorrer paisajes desde las alturas

Muchas preguntas pasaban por la cabeza, ¿y si el equipo no me queda bien asegurado?, si las turbulencias son fuertes, ¿qué podría pasar?, si no hace suficiente viento, ¿el ala podría fallar? Aunque sabía que era un encuentro con la muerte y aunque los parapentistas ya habían desafiado muchos peligros en las alturas y estaban acostumbrados, uno de los guías expresó: “La muerte llega en cualquier momento”.

Después de casi una hora de esperar para que el cielo se despejara y que los vientos fueran favorables, Rodrigo dio la orden de salir, su seguridad me dio confianza, a segundos de salir, repasé una y otra vez lo que iba a hacer y cómo debía salir a la hora de despegar, era mi trabajo y quería arriesgarme y sentir por unos minutos la adrenalina, vivenciar una experiencia única de una verdadera aventura en la naturaleza y desafiar la gravedad por unos instantes.

“Corra, corra, vamos, corra”, fueron las palabras que me dijo Rodrigo al salir, antes de dejar la montaña y saber que estábamos en las alturas, el ala ya estaba funcionando, aún seguía de pie y dos minutos después del despegue y en plena altura, me acomodé para sentarme en una de las sillas del parapente y que estaba pegada a mí.

Por varios minutos el viento fue favorable, tan solo en un momento un fuerte viento hizo que nos alzáramos más de lo esperado, pero durante todo el recorrido, que duró aproximadamente 25 minutos, presencié el bello paisaje de la tierra opita, el río Páez en todo su esplendor, sobrevolar Paicol y ver desde lejos los municipios como Tesalia y Nátaga, fueron otras de las maravillas que se pueden observar desde las alturas.

Un vuelo inolvidable

Fue un vuelo mágico, en el que se pierde el miedo a las alturas y en que uno se ve como muchos decían, en una cita con la muerte.

En las alturas Rodrigo expresaba: “El parapente viene del pa, de paracaídas; y el pente, de pendiente, por eso, en este deporte no se tira de un avión sino de una pendiente o una montaña. Este deporte nació a fines del siglo XX por la inventiva de montañeros que querían bajar volando mediante un paracaídas desde las cimas que habían ascendido”.

El rango máximo y mínimo de velocidades relativas para un modelo de parapente intermedio es de velocidad máxima de 50 kilómetros por hora, velocidad mínima de 24 km por hora, un parapente de competición puede superar los 60 kilómetros por hora, “hay que decir que estando en el aíre, la velocidad es relativa a la fuerza y dirección del viento y no se puede confundir con la velocidad de la tierra”.

Mientras que Rodrigo explicaba todo lo que rodea al mundo del parapente, también comentaba experiencias vividas: “Hace unas semanas en San Agustín, una persona se me desmayó cuando salimos, fue un vuelo complicado porque el peso de esta persona se iba hacia abajo y controlarlo era difícil, gracias a Dios, pudimos aterrizar bien y pues allí en tierra, a él se le brindaron los auxilios necesarios”.

Contando sus anécdotas y explicando cada una de las partes del parapente, llegamos a Paicol, fueron 25 minutos de una experiencia única y de un encuentro con la naturaleza. “Quiero invitar a los huilenses a que vivan esta aventura, es muy segura, muy buena y desde las alturas se puede ver lo bellos que son los paisajes de nuestro Huila”, manifestó Rodrigo Bolaños.