“El posconflicto no va a llegar de un día para otro a Colombia”: CERAC
Jorge Restrepo, profesor de la Universidad Javeriana y director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), hizo un balance exclusivo para DIARIO DEL HUILA sobre los ceses del fuego de las FARC. Hoy, cuando se cumplen tres meses de desescalamiento bilateral y recíproco entre las partes, revelarán un informe con los principales indicadores.
El experto afirmó que en algunas zonas del Huila, la guerrilla de las FARC ha establecido alianzas ligadas a grupos de crimen organizado.
¿Cuáles han sido los resultados de los ceses del fuego que ha decretado las FARC durante estos diálogos de paz?
De una manera general, lo que hemos encontrado es que en los cinco ceses del fuego de carácter unilateral de las FARC sí hubo una reducción de la violencia, pero hay que decir que esa reducción de la violencia fue condicionada en el sentido que buscaba y tenía el propósito de que el Gobierno Nacional decretara y accediera a un cese bilateral al fuego que no fuera negociado en la Mesa de Diálogos.
A mí me parece que esa fue una reducción de la violencia que tenía ese condicionamiento que era muy problemático. Por otra parte, como lo demostró el evento en el Cauca (Buenos Aires), eran unos ceses al fuego unilaterales que precisamente por no haber sido acordados, bien diseñados en una Mesa de Negociación, tenían la gran dificultad que generaban unos riesgos enormes que se materializaron en ese ataque de la columna móvil en el Cauca contra las tropas del Ejército y que dio como saldo la muerte de una decena de uniformados.
¿Tanto el Gobierno como las FARC han aprendido de estos periodos?
Yo diría que por fortuna aprendimos de esos dos problemas que tenía ese cese al fuego unilateral de las FARC y digo que aprendimos como sociedad porque se logró en la Mesa de Negociación acordar un proceso de desescalamiento sobre la base de medidas recíprocas. Este acuerdo ha resultado ser mejor en términos de reducción de la violencia que los ceses al fuego unilaterales en el siguiente sentido: en tanto es bilateral, acordado, recíproco, fue negociado en la Mesa de Diálogo, ha conducido a que la Fuerza Pública como las FARC hayan sabido cómo comportarse en ese acuerdo y hayan acordado un objetivo conjunto que es el de reducir la violencia del conflicto y eso se ha logrado.
Lo que estamos viendo en estos casi tres meses de acuerdo bilateral de desescalamiento. La violencia se ha reducido a niveles nunca antes vistos en la historia del conflicto armado en Colombia; pero además, a que sea más difícil de revertir ese proceso de reducción de la violencia. Esa reversión cada vez es menos probable. Hay riesgos, puede ocurrir un encuentro circunstancial, fortuito, en donde se dé una confrontación que revierta el desescalamiento, pero yo creo que eso es cada vez menos probable.
CERAC ha indicado que durante el proceso de paz ha disminuido el número de miembros de la Fuerza Pública que ha caído en combates. ¿Qué tanto ha decrecido esa cifra?
Hay que reconocer que durante la fase pública de negociación aumentó la violencia frente a los años inmediatamente anteriores. Es natural que al comienzo de la negociación la confrontación hubiera aumentado y el número de víctimas civiles, pero también el número de miembros de la Fuerza Pública que fueron afectados por la violencia de las FARC aumentó; ese proceso se logró revertir, primero, durante los ceses al fuego unilaterales y, después, durante el desescalamiento recíproco conduciendo en este momento el número de víctimas de civiles, pero también el número de muertes y personas heridas miembros de la Fuerza Pública y combatientes de las FARC, a los mínimos históricos y ese es un resultado muy positivo de este periodo de desescalamiento recíproco.
¿Cuáles son los otros resultados de este desescalamiento recíproco?
Otro resultado muy positivo es que yo me atrevo a decir que hoy en día las FARC han consolidado su capacidad de mando y control sobre sus tropas. Eso es, a mi juicio, positivo porque es mucho más fácil negociar con una guerrilla que está estructurada y que tiene esa capacidad de comando y control, a una desestructurada y con divisiones internas.
Eso también es un activo para el proceso de posconflicto porque es más fácil desmovilizar, desarmar y reintegrar a una guerrilla con esa capacidad de comando y control que a una guerrilla desestructurada. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que no haya disidencias, ni que no haya riesgos. Los riesgos persisten y las disidencias también persisten.
Usted afirma que lo que hay en este momento es un proceso de transición. ¿En qué consiste?
