Dilma, el ocaso de la exguerrillera que llegó a presidenta
Economista ortodoxa y de fuerte carácter, llegó al poder con el apoyo de Lula y con una gran popularidad. El enfrentamiento con sus viejos aliados definió su destino.
Con aporte de agencia
Hija de un poeta comunista búlgaro y una maestra brasileña, Dilma Vana Rousseff Linhares (68) fue la "elegida" del expresidente Luiz Inácio “Lula” da Silva para sucederlo y prolongar los gobiernos del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que durante 13 años estuvo al frente de Brasil.
Dilma se crio en el seno de una familia de clase media alta pero estudió en la escuela pública. Cuando cursaba el secundario, ocurrió el Golpe de Estado de 1964. Fue entones que comenzaron sus vínculos con la militancia política en el movimiento de resistencia a la dictadura militar. Dilma integró COLINA, uno de los grupos armados más grandes formados contra el régimen militar. Detenida en 1970,fue torturado y estuvo en la cárcel durante tres años.
Luego de salir de prisión se quedó en Brasil, donde estudió la carrera de Economía. En los últimos años de la dictadura (que terminó en 1985), Dilma inició su actuación política en el Partido Democrático Laborista (PDT), dirigido entonces por Leonel Brizola.
En 2001 rompió con esa agrupación y se sumó al PT. En enero de 2003, asumió como ministra de Energía en el primer Gobierno de Lula. Cuando asumió el poder por primera vez, el 1 de enero de 2011, su condición de economista animó a los mercados, pero, en contra de lo que se esperaba, el Brasil de Rousseff perdió el impulso que había convertido al país en la "niña mimada" del mundo de los negocios.
En su primer mandato, el crecimiento económico cayó al 2,7% en 2011, al 1,0% en 2012 y se recuperó ligeramente, para llegar al 2,5entrar en la recesión más grave de las últimas tres décadas. En su primer período fue dura con la corrupción y castigó toda sospecha, al punto de que en sus primeros doce meses no le tembló el pulso para destituir a siete ministros salpicados por denuncias.
En junio de 2013 la sorprendieron unas de las mayores protestas de la historia del país, cuando millones de personas tomaron las calles para protestar por los pésimos servicios públicos, justo un año antes de que Brasil acogiera el Mundial de fútbol.
Desde entonces, Brasil entró en ebullición y la popularidad de Rousseff comenzó a derrumbarse, aunque logró ser reelegida en 2014 por una diferencia de escasos tres puntos, que ya hablaban de la fractura política de la sociedad.
Fue así que la mujer de pasado revolucionario, con fama de intrépida y curtida en varias batallas, incluyendo la que libró con éxito contra un cáncer linfático en 2009, llegó a un purgatorio en su segundo mandato con más posibilidades de muerte política que de supervivencia milagrosa.
Una de las pasiones de Dilma es andar en bicicleta y no la abandonó en medio de la crisis política que le tocó protagonizar y terminó con ella destituida.
Una de las pasiones de Dilma es andar en bicicleta y no la abandonó en medio de la crisis política que le tocó protagonizar y terminó con ella destituida.
Esa segunda parte nació herida por un agravamiento de la crisis económica y por las corruptelas en la petrolera estatal Petrobras, que enlodaron a casi todos los partidos oficialistas y desbarataron su base política.
América dividida ante la destitución de Dilma
La destitución de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil generó reacciones divididas en el continente americano, con encendidos rechazos de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Cuba, y el reconocimiento de EEUU y Argentina.
El Gobierno de Venezuela resolvió congelar todas las relaciones con Brasil y ordenar el retiro de su embajador, en lo que fue la reacción más dura.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, consideró que el proceso contra Rousseff constituyó “una apología al abuso y la traición”, al tiempo que su Ministerio de Exteriores decidía llamaba a consultas a su principal diplomático en Brasilia, el encargado de negocios.
La Habana, por su parte, evaluó el proceso contra Rousseff como un golpe de Estado ejecutado por el parlamento y la justicia.
Mientras, la administración de Evo Morales en Bolivia manifestó en un comunicado “su profundo rechazo” a lo que consideró un “atentado contra procesos democráticos de nuestra América”; también llamó a consultas a su embajador.
En cambio, Washington hizo saber que respetaba la decisión adoptada por el parlamento brasileño.
“Fue una decisión del pueblo de Brasil, es evidente que la respetamos”, dijo el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby.
La administración de Mauricio Macri en Argentina, país que es un estrecho socio de Brasil en el Mercosur indicó que respeta el proceso institucional.
