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Actualidad/ Creado el: 2016-03-28 06:01

Duelo nacional y procesamiento

Aun cuando la intensidad del dolor pueda menguar paulatinamente, únicamente nos queda resignarnos a nuestro destino y promover la reconciliación.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 28 de 2016

JORGE ENRIQUE LIÉVANO RODRÍGUEZ

Especial para Diario del Huila

Profundamente consciente de la violencia que ha afligido al Colombia durante más de cincuenta años, así como de las múltiples consecuencias que nos han perennemente afectado a todos en diferentes grados, creo de la mayor importancia que los colombianos reconozcamos las pérdidas que semejante tragedia nos ha causado, y la urgente necesidad de que unidos podamos elaborar el duelo común y procurar metabolizar nuestras heridas en un trabajo compartido.

Hemos sufrido severos traumas, entre otros, en lo físico, emocional, lo familiar, lo socioeconómico, lo cultural y en lo ecológico. Como tal, el trabajo mental colectivo de nuestro duelo es la única manera de lograr muy gradualmente sanar nuestras traumáticas injurias y así, algún día poder “pasar la página” de esta dolorosa historia.

Quien pretenda presumir que no padecemos todos de profunda congoja, está rotundamente equivocado! Aun queriendo, no podemos olvidar los alienantes sentimientos y recuerdos creados por tantos traumas; y aun cuando la intensidad del dolor pueda menguar paulatinamente, únicamente nos queda resignarnos a nuestro destino y promover la reconciliación.

Sea este el momento, en el que nos enfrentamos a la Paz y al Post-Conflicto, cuando debemos procesar nuestro duelo y nuestros traumas del pasado, enfrentando esas penosas realidades mientras convivimos con las nefastas experiencias vividas.

El único camino viable es-reintegrarnos, permitiendo que las múltiples laceraciones que solo puedan cicatrizar con el pasar del tiempo, para con ello procurarnos, sino el olvido, si de la oportunidad de retener nuestras remembranzas, pero pudiendo gozar de un mejor futuro. Es necesario aprender la lección de los errores crasos cometidos, para evitar en lo posible, repetir la re-traumatización y para re-establecer la armonía y el bienestar ciudadano.

Sea igualmente esta oportunidad para facilitar y estimular este nuevo amanecer, capitalizando para ello en la inmensa riqueza humana del pueblo colombiano, haciendo uso de las distintas intervenciones que nos conduzcan a ese fin.

Una vía entre muchas posibles, es el esfuerzo común de dedicar como símbolo, en similar manera que la bandera, el escudo, el himno, o tantos otros distintivos históricos de la patria, construir un homenaje nacional perdurable a todas y cada una de las víctimas de la violencia. Los símbolos nacionales dan fibra y fortaleza a nuestra naturaleza y nos dan los estímulos necesarios para cimentar nuestros pies en nuestro amado terruño. Por todo ello, invito a la ciudadanía a pensar, planear y actuar con incontrovertible ahínco y tesón en dirección a ese propósito.

Con el fin de favorecer la elaboración de nuestro duelo, quiero hacer un invite a la ciudadanía para construir en la Capital un mausoleo, o Monumento Nacional, equivalente al actual Monumento de los Héroes Caídos durante la Guerra de Independencia. Igualmente, de manera proporcional, debemos hacer homenaje regionalmente a la misma causa, en los diferentes departamentos de Colombia. Junto a ese vincular homenaje, a través de creaciones artísticas, literarias, musicales, o semejantes, se debe proclamar esa noble causa, para simbolizar así el “entierro” ceremonial de nuestros millares de fallecidos por la violencia y de nuestros múltiples traumas generados por la misma. De esa forma, podemos ayudar a la cicatrización de las profundas heridas causadas por las batallas fratricidas que hemos padecido.

Es por tanto, muy deseable y necesario que ese magno proyecto cristalice,  pero el ingrediente primordial para ello es que todos participemos juntos, según nuestras limitaciones y capacidades, con determinación.

Debemos poner de presente lo que como seres autónomos pensamos, sentimos, creemos y deseamos, bien sea escribiendo, hablando, compartiendo, o canalizando y sublimando nuestras energías, a través de nuestra creatividad personal o grupal, los deportes, ciertamente con nuestras labores de trabajo y con el ejemplo cívico que nos distinga, al igual que con el buen modelo identificatorio que le brindemos a nuestros hijos y conciudadanos y del afecto, empatía y tolerancia que tengamos unos con otros.