La carta de las FARC
La carta de las FARC a Héctor Polanía es el documento donde se le pide al dirigente político huilense que haga un recuento sobre su encuentro con Jacobo Arenas; este fue escrito en 1990.
El periódico La Bagatela de Pitalito publica en su último número la carta enviada por el extinto Manuel Marulanda Vélez, Tiro Fijo a Héctor Polanía Sánchez, el Último godo de Pitalito, en 1990.
En la carta, el mítico jefe de las FARC, le pide a Polanía un comentario sobre una reunión que el entonces senador huilense sostuvo con Jacobo Arenas, quien fuera el segundo comandante de ese grupo guerrillero, tras el acercamiento del gobierno de Belisario Betancourt con este grupo armado en 1984.
“La vida de Jacobo Arenas es objeto de opiniones polémicas, ello nos motiva a solicitarle que nos hiciera llegar un breve escrito que refleje sus impresiones a propósito de su encuentro personal con él. De verdad que se lo agradeceríamos” dice un párrafo de la carta que las FARC le envió a Polanía, de la cual no se sabe si fue contestada.
El jefe guerrillero Jacobo Arenas, quien salió de las canteras del sindicalismo colombiano, murió en 1990, tras ser mordido por una culebra en las selvas del Yarí.
La solicitud que le hizo las FARC a Polanía, donde no solo se le pide una impresión personal sobre el Jacobo Arenas, sino que lo invitan a un homenaje que las FARC le programó tras su muerte; inclusive, se le pidió permiso al recién posesionado gobierno de César Gaviria para realizar dicha conmemoración, según lo demuestra el siguiente párrafo de la carta de las FARC enviada a Héctor Polanía, el 16 de agosto de 1990, “En carta al ministro de gobierno le planteamos la posibilidad de rendirle un homenaje a Jacobo en su memoria, el próximo 10 de septiembre, aquí en La Uribe. En el caso de tener una respuesta positiva le extendemos nuestra cordial invitación”.
La formalidad de la carta contradice la posición de las FARC contra Polanía, e inclusive su muerte a manos de ese grupo guerrillero, tras el agrio enfrentamiento cara a cara, entre Mano Pola y la comisión de las FARC, en 1984 en el Congreso de la Republica; allí Héctor, en su calidad de senador de la república, les recriminó los secuestros, los crímenes y las constantes acciones terroristas de ese grupo guerrillero en todo el país.
El debate estaba enmarcado dentro del incipiente proceso de paz, que terminó en 1985 con un bombardeo del ejército a la región de La Uribe en el Meta, donde se encontraba el secretariado de las FARC.
A Polanía, el frente 13 de las FARC, le llamaba el “reaccionario”; pues uno de los mandos de ese grupo no olvidaba el día, en que en una misión oficial, el dirigente político llegó acompañado del comisionado de paz a un campamento de las FARC; y en medio de un sancocho de gallina les cantó la tabla de frente, imputándoles a la guerrilla una serie de crímenes y vejámenes en Huila y Caquetá.
“Fui allá a romper el coro de aplausos que habitualmente rodea estas reuniones con las guerrillas, y a decir en voz alta lo que por lo general, sólo se atreven a plantearles en privado a sus jefes” le dijo en alguna oportunidad Héctor Polanía a la revista Semana, tras una entrevista que este medio le hizo sobre el frustrado proceso de paz del 84.
Héctor Polanía, inicialmente fue secuestrado por las FARC en Pitalito, el 14 de junio de 1999; siendo rescatado por la policía en un operativo donde colaboró con la acción policial, el hecho de que el vehículo en el que llevaban secuestrado al dirigente conservador laboyano se quedó sin gasolina.
Posteriormente el 1 de mayo de 2001, el político laboyano quien fue senador en cinco periodos consecutivos entre 1978 y 1991 fue asesinado por dos sicarios en la vereda la Cuneca, cerca de la finca de su propiedad.
En el atentado resultaron heridos dos de sus tres escoltas y fueron acribillados por los asesinos, tres perros Dálmatas que acompañaban a Mano Pola, rutinariamente. El 6 de junio, a un mes largo del crimen, fueron capturados en una finca cerca de Neiva, acusados de este asesinato, Graciano Narváez Carvajal y su compañera, Erlinda Cuchimba Rojas; quienes según las autoridades formaban parte de una banda de delincuentes que operaba en la región.
A pesar que los presuntos criminales pertenecían a grupos de delincuencia común de Pitalito, se le sindica a las FARC como autores intelectuales del crimen de don Héctor, como le decían al dirigente político; y quien ese movimiento guerrillero, al parecer, no le perdonó su posición radical contra el proceso de paz de 1984 y el debate frentero que dio en el senado a los delegados de las FARC autorizados por Belisario Betancourt.
Ahora cuando el proceso de paz con las FARC entra en la recta final, el grupo guerrillero debe aclarar este crimen y si es posible, pedir perdón como lo ha hecho en otros lugares del país, especialmente con los diputados del Valle… claro que si Polanía viviera no sería Santista.
