miércoles, 15 de abril de 2026
Deportes/ Creado el: 2016-08-16 08:10

Oro al sacrificio, disciplina y esfuerzo de Caterine

Caterine Ibargüen logró de la mano de su entrenador, el cubano Ubaldo Duany, el gran objetivo de su carrera. La atleta paisa superó una infancia difícil en Apartadó para transformarse en la atleta de salto triple más poderosa del mundo.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 16 de 2016

Nacida en Apartadó, Antioquia, el 12 de febrero de 1984, Caterine Ibargüen conoció de niña las dificultades, aunque fue consentida por las dos madres que tuvo, su mamá y su abuela, quienes fueron superiores a los obstáculos y a punta de trabajos domésticos le dieron lo básico para salir adelante; primero en la vida y luego en el deporte. Su madre debió salir de Apartadó para vivir en Chigorodó, trabajando en casas de familia, para poderle enviar a su niña de sonrisa amplia y alegría desbordante, lo suficiente para estudiar y vivir con decoro los primeros años.

Cuando la invitaron a participar en su primera competencia deportiva, Caterine no tenía un par de tenis para correr. Tuvo que llevar los de doña Francisca Mena, su mamá y primera patrocinadora, su motor para emprender un camino que, hoy, la tiene como la número uno del mundo en el salto triple del atletismo.

Con ese par de tenis de la mamá, la confianza del profesor del colegio, su entusiasmo propio y el valor agregado de la sonrisa que la caracteriza; Caterine entendió por dónde debía direccionar su vida, una larga senda y que tras alcanzar logros destacados en el deporte, el pasado fin de semana la coronaron con el más importante: la medalla de oro en los Juegos Olímpicos Río 2016, para confirmar que “los tiempos de Dios son perfectos”.

En el atletismo empezó a los 12 años, en el salto alto, gracias a sus 1.80 metros de estatura. Dirigida y aconsejada por su primer técnico, Wilder Zapata, se trasladó a las residencias de la Villa Deportiva Antonio Roldán Betancourt, en Medellín, para intentar comenzar una carrera que pronto la llevó a los primeros lugares, en esa competencia.

Corría el año de 1996, cuando llegó al lugar de encuentro de los atletas de altos logros de Antioquia, La Villa Deportiva Antonio Roldán Betancur, y pasó a manos del primer cubano que ha dirigido su carrera, Luis Alfaro, quien le pulió los conocimientos para esa muy técnica competencia. La también cubana Regla Sandino fue su tercera conductora y bajo su mando ganó en el año 1999, el título del salto alto, en los Juegos Bolivarianos de Ambato, Perú.

Dada su velocidad, sus largas piernas, su potencia y su temperamento, Sandino le aconsejó cambiarse a los saltos largo y triple, cambio que dio sus resultados en el resto de su carrera. Pero antes de abandonar el salto alto logró su primera participación en los Juegos Olímpicos, los de Atenas en 2004, en los cuales, quedó por fuera en la primera ronda.

Su estreno en un mundial ocurrió en 2005, en Helsinki- Finlandia, en donde alcanzó la semifinal del salto alto, con 1,93 metros.

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De fracaso a oportunidad

Una frustración ocurrida en 2006 le abriría otros caminos para llegar a la gloria olímpica. Ese año, la espigada morena, ya dedicada al salto triple, no pudo conseguir la clasificación a los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008, lo que le provocó una enorme tristeza y la toma de una decisión que fue definitiva para su futuro. En efecto, cambió su residencia y viajó a San Juan, Puerto Rico, para hacer lo que han hecho desde hace muchos años otros compatriotas: estudiar una carrera, que para ella fue la enfermería en la Universidad Metropolitana, mientras seguía los lineamientos de la escuela cubana, ahora bajo el comando de Ubaldo Duany, con quien alcanzaría las mejores figuraciones de su vida.

El 2010 fue el año de su despegue mundial, porque ganó dos medallas de plata, una en el Campeonato Iberoamericano, con marca nacional de 14,29 y la otra en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, de Mayagüez, Puerto Rico.

Los dos años siguientes fueron de rápido crecimiento, hacia el objetivo de volver a unos Juegos Olímpicos y de lograr una medalla. Lo primero lo consiguió, luego de ubicarse entre las mejores en copas mundo y en Grand Prix, prestigio que antecedió a la conquista de la medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Daegu, Corea, en 2011, luego de pasar de 14,30 a 14,99 m. registro que de mantenerse le brindaba la oportunidad de pelear por una medalla en los Juegos Olímpicos de Londres.

Hoy, cuatro años después, Caterine completó su camino dorado. Líder de la Liga Diamante, con una sola derrota en los últimos cuatro años, la reina del triple salto mundial, llegó a Río de Janeiro para escribir su historia de oro.