Crecimiento económico: ¿Es posible recuperar un ritmo del 4% anual?
La caída del crecimiento económico en épocas recientes a niveles inferiores al 2% prendió las alarmas sobre la imperiosa necesidad de buscar nuevas fuentes de crecimiento más allá de la explotación de los productos minero energéticos cuyas cotizaciones internacionales tienen enormes oscilaciones en cortos periodos de tiempo.
Esta necesidad, según un detallado análisis de Fedesarrollo, se hace más imperiosa aún al tener en cuenta que, por razones asociadas al cambio climático y la necesidad de un crecimiento más verde, la demanda mundial de los energéticos tradicionales se está estancando y en el mediano y largo plazo
disminuirá el consumo de carbón y petróleo en la medida que sean reemplazados por fuentes más limpias de energía. En el caso colombiano la situación es particularmente grave, pues la elevada dependencia
de las finanzas públicas de los ingresos provenientes de las actividades minero-energéticas y el lento crecimiento del resto de las exportaciones ponen en peligro la tradicional estabilidad macroeconómica y hace en extremo difícil el cumplimiento con la regla fiscal.
En la última década, hasta 2014, el gobierno aumentó el gasto público en rubros permanentes usando recursos de carácter transitorio, que dependían de las elevadas cotizaciones del crudo. Esto a su vez ayudó a impulsar una buena dinámica en el consumo de los hogares y como consecuencia se observaron crecimientos de más del 4% anual.
No obstante, el abrupto deterioro de los términos de intercambio desde el 2014 mostró la fragilidad de nuestra economía. El exceso de gasto llevo a una pronunciada revaluación que, combinada con una economía poco competitiva y un nulo aumento en la productividad, nos deja con una estructura económica básica y con un marcado sesgo hacia el mercado interno.
En este análisis se descompone el crecimiento económico en los aportes de los factores trabajo y capital y en la llamada productividad total de los factores (PTF). La primera conclusión es que en lo corrido del siglo XXI el aporte al crecimiento de la PTF o productividad ha sido negativo. En otras palabras, el uso de los factores de producción ha sido ineficiente.
- En lo corrido del siglo XXI el aporte al crecimiento de la productividad ha sido negativo. En otras palabras, el uso de los factores de producción ha sido ineficiente.
Por su parte, el factor trabajo empieza a mostrar tasas de crecimiento cada vez menores, pues el llamado bono demográfico se agotó, como resultado de la significativa reducción de la tasa de crecimiento de la población observada desde hace más de dos décadas.
De hecho, a partir de mediados de esta década las nuevas cohortes que entren al mercado laboral son cada vez menores a la anterior. Esta realidad se ha visto reflejada en varias zonas del país, donde ya hay escasez de mano de obra no calificada, situación que actualmente afecta al sector cafetero y al de la construcción. Por esta razón el principal determinante del crecimiento económico ha sido la inversión, que de niveles del 14% del PIB a comienzos de siglo se ha duplicado en década y media, siendo en la actualidad la de mayor nivel en América Latina. No obstante, esta inversión en buena parte se concentró en sectores tradicionales, con énfasis en el segmento minero energético, representando el 50% del total de la Inversión extranjera Directa (IED). Solo recientemente se hizo un mayor esfuerzo para incrementar la inversión pública y privada en infraestructura. Por ello son muy pocas las actividades nuevas que han surgido en los últimos años, siendo especialmente escasas aquellas de elevada sofisticación tecnológica.
Nuestro análisis utiliza esta información para estimar cuál podría ser la evolución del crecimiento potencial de la economía colombiana hasta el 2030. Los resultados son desalentadores. Se estima un crecimiento potencial cercano al 3.5% anual con tendencia decreciente hasta 3.0% al final del periodo. Para ello se asume que la inversión se mantiene en los elevados niveles actuales, que el factor trabajo sigue disminuyendo con base en el crecimiento observado de la población y que la productividad tiene cero crecimiento en promedio (nivel que es incluso superior al desempeño negativo observado en el periodo de referencia). Para introducir las posibles variaciones en los términos de intercambio (TI) se estimaron dos escenarios, uno con petróleo bajo, a US$30 dólares, y otro con un precio alto, de US$70 dólares el indicador Brent. El resultado es que la evolución del crecimiento potencial del PIB se afectaría en un - /+ 0.5%, Esto es, que para el 2030 el peor escenario de crecimiento potencial con TI adversos seria de 2.5% anual y con TI favorables seria de 3.5% anual.
- El principal determinante del crecimiento económico ha sido la inversión, que de niveles del 14% del PIB a comienzos de siglo se ha duplicado en década y media.
