Orlando Mosquera, un escritor innato
Este investigador y académico, dice que no deja de soñar con escribir una novela, y recomienda a las nuevas generaciones perseverancia, pero ante todo, disciplina, cuando se trata de escribir.
Es un lector empedernido, de misa diaria, que desde niño se inclinó por la investigación con disciplina y consagración.
Desde hace 12 años, escribe en el DIARIO DEL HUILA de manera ininterrumpida sobre lo que más le apasiona, que es la historia del departamento y sus antepasados.
Orlando Mosquera es un comunicador social, especializado en lingüística y español, que domingo a domingo, deleita a los lectores del DIARIO DEL HUILA con historias y relatos de auténtico sello opita. Hoy está como invitado especial a las páginas de este periódico.
¿Cómo llegó usted a las páginas del Diario del Huila?
Desde niño siempre he estado vinculado al periódico. En el colegio tuve un periódico que lo editábamos en esta empresa, con la orientación del periodista Gustavo Hernández Riveros, inclusive, los primeros números los sacamos en Matamundo. Esporádicamente, yo hacía unos escritos, pero siendo editor Ernesto Macías, me invitó a que le elaborara una columna y el primer tema fue el obsequio que le hizo el doctor Max Duque Gómez al Hospital San Miguel de Neiva, de unos equipos de cirugía cuyo costo fue altísimo. Cuentan que el primer operado fue un “cotudo”, aunque eso a mí no me consta. Aquí la gente se moría de apendicitis y no había forma de operarla. Por ese motivo, a la entrada de la sala de cirugía existió un placa que decía “Sala Max Duque Gómez - 1930”. Cuando tumbaron el hospital, yo estaba de Secretario Privado de la Alcaldía y recuerdo que lo declararon ruina pública. Yo le pedí al Alcalde que hiciera sacar esa placa y de inmediato llamé a Matamundo, y allí me contestó doña Nohora Duque de Rodríguez y me dijo que se la llevara. Hoy esa placa está en la Hostería y hace parte de nuestra historia. Han pasado doce años y no he fallado un solo fin de semana con mis escritos.
¿De dónde proviene su vocación por la investigación histórica?
De mi padre y profesores. Mi padre era una persona que quería mucho al Huila, al punto que todos sus hermanos se fueron y él fue el único que se quedó viviendo aquí. Pero además, tuve excelentes maestros, en el colegio Ciudad de Neiva, al profesor Zuleta. También el profesor Juan Pérez de historia y Juan Rafael Espitia Bohóquez, muy sobresalientes. En la universidad Externado de Colombia, fui alumno de Juan Miguel Castillejo, aún miembro de la Academia Nacional de Historia, y de otros profesores en el Huila como el padre Andrés Rosa y Gilberto Vargas Motta. Todos fueron profesores extraordinarios como José de Recasens y el senador Abelardo Forero Benavides. Imagínese usted con esa pléyade de profesores, ¿cómo no iba yo a ser amante de la historia?
¿Cómo fue su ingreso a la Academia Huilense de Historia?
Cuando saqué el primer tomo que recopila los primeros cien escritos en el Diario del Huila, la Academia me aceptó en primera instancia como miembro correspondiente, y desde hace como cinco años, en calidad de miembro numérico.
¿Qué fuentes consulta con mayor asiduidad para sus investigaciones?
Muchísimas. Desde hace 45 años, todo para mí es historia. Yo tengo en mi casa casi que un museo. Cosas importantes que encuentro las voy recopilando. Y como mi padre era contador, y muchos de sus clientes fueron personas adultas, tuve la fortuna de ser amigo de los viejos y ellos terminaron contándome muchas cosas. Por ejemplo, Hernando Rojas Polanco, que aún vive, fue quien hizo los planos del estadio de baloncesto “Roberto Urdaneta Arbeláez” y terminó la construcción del Hotel Plaza. Él es una persona que tiene mucho que ver con la historia del Huila.
Personal y profesionalmente, ¿qué ha significado para usted este trabajo de historiador?
Es una realización personal extraordinaria. Siento que algo le dejo a mi tierra, porque como lo digo en mi libro, esta es una ciudad de gente muy buena, de mujeres bellas y calles imantadas, porque de aquí nadie parte en serio. Uno sale a estudiar o a cualquier otra actividad, pero tarde o temprano regresa, porque este es el mejor vividero del mundo.
¿En qué proyectos de investigación está trabajando hoy?
Estoy escribiendo la biografía de dos personajes que me han recomendado no contarlo. Estoy también tras la edición de todos los escritos del DIARIO DEL HUILA. Soy además, el investigador del libro de los 80 años de la Cámara de Comercio y coautor de la biografía del exgobernador Julio Bahamón Puyo. Además, me correspondió la parte histórica de los 400 años de Neiva, pero no dejo de soñar con escribir algún día una novela.
¿Cómo se forma un buen escritor?
Primero leer y saberse asesorar. Querer lo que uno hace. Y como yo escribo sobre el Huila, cualquier cosa que ocurre me hiere o me llena de mucha alegría. Yo llegué al DIARIO DEL HUILA a escribir estas páginas sobre historia con el objetivo principal de que no se perdiera la historia de unos años muy especiales, de 1950 a 1990. En ese período, la guerrilla hacía toma de pueblos, la gente estaba saliendo del Huila y estábamos viviendo una crisis muy aterradora. Se trataba entonces, de mostrar que hay mucha gente que le ha aportado al Huila. Por eso, hoy tenemos a este periódico con 50 años.
¿Qué les aconseja usted a las nuevas generaciones que se inclinan por la investigación histórica?
Dedicarle tiempo diario, porque muchas veces dejamos el trabajo a medio camino, somos muy amigos de eso. Yo creo que todos los días tenemos que dedicarnos a eso. Un ejemplo, yo todos los días estudio dos horas y cuando no es filosofía, es historia. Es una disciplina a diario. Así como no le he fallado al DIARIO DEL HUILA durante 12 años ni un domingo, asimismo voy a misa todos los días y a mis clases cumplidas en la universidad.
