domingo, 05 de julio de 2026
Actualidad/ Creado el: 2016-03-22 11:38

Martes Santo, el día de las grandes controversias

A la Semana Santa se le llamaba, en un principio, La Gran Semana; ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor, y a sus días se les dice días santos. Esta semana comenzó el Domingo de Ramos y terminará el próximo domingo conocido como día de Pascua.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 22 de 2016

Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús en la oración, sacrificios y el arrepentimiento de los pecados. Asistir al sacramento de la penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.

La noche del lunes de Jesús fue como la del domingo, enseñanzas a los discípulos y mucha oración. Jesús está en máxima tensión, el ambiente de paz de Betania ayuda a relajar los espíritus, pero Jesús no cede en su lucha y necesita rezar.

El martes acude al templo por el camino tantas veces recorrido, los rostros de los que le acompañan están serios, ya no hay vítores de los acampados alrededor de Jerusalén, ni en la misma ciudad. Pero muchos quieren oír y ver al Maestro, al Hijo de David, al que resucitó a Lázaro, al que se ha proclamado Hijo del Padre eterno. Este día, todos los grupos que se oponen a Jesús se van a unir y emplear sus armas dialécticas para destruirle.

"Siguieron observando y le enviaron espías que simulaban ser justos para cogerle en alguna palabra y entregarlo al poder y jurisdicción del gobernador". (Evangelio de Lucas). Muchas cosas van a quedar claras en este día y mucha va a ser la luz para los de mente y corazón abiertos.

El pago del tributo al César

Los fariseos se habían enfrentado con Jesús tanto el domingo como el lunes y estaban avergonzados. Ahora van a enviar discípulos camuflados para cogerle en una palabra comprometida, le preparan una pregunta que creen sin solución, o mejor, con todas las soluciones posibles negativas para Jesús: es la cuestión de la relación de la esfera religiosa con la autoridad política, gran tema de todos los tiempos y que tantos problemas ha llevado consigo. Acuden con retorcimiento mental, con adulación y falsedad, y acompañados de los herodianos, que eran partidarios del poder de los romanos y de Herodes.

"Entonces, los fariseos se retiraron y tuvieron consejo para ver cómo podían cazarle en alguna palabra y le enviaron sus discípulos, junto a los herodianos, a preguntarle, Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas de verdad el camino de Dios, y que no te dejas llevar de nadie, pues no haces acepción de personas". (Evangelio de Mateo).

La suavidad de las palabras esconde la malicia, ciertamente, Jesús es veraz, pero a ellos no les interesa la verdad sino atraparle y entregarlo como prisionero. Por eso plantean la cuestión que les parece insoluble. "Dinos, por tanto, qué te parece, ¿es lícito dar tributo al César, o no?".

Dad a Dios lo que es de Dios

El tema aparente es sólo el del impuesto, pero detrás lleva mucha más carga, si responde que no se pague tributo al César se hace reo de rebelión y puede ser tomado preso por los herodianos o los romanos. Si dice que se pague el tributo se hace colaboracionista, y acepta el yugo gentil sobre el pueblo elegido, algo intolerable para muchos. No parece haber más salidas. El nivel más profundo del tema es el de la relación de lo religioso y lo político. ¿Tiene que regirse el pueblo por las leyes de Dios y ser gobernando por los sacerdotes? o ¿acaso debe tomar la dirección de lo religioso el poder político? En la historia se han dado las dos soluciones con malos frutos casi siempre.

Jesús no rehúye el problema del momento, ni el más profundo, y va a dar una solución que recorrerá la historia a partir de entonces, "conociendo Jesús su malicia, respondió ¿por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda del tributo; y ellos le mostraron un denario. Jesús les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron, del César. Entonces les dijo: “Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Evangelio de Mateo).

La solución sorprende a todos, toda autoridad viene de Dios, pues la sociedad necesita de la autoridad para no caer en el caos y en la anarquía. Se debe obedecer a esa autoridad, en sus mandatos justos y en las leyes que no sean inmorales, pero lo político es autónomo de lo religioso, por tanto, es lícito pagarle el tributo al César que lo necesita para su función, pero siempre dando a Dios todo el corazón que es lo suyo propio. "Al oírlo se quedaron admirados y dejándole, se marcharon" (Mateo). "Y no pudieron acusarle por sus palabras ante el pueblo y, admirados de su respuesta, se callaron". (Lucas). Los siglos siguientes contemplan esta respuesta como un giro importante en una cuestión difícil, y casi nunca bien resuelta.

El primer mandamiento de la ley

En el movimiento de los grupos surge una pregunta de uno que ha quedado cautivado por las palabras del Señor. "Se acercó uno de los escribas, que había oído la discusión y, al ver lo bien que les había respondido, le preguntó, ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?". (Evangelio de Marcos).

Muchos eran los preceptos que se atribuían a la Ley. Unidos los de la sagrada Escritura y los de las diversas tradiciones rabínicas eran más de seiscientos. Su cumplimiento parecía imposible para los hombres de buena voluntad. Por otra parte, parecía difícil, si no imposible, ordenarlos según su importancia. La luz de las palabras de Jesús ante las cuestiones anteriores ilumina el alma del escriba de buena voluntad, y sin consultarlo con otros, se lanza a preguntar con auténtico deseo de saber, no para atacar al Señor con astucias.

Jesús respondió con palabras conocidas por todos los israelitas, con palabras del shemá Israel que recitaban todos los días tres veces.

El ambiente es tenso y expectante. Jesús vive con intensidad el momento. Quiere dejar algo muy importante a los que le escuchan. No se trata sólo de sus discusiones con los escribas, los fariseos y los saduceos. Se trata de denunciar la raíz del pecado en los corazones de los hombres. Sólo cuando se descubre el rostro de la soberbia, se puede vencer y vivir la vida de amor tantas veces anunciada, pero siempre lejana. Por eso, Jesús manda que se reúnan los más posibles, también sus enemigos. Cuando, de pronto, Jesús eleva la voz para ser oído por todos, y con fuerza expresa de modo fuerte verdades que pueden doler, pero que pueden curar. Va a denunciar el pecado interno de los escribas y de los fariseos que es actuar para ser vistos, no guiados por el amor.