Dar pasos de plena realización
Por: Mons. Libardo Ramírez Gómez
Obispo Emérito de Garzón
Culminando el segundo mes de este año, amerita un alto en el camino para reflexionar sobre si estamos dando pasos que realmente lleven a plena realización humana, o vamos apenas quemando días al no estarlos dando. Para quienes tenemos aprecio por los valores del espíritu se nos acerca la época cuaresmal, con invitación a poner mente y corazón a considerar si cuanto estamos realizando es o no provechoso para nuestra realización humana, o son pasos, aunque llamativos, que no van dando firmeza a nuestro existir, y tengamos al final de la jornada qué decir, como algún líder famoso: “Aré en el mar y edifique en el viento”. Al elegir el cultivo intelectual y afrontar una profesión que ocupe nuestros vivir en la tierra, es preciso afrontar estos interrogantes: “¿Qué fines me propongo?”; “¿Qué utilidad para mí realización proyectiva al servicio de la comunidad hay en esa elección y esos esfuerzos?”. Para un futuro personal de valor “¿el estilo de vida que llevo sí va dejando huella positiva en mi vivir y en mi realización humana?”
Es sabio examinar la vida poniéndola en el crisol y ver si vamos forjando oro en ella por su ideal y las costumbres, o es oropel lo que forjamos. “La vida vale lo que vale el pensamiento que la guía”, se ha dicho con sabiduría. Se ha agregado “en donde esté tu tesoro allí estará tu corazón” (Mt. 6,21). Si vamos tras cosas superficiales, si nos apoyamos en pisos deleznables, esos serán nuestro vano tesoro y estaremos cayendo en el vacío. Si nos apoyamos en valores superiores, y los cultivamos, vamos dando a la vida sabor de eternidad.
Es de hacer sincero examen sobre en qué estamos poniendo la confianza, en qué estamos cimentando la vida. Hay atracción a poner la ilusión en el dinero, que es necesario para supervivir y sacar adelante emprendimientos en grande, pero ¿será el dinero base estable de una personalidad? Hay atracción a colocar el sexo, algo que es de la naturaleza, poniéndolo como ideal para buscar en él insaciable placer por encima de las mismas leyes naturales, ¿habrá allí realización humana? Hay tendencia a no adquirir obligaciones matrimoniales o consagración a servicio celibatario a la humanidad “para vivir la vida”, ¿pero en ello habrá realización o será lo mejor llevar vida ordenada en un ministerio sagrado al servicio de la humanidad o formar debidamente un hogar, y, si se es creyente católico, buscar elevar la sociedad matrimonial a la dignidad sagrada de Matrimonio Sacramento?
Desde niños, en la época juvenil y siempre, es preciso responder a los anteriores interrogantes. Es de recordar el ejemplo de personas realizadas en el mundo, comenzando por nuestros mayores, y ver tantos de ellos plenos al asumir la vida con responsabilidad y debido orden según las leyes expresas o colocadas en lo íntimo del alma por el Creador. Serán personas alegres realizadas en la fidelidad a un programa de vida según las sabias enseñanzas que se han acogido al servicio espiritual o social a la comunidad. Muchos de ellos han sacado adelante un hogar, bajo la bendición de Dios, teniendo unos hijos físicos o espirituales a quienes dedicaron afecto y sacrificios quedando perpetuados en ellos, con la seguridad de que esa ruta, seguida con alegría, tendrá al final la satisfacción de quien utilizó bien los talentos recibidos: “Bien siervo bueno entra al premio merecido”, con alegría sin fin ciertamente.
He apreciado como feliz inspiración la canción “El camino de la vida”, de Héctor Ochoa, que va señalando firmes pasos, entre ellos, con digna conformación de un hogar y dedicación a los hijos, con amor filial y de pareja, bendecida por Dios, y, en la plenitud de una vejez, en ambiente de íntimo gozo y felicidad.
Todo lo anterior es fruto de serena reflexión y sincera convicción, que convierto en invitación de amigos y familiares para dar pasos de plena realización.