Naturalmente estas cifras son muy decepcionantes pues se trata de crecimientos inferiores al promedio de las economías emergentes y que harían inviable la meta de convertir a Colombia en un país de ingreso medio alto para el año 2032, objetivo trazado por el Sistema Nacional de Competitividad. Por ello, si el país quiere recuperar tasas de crecimiento superiores al 4% anual, además de asegurar un ambiente macroeconómico adecuado, en particular en la estabilidad de las finanzas públicas y el manejo de los ingresos temporales producto del ciclo de los precios de los minero energéticos, debe buscar maneras para incrementar el stock disponible de los factores de producción y la eficiencia en su uso. En cuanto al factor trabajo, cuando un país agota su bono demográfico debe mejorar la eficiencia en el uso de la mano de obra. Uno de los problemas más graves que aqueja al país es que cerca de
la mitad de la mano de obra está ocupada en el sector informal de la economía con una productividad 50% inferior a la empleada en el sector formal. Por ello debería promoverse una disminución de los costos laborales no salariales que son muy superiores a los de países como Chile o México, eliminar incentivos a mantenerse en la informalidad reformando el régimen subsidiado de salud y realizando intervenciones por sectores que permitan aumentar su productividad y compensar los costos adicionales que inicialmente implica la formalización.
Otro elemento a corregir es la baja participación femenina en la fuerza laboral, 20 puntos inferior a la masculina debido a su participación en la llamada economía del cuidado. Por ello, para facilitar su participación se debe priorizar la universalización del cuidado de la primera infancia priorizando inicialmente los estratos de menores ingresos y la ruralidad, el establecimiento masivo de programas diurnos para el cuidado del adulto mayor y facilitar el acceso de las mujeres más pobres a electrodomésticos como la lavadora de ropas.
En cuanto al fomento a la inversión, su ya elevado nivel como proporción del PIB, 27%, hace difícil pensar en que éste se pueda elevar sustancialmente. No obstante se puede reducir el costo del uso de capital para las empresas.
Un medida ya aprobada en la última reforma tributaria es la eliminación del CREE, que complementado con la eliminación total de aranceles de los bienes de capital y una reducción de tasas de interés DTF hasta 5% del PIB debería elevar la tasa de inversión hasta un 29%.
También una política de atracción y retención de inversión extranjera directa (IED) es necesaria. En la actualidad los mecanismos de atracción de IED son muy generales y dispersos.
Por ello se requiere definir unas prioridades sectoriales y regionales con base en la implementación de la Política de Desarrollo Productivo para atraer empresas anclas que desarrollen clusters y lograr la integración en cadenas globales de valor. Para ello entidades como
Procolombia se deben focalizar en este tipo de actividades y Mincomercio en evitar que se adopten medidas no justificadas en entidades públicas que obstaculicen la retención de IED.
No obstante, aún en el caso en que con las medidas sugeridas pudiéramos recuperar los niveles previos en términos de las contribuciones del factor capital y trabajo al crecimiento económico, podríamos por unos pocos años regresar a niveles cercanos al 4% anual pero con tendencia decreciente en la medida que el ritmo de crecimiento de la población de largo plazo siga decreciendo.
- Es necesario generar un mercado de tierras dinámico en el país que facilite el desarrollo agrícola y agroindustrial.
En la última categoría de aspectos regulatorios nos concentramos en los temas tributarios. Sin desconocer las necesidades fiscales del país,
también es claro que las tasas efectivas de tributación son muy elevadas, entre 50% y 70% incluyendo ICA y otros impuestos locales, las cuales recaen tan solo sobre el sector formal de la economía. Por ello es esencial alcanzar tasas de tributación más competitivas vis-à-vis países de la región, incluyendo un impuesto de renta a las empresas cercano al 30%, disminuir la informalidad empresarial y controlar la evasión del IVA y renta por la vía de instrumentos como la factura electrónica.
Si bien hay muchos temas adicionales en las categorías descritas quisimos limitarnos a los que consideramos podrían tener un mayor impacto en el comportamiento de la productividad en el país. Desde el punto de vista sectorial hay diferentes márgenes de mejora: mejora de productividad empresarial (ej. mejorar calidad de la gestión, Maloney, W. 2017.), reasignación de factores de producción entre empresas menos y más eficientes, y redistribución de la actividad entre sectores de la economía desde los sectores de baja productividad hacia los sectores de alta productividad.
Toda esta reasignación de capital y trabajo debe orientarse con un criterio de sostenibilidad (economía verde) que requerirá de una mayor eficiencia en el uso de los factores productivos como la tierra, la energía y el agua y el surgimiento de nuevos sectores donde la bioeconomía y la digitalización deben ser preponderantes en la política de desarrollo
productivo del país. Sin mayor productividad estaremos cayendo en una trampa de ingresos bajos con impacto no solo sobre las expectativas futuras de ingreso y bienestar, sino sobre la misma sostenibilidad de la estrategia de desarrollo del país.