Yo sostengo que ya hay un proceso de transición en curso. En términos de que esa reducción de la violencia, si bien no ha traído una seguridad completa, sí ha contribuido a que se haya reducido la inseguridad y en el contexto de esa reducción de la inseguridad, ya se han empezado a concretar algunos dividendos que uno puede asociar directamente a esas mejoras en la seguridad, en particular, una apreciación notoria en el valor de algunos activos como la tierra, una reactivación del circuito económico, una extensión y ampliación de la producción.
Es una reversión de la inseguridad que yo calificaría como tentativa, no se ha consolidado porque hasta tanto no se alcance un acuerdo negociado completo con las FARC en el cual esa guerrilla declare un abandono de la violencia de manera definitiva, la percepción de riesgo no va a desaparecer de la mente de los pobladores de las zonas fuertemente afectadas por el conflicto.
¿Cuál es su cálculo de lo que pasará en Colombia después de marzo, cuando se firme el acuerdo de paz con las FARC?
El posconflicto no va a llegar de un día a otro en Colombia. Lo que nosotros vamos a vivir en los próximos años, tengamos o no un acuerdo exitoso negociado con las FARC, será un proceso de transición relativamente desordenado, heterogéneo hacia una situación en que el conflicto sea algo del pasado.
El posconflicto no será como un primero de enero en el cual tenemos un año nuevo. Nosotros no vamos a tener una nueva sociedad colombiana en paz un primero de enero después del acuerdo. Lo que vamos a tener es un proceso relativamente prolongado de transición en el que algunas formas de violencia asociadas al conflicto van a desaparecer más rápido que otras, pero además vamos a vivir un proceso de transformación de la violencia.
¿Como cuáles?
Le doy ejemplos. La violencia de contaminación por armas, por municiones y explosivos va a demorarse muchos años en desaparecer y seguirá estando con nosotros y va a seguir causando víctimas, no solo de minas antipersonales sino también de granadas abandonadas, entre otros casos que se pueden dar. Este tipo de eventos van a seguir sucediendo por años y requerirán una tarea de descontaminación y educación en el riesgo de armas muy grande.
Igual sucederá con el desplazamiento forzado, que lamentablemente va a seguir estando con nosotros durante mucho tiempo. Las disputas por la tierra probablemente aumenten y muchas de las formas de violencia del posconflicto, o lo que yo llamo transición, van a estar relacionadas con disputas, es decir, van a surgir nuevas conflictividades algunas de las cuales serán violentas, pero no vamos a alcanzar la paz de un día para otro.
¿Pero es optimista en que se dará fin al conflicto armado en el país?
Es muy difícil saberlo pero este es un acuerdo en firme que han ratificado tanto el presidente de la República, Juan Manuel Santos; el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle; como Timochenko, líder máximo de las FARC; y a mí me parece que esta ratificación que ha estado respaldada por un proceso bastante consolidado de reducción de las acciones violentas y ofensivas de lado y lado.
Yo veo bastante probable que logremos, como nación, de aquí a unos cinco meses, terminar con el conflicto armado interno. No lo digo en términos de optimismo, a lo que me refiero es que veo bastante improbable que volvamos a caer en un ciclo de reescalamiento de la violencia. Hay muchos indicadores, usted puede mirar los secuestros, acciones en contra de poblaciones, pero incluso acciones típicas de la guerra de guerrillas, todo eso se ha reducido.
¿Todos los indicadores han bajado? Porque en las regiones se ha disparado la extorsión.
Hay que tener en cuenta que sí ha aumentado la dinámica de la extorsión de manera muy importante y esa es una fuente tremenda de inseguridad sobre todo en las regiones. El problema es que no sabemos hasta qué punto ese aumento tan dinámico de la extorsión, de la vacuna, el boleteo, esté relacionado con las FARC, muy probablemente lo está y es uno de los riesgos que tiene el proceso de negociación: que en algunas regiones del país, incluyendo el Huila, ya se ha empezado a dar una transición en la que algunos miembros de las FARC han establecido alianzas muy ligadas a la criminalidad organizada con grupos de crimen organizado. Eso no es exclusivo del Huila ya que ha ocurrido en otras regiones del país (Putumayo, Catatumbo, Vichada, Arauca y Nariño).
Es solo evidencia anecdótica, no hay evidencia que sirva para afirmar que esto está ocurriendo de manera contundente, pero esa transición supone una criminalización de algunos grupos de las FARC que ya está sucediendo.
