Cinco formas de lograr que las ciudades sean más saludables y sostenibles
Más de la mitad de la población mundial vive ahora en ciudades. Según las previsiones, la cifra se habrá duplicado en 2050, lo que convierte la urbanización en una de las tendencias mundiales con mayor capacidad transformadora.
Las ciudades son responsables ya del 70 % de las emisiones de CO2 en el mundo y en ellas se consumen dos terceras partes de la energía mundial. Aunque la rápida urbanización ha sido un catalizador de soluciones innovadoras en muchas esferas, como la vivienda, el transporte y las infraestructuras, a menudo se pasa por alto un elemento fundamental: la seguridad alimentaria y la nutrición.
Lamentablemente, la vida en la ciudad a menudo genera malos hábitos alimentarios. Las zonas urbanas son además una fuente importante de desperdicio de alimentos. Por otra parte, la urbanización se está produciendo a costa de los recursos naturales y los espacios verdes, lo cual acrecienta la vulnerabilidad de las comunidades urbanas a los efectos del cambio climático. Si queremos crear ciudades saludables y sostenibles para las generaciones futuras, tendremos que reconsiderar la forma en que funcionan nuestras ciudades. La Agenda de la Alimentación Urbana de la FAO apoya a los responsables de la formulación de políticas a nivel mundial para que los sistemas alimentarios se incorporen en la planificación urbanística.
A continuación se exponen cinco formas de lograr que las ciudades sean más saludables y sostenibles.
- Promover la agricultura urbana
Cuando se piensa en la agricultura, a casi todo el mundo le vienen a la mente las zonas rurales. Pero, ¿sabía usted que más de 800 millones de personas practican la agricultura urbana en todo el mundo?
Manteniendo los terrenos agrícolas en las zonas urbanas podemos acortar las cadenas de suministro y, por lo tanto, reducir la cantidad de CO2 emitido durante el transporte de los alimentos de las zonas rurales a las urbanas. Mediante la producción y la venta de una mayor cantidad de alimentos frescos dentro de la propia ciudad se puede reducir el impacto ambiental de la distribución de alimentos, incrementar las oportunidades de que haya cadenas de suministro locales inclusivas y mejorar el acceso a alimentos nutritivos, por ejemplo a través de los mercados de agricultores.
Desde la ciudad de Medellín, en Colombia, la FAO ha prestado apoyo a los departamentos de Nariño, Antioquía y Boyacá para la creación de huertos comunitarios. De esos huertos se han beneficiado más de 7 500 familias, que ahora pueden cultivar sus propios alimentos e incluso vender el excedente. El proyecto tuvo tanto éxito que Colombia está desarrollando ahora una serie de iniciativas políticas, legislativas y gubernamentales para promover planes similares en todo el país.
- Fomentar dietas saludables
Los tipos de alimentos disponibles y su asequibilidad influyen mucho en los estilos de vida y los hábitos alimentarios. En las ciudades donde hay un amplio surtido de comida rápida y precocinada, los alimentos disponibles son a menudo hipercalóricos y altamente elaborados. Se trata de una tendencia creciente. En los países de ingresos medianos bajos, el consumo de alimentos elaborados de escaso valor nutricional aumentó un 5,45 % al año entre 1998 y 2012. Los gobiernos nacionales y municipales de los países en desarrollo se enfrentan al problema de tener que combatir no solo la desnutrición, sino también los efectos que tiene sobre la salud la obesidad, que está aumentando a un ritmo alarmante.
Sin embargo, todas las ciudades pueden desempeñar un papel más importante a la hora de garantizar una dieta saludable. En 2014, Singapur aprovechó la oportunidad para evaluar sus puntos de venta de alimentos y poner en marcha el programa “Comer fuera de casa de manera más saludable” (Healthier Dining Programme). Mediante un plan de subvenciones se alentó a los operadores del sector alimentario a utilizar ingredientes más saludables, como aceites con menor contenido de grasas saturadas, y a incluir en la carta comidas con menos calorías. Al cabo de poco más de un año, la oferta de comidas más saludables se había duplicado.
- Reducir el desperdicio de alimentos y gestionar los residuos procedentes de estos
La población de las zonas urbanas recibe hasta el 70 % del suministro mundial de alimentos, pero gran parte de estos alimentos se desecha. Se prevé que el desperdicio de alimentos en las zonas urbanas por los minoristas y consumidores aumentará un 35 % entre 2007 y 2025. Aunque las causas de ese desperdicio varían de una región del mundo a otra, generalmente contribuyen al problema la mala planificación alimentaria, el envasado inadecuado, el incorrecto almacenamiento y los hábitos culturales.
Además, los residuos de alimentos que no se reciclan ni se reutilizan llenan los vertederos. Allí se descompone y genera metano, un gas de efecto invernadero que es más perjudicial para el planeta que el CO2. Esto implica no solo un desperdicio de alimentos, sino también de energía, dinero y recursos naturales, como la tierra o el agua que se emplea para producir y elaborar los alimentos. Las medidas de ámbito municipal encaminadas a la recuperación de alimentos inocuos y nutritivos y su redistribución a través de organizaciones benéficas y bancos de alimentos, al compostaje o a la utilización de alimentos desechados para generar energía pueden ayudar enormemente a reducir el desperdicio de alimentos.
En el municipio de Lima (Perú), la FAO ha ayudado a crear un grupo consultivo de coordinación alimentaria para abordar los problemas de la pérdida y el desperdicio de alimentos. Una de las iniciativas del grupo fue la constitución de un equipo de tareas municipal sobre residuos alimentarios que ha creado un centro de compostaje para la gestión de residuos de biomasa. Gracias a ello, la cantidad de residuos orgánicos eliminados en los vertederos y a través del alcantarillado de la ciudad se ha reducido enormemente.
